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Filosofía, ideología y política. La cuestión educativa
Por el Prof. Jorge Eduardo Noro (San Nicolás. Argentina)
Nos proponemos conducir el
desarrollo hacia un punto de encuentro entre los discursos propios de una
filosofía renovada, los planteos ideológicos de una sociedad fragmentada y las
decisiones políticas de una realidad que vive de las determinaciones y de la
acción, abordando la cuestión educativa.
Aunque partiremos de un marco teórico que permita aclarar los referentes con
los que deberíamos proceder y manejarnos, el intento no es detenernos en un
académico desarrollo del mismo, sino precisar los instrumentos conceptuales
para poder arribar a la problemática educativa que (suponemos) requiere
nuevos aires y nuevos acuerdos para su verdadera transformación. 01.
FILOSOFIA: SU FUNCION EN NUESTRO TIEMPO
En un pasado reciente pudimos
establecer algunas pautas con respecto al presente y al futuro de la filosofía.
Queremos recordar algunas ideas que en diversas ámbitos y oportunidades generó
el debate necesario. Decíamos
entonces y sostenemos hoy: a.
En primer lugar, el respeto y el cuidado por los instrumentos del
pensamiento y del filosofar, a los que necesariamente se accede con un esfuerzo
paciente y prolongado. b.
En segundo término, la apertura -- el oído atento -- a las demandas de
la realidad, las melodías de la vida y las exigencias de la praxis,
dejando que se entrometan, con cierta impertinencia, en nuestras clases, en
nuestras exposiciones, en nuestros exámenes, en nuestras reflexiones y en el
desarrollo sistemático de las ideas. c.
También una filosofía siempre menesterosa de volverse sobre el mundo no
sólo para contemplarlo o para ensamblar críticamente lo que se ha dicho, sino
para operar creativamente sobre él, arriesgando las verdades absolutas,
poniendo a prueba los instrumentos y sabiendo que -- frecuentemente -- habrá
que regresar para esterilizarlos y evitar eventuales contagios o infecciones. d.
Además, una filosofía necesitada de pronunciar su palabra, emitir mensajes,
construir códigos y signos para ayudarnos a comprender el mundo de hoy, con
algunas estrategias de supervivencias para poder subsistir en él, en temas
tales como la verdad, el bien, el obrar, la responsabilidad personal y
solidaria, etc. e.
Una filosofía protagonista y arriesgada en el mundo que nos rodea, con
capacidad y posibilidad de equivocarse, sin avergonzarse y claudicar; de
acertar, sin volverse dogmática. f.
Finalmente, una filosofía que imagine y construya desde el mundo presente, el
mundo futuro: que hable proféticamente para un presente embarazado de futuros.
Una filosofía en tensión dialéctica: históricamente fiel a un pasado común
y prospectivamente abierta a un modelo que anticipa el porvenir
Hablamos
de una filosofía que se construye en los centros del poder hegemónico... pero
sobre todo una filosofía sostenida por las prácticas de los filósofos que
comparten nuestro tiempo y las desventuras de nuestro espacio, de los profesores
de filosofía, de los grupos de reflexión, de los estudiantes que
transitan diversos niveles de aprendizaje y que van accediendo al uso del tesoro
que, además de cuidar celosamente, deberán disfrutar y multiplicar. (...)
En la obsesiva hermenéutica
del presente, la FILOSOFIA con su FUNCION PROFETICA entreve los gérmenes
del futuro, se anima a anticiparlo. No lo hace como un vaticinio de lo que
irremediablemente deberá suceder, no hace premoniciones, ni construye mundos
imaginarios. Marca los constituyentes del presente que pueden alumbrar el mundo
nuevo, se pone en marcha, ayuda a construirlo, acerca los hilos para tejer la
urdimbre de una trama innovadora. El profeta no es un visionario de ojos
entrecerrados: por el contrario, abre sus ojos, mira la realidad y en ella
descubre lo que es y lo que puede ser. Así, por ejemplo, hablamos de un mundo que mantiene vigentes las radicales oposiciones en el juego de las ideas y que posterga las soluciones que demandan las sociedades; un mundo que por momento contempla el despertar de antinomias que parecían sepultadas por el progreso pero que renace en las nuevas luchas por pasiones e ideas -- étnicas, religiosas, territoriales, culturales -- en violencia destructiva e irracional; un mundo que multiplica a los arrabales y las villas miserias de la aldea global.
