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Análisis Comunicacional El Signo Profesor Marcelo A. Fuentes
El estudio del lenguaje realizado a principios de siglo por Saussure (1857-1913) semiólogo suizo precursor del estructuralismo, a través de los signos y los significados, fue una ruptura epistemológica. Hasta entonces el lenguaje era considerado desde el punto de vista de la nomenclatura, es decir del significado ya dado: "primero tenemos una idea y después le ponemos un nombre", independientemente de quién, lo produzca, en qué situación, etc. Esta concepción supone que las ideas preexisten a las palabras y que el vínculo entre un nombre y la "cosa" nombrada es una operación simple y unívoca. Saussure efectúa una renovación total al planteo tradicionalista al afirmar "una idea se fija en un sonido y un sonido pasa a ser el sonido de una idea", por lo tanto, el sonido -la palabra- y la idea o concepto de la palabra se construyen juntas en el momento que se aprende el lenguaje. Ni hay una relación causal, ni de orden lógico o natural que incida en la determinación de que uno u otro sonido sean la representación de una idea. El signo lingüístico para Saussure, es un concepto y una imagen acústica. Estos dos elementos se necesitan recíprocamente para conformar el signo lingüístico.
Se entiende por imagen acústica, no el sonido material ni la palabra escrita sino la huella psíquica. El carácter psíquico de esas imágenes acústicas es lo que se evoca en nuestras mentes aún sin mover los labios. El concepto, es la idea evocada a través de esta huella psíquica. La combinación entre significante y significado dan por resultado, en conjunto, el signo. El vínculo que los une es arbitrario, es una convención social. En el lenguaje existen palabras que no se refieren a nada concreto, tales como "y", "pero", etc. Además existen palabras cargadas de significado que se refieren a objetos "míticos", que no existen realmente, tales como "unicornio".
Los significados se crean dentro del lenguaje y no por alusión a los objetos del mundo real a los que nos referimos por medio de ellos. No sólo los sonidos (el habla) o los signos sobre el papel (escritura) son capaces de crear significados sino cualquier objeto que podamos distinguir sistemáticamente puede ser utilizado para crearlos. Un ejemplo: El semáforo. Utilizamos el contraste entre el verde y el rojo para indicar "adelante" o "detenerse". Es la diferencia la que crea el significado y no los colores en sí mismos. El color rojo podría indicar, "adelante" y el verde, "detenerse". El sentido es la interpretación que las personas les dan a los mensajes, teniendo en cuenta los valores, la ideología, la historia, los conocimientos previos que poseen, etc. La interpretación se realiza cuando el individuo se inserta en la sociedad y accede a entender una clave ubicada en la lógica de algún lenguaje. Esa clave es lo que se denomina código social. Los códigos sociales La comunicación social tiene por objeto significar la relación entre los hombres en el contexto de un grupo o colectividad definida. Todo sistema de comunicación contiene códigos que determinan la relación de los signos con los sujetos. Los códigos brindan una clave de interpretación que, por un lado, permiten la comunicación. Pero, por otro lado, también los códigos conforman un sistema que "controla" el funcionamiento del lenguaje que estemos utilizando. La diferencia entre comunicación y comunicación social radica en que al agregar la dimensión social se hace hincapié en la reciprocidad entre el emisor y el receptor. Es decir, interactúan, desarrollan una función activa. A diferencia del arte y los medios masivos de comunicación, donde la recepción no necesariamente es activa, cada interlocutor representa un rol y un poder dinámico con relación a su grupo y sociedad. Y ese papel se pone de manifiesto cada vez indicando en cualquier caso, pertenencia a determinada categoría social. Los ritos, ceremonias, fiestas escolares, fiestas, juegos, comidas, son modos de comunicación que define al individuo en función al nivel de pertenencia que mantenga con determinado grupo o cultura. Los signos y los códigos insertos en la vida social, proponen un juego donde cada individuo interpreta un rol, su ubicación en función del grupo de jerarquía y la organización política, económica, institucional. A través de esta definición, se pone de manifiesto su identidad y su nivel de pertenencia al mismo. La dinámica de identificación que se lleva a cabo al poner en circulación los signos y códigos sociales, termina definiendo o redefiniendo la naturaleza de la pertenencia. En este sentido, es preciso distinguir la dimensión social del lenguaje -la lengua- de la dimensión individual -el habla-. Lo social y lo individual en el lenguaje Lo social y lo individual son dos rasgos característicos del lenguaje que Ferdinand de Saussure, pionero en el estudio del lenguaje, ha desarrollado bajo el nombre de LENGUA Y HABLA. Al separar el lenguaje en LENGUA Y HABLA, diferencia claramente dos aspectos que componen a todos los lenguajes. La LENGUA es la parte sistemática, construida socialmente por una misma comunidad. Es la parte del lenguaje que se maneja por reglas específicas, construidas y consolidadas a través del tiempo. Son las leyes, lo permanente del lenguaje, por ejemplo, las definiciones de diccionario, la gramática, la sintaxis. En cambio, el habla es la expresión individual y particular. El habla hace que se materialice el lenguaje, que viva, que tenga sentido. Hacemos uso del habla cada vez que nos comunicamos, pero se necesita de la lengua para hacerla comprensible. A la vez, la lengua necesita del habla, para que se establezca, para que exista. Una palabra, una expresión, como también un idioma que no se habla, desaparece. Por ejemplo, al latín comúnmente se la denomina lengua muerta porque se bien tiene una gramática y leyes al no materializarse en el habla, no existe más como idioma. Las expresiones que se utilizan, como en las misas, son fórmulas fijas. Es en espacio del habla donde se producen los modismos y variaciones del lenguaje. El idioma español, como lenguaje tiene sus reglas -la lengua- y también contiene las expresiones particulares del habla. Cuando escuchamos hablar a alguien podemos aventurar, según los modismos o tonos del lenguaje que observemos, podemos decir qué edad tiene, de qué lugar es oriundo, de qué trabaja o a qué se dedica. Sin embargo, como el lenguaje es un sistema vivo que se construye y confirma cada vez que cualquier individuo lo utiliza, en cada manifestación se ponen en juego sus reglas. Y muchas veces, ese mismo lenguaje compartido demuestra su dinámica imprecisa y ambigua, cargada de malos entendidos, dobles intenciones, indirectas, sobreentendidos.
