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Historia del Palacio Sarmiento

 

MINISTERIO DE EDUCACION - http://www.me.gov.ar/

REPUBLICA ARGENTINA

Buenos Aires, Lunes 31 de Julio de 2000

 

            Petronila Rodríguez nació en 1815 y murió a los 67 años, sin ver realizado su sueño: construir un palacio para fundar una escuela. Un anhelo de mujer que maduró a la sombra de la utopía de una Argentina próspera. Poco tiempo después, el 25 de febrero de 1882, el escribano Juan Bautista Cruz abrió el testamento donde la dama porteña ordenaba la construcción de un templo -la Iglesia del Carmen- un colegio de la Orden de Siervas de Jesús Sacramentado y un asilo, anexos a la Iglesia, y una escuela para setecientas señoritas que debía llevar su nombre.

            Cuatro años más tarde, en 1886, un arquitecto argentino, Carlos A. Altgelt y su hermano Hans concretaron el deseo póstumo de Petronila, y deslumbraron a la sociedad porteña de fines de siglo, cuando cobijó la primera escuela graduada del país, con capacidad para setecientas niñas.

            La familia Rodríguez poseía cuatro manzanas situadas entre las actuales calles Córdoba, Callao, Montevideo y Marcelo T. de Alvear. Juan Antonio Rodríguez -padre de Petronila- fue un español inmigrante que peleó en las invasiones inglesas y concurrió al Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810.

            Los comentarios incluidos en el Censo Municipal de Buenos Aires de 1887, durante la intendencia de don Antonio Crespo, dejan una impresión de la importancia que la obra tuvo en aquellos tiempos y describen detalles de la construcción que "levantada con los fondos del más valioso legado hecho hasta ahora en la Capital por la señora cuyo nombre lleva -Petronila Rodríguez- es, además de un edificio escolar, uno de los más grandes monumentos arquitectónicos. El cuerpo central del edificio, de tres pisos, está destinado al museo y a la biblioteca escolar y su ala izquierda da a la escuela que, por voluntad de la testadora, deberá llevar su nombre".

            El sector escolar se distribuía entre diez salones para clases de enseñanza general, dos de dibujo y de labores, otros dos en forma de anfiteatro, destinados para física, química, historia natural y música, con anexos para bibliotecas especiales aisladas por guardarropas de los ruidos que provenían del exterior.

            El palacio, de empinadas mansardas, ubicado sobre la plaza de los maestros para ser visto frontalmente fue decorado con ménsulas antropomorfas y figuras alegóricas que destacan sus aires decididamente germánicos. Uno de sus constructores, Carlos Altgelt, había completado sus estudios en la Real Academia de Arquitectos de Berlín, donde se graduó y especializó en la construcción de edificios escolares.

            El informe se refiere, entre otros detalles, a las alegorías sobre el Río de la Plata y la Cordillera de los Andes que se destacan sobre los balcones del primer piso alto, con tridentes y una diadema de cristal, construidos en Europa. Asimismo, "en las ventanas acopladas al transpiso aparecen dos hermosas mujeres, una sostiene una antorcha y un libro -que representa la Ciencia y el Arte- y la otra, coronada de laureles, es el símbolo de la Fuerza de la Paz".

            Tras la finalización y habilitación de la obra, no llegaron a escucharse las risas de las niñas, ni las voces de los maestros, ni el murmullo en la biblioteca. El edificio fue ocupado como sede provisoria por los Tribunales de la Capital hasta finalizar la construcción del Palacio de Justicia, frente a la plaza Lavalle. La escuela de Petronila fue trasladada a una casona situada frente a la plaza del Carmen, donde hoy funciona una estación de servicio (Arturo Capdevila y Paraguay). De allí pasó a funcionar en otro local, en Junín y Vicente López.

            La escuela volvió a su lugar de origen por un breve lapso, desde 1894 hasta 1903, cuando un nuevo dueño se instaló en el vetusto palacio: el Consejo Nacional de Educación. Con motivo de cumplirse el 60¡ aniversario de la muerte de Sarmiento la profesora Clotilde Sabattini, directora de la institución, dispuso dar el nombre del Maestro de América a la sede central del organismo que funcionaba en el lugar. La resolución que firmó el entonces ministro de Educación, Luis Rafael Mc Kay, omite el nombre de "palacio'', pero así le quedó el mote, palacio Sarmiento, al germánico edificio.

            El Consejo Nacional de Educación -organismo que presidió Sarmiento por primera vez, después de la sanción de la Ley 1420 en 1884- funcionó allí hasta noviembre de 1978, fecha en que se disolvió porque ya no tenía escuelas primarias nacionales a su cargo, las que habían sido transferidas a las provincias.

            En 1932, una escuela situada en la calle California, del barrio de Barracas, recibió el nombre de Petronila Rodríguez como homenaje a la mujer que entendió a la Educación como el fundamento de la realización de cada ciudadano y de toda la comunidad.

            En 1978, por resolución ministerial Nº 1767, se dispuso el traslado del Ministerio de Educación al edificio ubicado en la calle Pizzurno. Por primera vez, un gran sector de oficinas del organismo, tras haber deambulado por distintos edificios públicos -los más inmediatos, Córdoba 831 y Madero 235- tuvo su espacio propio.

            Funcionó, además, bajo distintos nombres, como de Justicia e Instrucción Pública o Educación y Justicia y, en los últimos años, como Cultura y Educación. El 10 de diciembre de 1999, al asumir la titularidad de la cartera el ministro Juan José Llach, se lo denominó Ministerio de Educación.

            Dentro de un plan de reestructuración, se compraron propiedades aledañas y se acompañó la medida con un programa de restauración y ampliación para dar ubicación a las distintas secretarías, subsecretarías y otras dependencias.

            El trabajo quedó a cargo del arquitecto Félix Ruiz Martínez, y de su estudio surge un anteproyecto que contempla la totalidad del edificio y sus anexos, más el subsuelo y el Jardín de los Maestros de la calle Pizzurno. Esta calleja de sólo cien metros -cuya numeración va del 900 al 1000- recuerda el nombre de los tres hermanos maestros: Pablo Antonio, Juan Tomás y Carlos Higinio. El primero de ellos inició en la lectura a generaciones de argentinos con su libro "Pininos".

            El anteproyecto se aprobó con la consideración adicional de que el asentamiento del Ministerio permitió rescatar una obra arquitectónica del siglo XIX, que integra el patrimonio cultural argentino y un espacio dedicado a la educación por más de cien años.

            En 1980, el entonces titular de la cartera educativa, Juan Rafael Llerena, inauguró la nueva sede.

            El sueño de Petronila se cumplió al fin. Ella construyó un palacio para fundar una escuela y en él anidó a la Educación. El Palacio Sarmiento luce aún majestuoso, frente a la plaza de los maestros y a la cortada Pizzurno, sobre la tierra que alguna vez caminó una argentina de grandes sueños y corazón enorme.

 

 
 

 

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webmaster: Marcelo Adrián Fuentes