En este mundo, nuestro y próximo,
se impone una práctica de debates racionales y superadores, presencia de la
palabra y de la escucha, del avance común del saber y el conocer, del
descubrimiento del otro y de los otros, de la configuración de una nueva edad
en la que todos puedan emitir sus ideas y opiniones no solo en la certeza -- ya
consagrado por las democracias y los derechos constitucionales -- de ser
respetados, sino de ser tenidos en cuenta a la hora decidir: nueva edad en la
que se desarrollen la capacidad de prestar oído y aceptación a las verdades
que provienen de los otros; nueva edad en la que los procesos
civilizatorios se midan en términos de bienestar integral para todos los seres
humanos.”
La función de la filosofía en
el nuevo contexto pretende legitimar y justificar su presencia en el
discurso y en las acciones educativas. No se trata ya solamente de una
filosofía que debe asumir una tarea universal en sus manifestaciones y en su
fundamentación, sino que se hace cargo de los debates educativos, de las
decisiones políticas y de las proyecciones pedagógicas de las decisiones
fundamentales.
Esta filosofía que asume las
demandas del presente educativo y que contribuye a iluminar el futuro necesario
deberá mantenerse dentro de su ámbito, dialogar con los planteos ideológicos
y las decisiones políticas, pero deberá mantener la capacidad de
construir y divulgar un discurso integral y fundante que permita rescatar,
conservar o reforzar las ideas troncales de la educación necesaria para
“crecer en el términos de humanidad”.
Nos
proponemos mostrar y demostrar que en este ámbito deberían producirse todos
los acuerdos y encontrar el camino consolidado para los consensos fundamentales
y las necesarias y sucesivas concertaciones. 02. IDEOLOGIA:
EL DEBATE DE NUESTROS DÍAS
El tema y el problema de la
ideología ha sido reiteradamente abordado por diversos autores. Sin embargo
algunos planteos asociados a los caracteres de la postmodernidad han intentado
neutralizar su presencia y sus efectos bajo el vulgarizado concepto de muertes
de las ideologías interpretando que “las ideologías son apasionadas retóricas,
impulsadas por un credo pseudorreligioso e ignorante que el sobrio y racional
mundo del neoliberalismo y capitalismo moderno y tecnocrático ha superado
felizmente sumergiendo la realidad en el más crudo pragmatismo”(EAGLETON: 23)
A pesar de todo, el debate en
torno a la ideología y a las ideologías ha suscitado un cúmulo de
producciones y contribuciones. Entre las más actualizadas consideramos que
pueden tomarse como referentes los libros de TERRY EAGLETON (1995, primera edición
inglesa y 1997, en su versión castellana)
Aquí, el carácter
instrumental del término no nos permitirá un análisis académico exhaustivo,
sino el trazado de algunas líneas que permitan proyectar la reflexión y el análisis
crítico sobre la cuestión educativa. El
complejo universo de las ideologías admite los siguientes conceptos
aproximativos: (EAGLETON: 52) (1)
La ideología es el proceso material general de producción de ideas: creencias
y valores en la vida social. Esta definición política y epistemológicamente
neutra, denota todo el complejo de prácticas de significación y procesos simbólicos
propios de una sociedad determinada (2) (3) (4)
La ideología promueve y legitima los intereses sectoriales, pero sólo del
poder social dominante. Las denominadas “ideologías dominantes” contribuyen
a unificar una formación social de manera que convenga a sus gobernantes. (5) (6)
La ideología es un conjunto de creencias falsas y engañosas derivadas no
simplemente de los intereses de una clase dominante sino de la estructura
material del conjunto de la sociedad. El concepto mantiene su carga peyorativa
pero se lo universaliza como connatural a la condición humana misma, incapaz de
ver e interpretar adecuadamente la realidad misma.