Lenguaje y códigos sociales en la juventud Las personas suelen compartir con los otros integrantes de los grupos en los que participan, un mismo mundo de creencias, gustos, lenguaje, deseos, sentimientos, etc. que constituyen códigos compartidos que los identifican. Veremos ejemplos de discursos que adquieren sentido según las características sociales de quienes las comparten y que pueden permitirnos interpretar actividades grupales. Como ejemplo, tomaremos para analizar la actividad nocturna de jóvenes y cómo desarrollan un conjunto de códigos terminan definiendo diferentes clases sociales. Para una gran parte de los jóvenes ir a bailar un sábado a la noche es el programa más usual. Pero no todos concurren a los mismos lugares ni entienden la diversión nocturna de la misma forma. Las distintas alternativas sugieren prácticas específicas e incluyen a quienes las desarrollan en "mundos nocturnos" diferentes y, de cierta manera, opuestos. No es lo mismo ir por la noche a una bailanta, una discoteca, un recital, un pub o andar dando vueltas por las calles. En estos lugares, los adolescentes y los jóvenes van desarrollando identidades que, aunque fluctuantes y de duración irregulares, les permiten ubicarse en un determinado lugar del espacio social. Y cada lugar tiene significados diferentes. Ser catalogado como "bailantero" puede resultar despectivo e, incluso expresar un insulto. La bailanta es un fenómeno social que excede lo que sucede en los locales que llevan ese nombre y se vincula con otras prácticas sociales. Los objetos y las prácticas vinculados a la bailanta que cumplen la función de reproducir valores y usos sociales; sirven también para distinguir, clasificar y a la vez calificar -tanto positivamente como negativamente- a quienes no comparten los mismos usos. Funcionan como emblemas -frente a los iguales- o estigmas -frente a los "otros"-, como etiquetas y como distintivos que dan sentido a las acciones y a las elecciones. La mayoría de las bailantas pintan sus fachadas con colores fluorescentes con los nombres de los conjuntos y los solistas que actuarán los próximos días. En el acceso a los locales hay siempre dos o más encargados de seguridad: los "ursos", "gorilas" o "patovicas", quienes se encargarán de palpar de armas a todos los que ingresarán a la bailanta. También es común, en el interior, la presencia de policías de uniforme, que circulan alrededor de la pista. En la entrada de los locales se forman largas colas donde se establecen los primeros encuentros cara a cara. La mayoría de estos contactos se entablan entre mujeres que llegan temprano, en pequeños grupos, movilizadas por los precios promocionales de las entradas para quienes llegan en determinado horario. Esta estrategia comercial tiene como objetivo atraer el público masculino, ya que los hombres tienden a ingresar al local si hay una cantidad considerable de mujeres. Junto con las mujeres ingresan grupos familiares. En la bailanta, la diversión no es asociada únicamente a lo juvenil. Además, esta familiaridad permite que algunos adultos se conviertan en "adiestradores" de los jóvenes, trasmitiéndoles los secretos de la noche. El ritual de acceso a la bailanta, comienza con la llegada de hombres solos, o barras de amigos, quienes permanecen largo rato en las inmediaciones de la puerta, observando y catalogando el "clima" del local. La espera sirve además para intercambiar miradas con alguna de las mujeres que hacen cola en la entrada. Mientras que la barra es un espacio que los hombres ocupan y controlan, la zona de baños es más frecuentada por las mujeres. El "boliche" El "boliche" porteño invita a los jóvenes al goce y les ofrece una novedad constante. Se impone como una opción permanentemente nueva y se reproduce gracias a un proceso de transformación que oscila entre la renovación y la reiteración. La novedad perpetua de la disco le permite sostener a lo largo del tiempo su pretensión de exclusividad, un significado aparentemente sin historia, totalmente nuevo. La discoteca exclusiva, un objeto sagrado en Buenos Aires de los años noventa, es sólo una mercancía producida por una actividad empresarial guiada por el principio de maximización de la ganancia: su elemento fundamental es el departamento de Relaciones Públicas, desde donde se manipulan los signos que constituirán el poder de atracción. Pero, nunca podría cumplir sus objetivos, en su producción, si no se le adhiriera un sentido. El departamento de Relaciones Públicas resulta ser el órgano especializado en proporcionar ese "algo más". Al mismo tiempo, la demanda del joven que reivindica su consumo como la forma de expresar su autonomía, su libertad de elección. Sin embargo, los jóvenes porteños que ven ampliadas sus alternativas no son consumidores con libertad, sino un sujeto cuyas elecciones se acotan al plano del prestigio y la distinción. El discoteca se mantiene siempre dentro de este circuito de lo excluyente, que se le impone como el único posible. Adaptación de "La cultura de la noche" de Mario Margulis.
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