En la ideología predominan dos
caracteres: su contenido no es necesariamente racional y está constituido por
un conjunto particularmente rígido de ideas. Esto no implica que sea totalmente
irracional o que no admita componentes o respuestas racionales, por una parte, y
tampoco significa que todo conjunto rígido (dogmático) de ideas deba ser
considerado una ideología.
Lo cierto es que se trata de un
cuerpo doctrinal que identifica a un grupo social y que le sirve de instrumento
para organizar la sociedad o para planificar su abordaje del poder. Este cuerpo
de ideas tiene un dinamismo propio, genera sus propias estructuras y discursos
legitimadores y produce sus anticuerpos o mecanismos de defensa, por los que difícilmente
un discurso ideológico cerrado admita críticas, sugerencias o correcciones.
Por eso es natural que en el ejercicio de la hegemonía ideológica, el poder
dominante: (1) se legitima a sí mismo promocionando creencias y valores afines
a él; (2) naturaliza y universaliza tales creencias para hacerlas más
evidentes y aparentemente inevitables; (3) denigra las ideas que puedan
desafiarlo o cuestionarlo; (4) excluye – por lógica sistemática -- las
formas contrarias de pensamiento; (5) oscurece la realidad social según
su conveniencia para poder administrar sus visiones e interpretaciones.
(EAGLETON: 23)
En el concepto mismo de ideología
– y en la tradición histórica y actual interpretativa de la misma –
confluyen dos criterios interpretativos: uno es el epistemológico y otro es el
político. Según el primero, la ideología – cualquiera sea su procedencia o
constitución social – opera como un filtro distorsionador (una falsa
conciencia o imagen invertida) frente a la realidad; según la segunda se trata
de una estrategia explícita y sistemática del poder dominante.
Si bien hay una serie de
connotaciones negativas de la ideología (legitimar el poder vigente, justificar
la desigualdad, ocultar o confundir la verdad), socialmente aporta también
aspectos positivos: habilitan a los grupos dominados, desclasados o minoritarios
a crear solidaridad, compartir un cuerpo de ideas, organizar la lucha, sostener
la oposición, contribuyendo a proteger los intereses y los recursos de la
existencia. La ideología no solo contribuye a sostener al fuerte, sino que
contribuye a generar en el débil la posibilidad de crear, sentirse respaldado y
adherir a un discurso alternativo, proponiéndolo – aunque sea utópico –
como estructura de sociedad y como poder.
El desarrollo de la cuestión de la ideología admite un prolongado análisis,
pero el planteo de fondo, en esta exposición, es determinar el papel que la
ideología juega en la configuración de los fundamentos educativos, en la
elaboración de los proyectos, en la planificación general de la enseñanza, en
la formulación de las leyes y en el gobierno mismo de la educación. Nuestra
tarea consiste también en marcar la co-relación de la ideología con la
filosofía y con la política. La libertad especulativa y la inclaudicable búsqueda
de la verdad y la obsesión por la totalidad propias de la filosofía parece
contrastar con la conocida cristalización de las ideas características de la
ideología. Sin embargo la filosofía sigue siendo la fuente de la que brotan
las ideas para convertirse en el instrumento de pertenencia, de defensa, de
interpretación o de combate. La política, por su parte, demandada por la praxis de lo real debe construir los mundos posibles, con los recursos disponibles, atendiendo a la respuesta más prudente y criteriosa que un actor social puede aportar en circunstancias históricas determinadas. 03.
POLITICA: LA OBSESION POR LA PRAXIS
También la caracterización de
la POLITICA pretende circunscribirse a las necesidades instrumentales de esta
presentación. El término en sí mismo reconoce muchas interpretaciones que
exceden las posibilidades del presente desarrollo, aunque despierta un natural
interés. Así, por ejemplo, se podría hablar de: ·
La política relacionada con la lucha por adquirir y conservar el
poder · La
política como ejercicio del poder en el marco del Estado. · La
política (como conjunto de acciones) vinculada con lo político(plexo de
relaciones) y los políticos(conjunto de sujetos humanos) · La
política como reflexión teórico-especulativa y la política como proceso de
determinaciones operativas.
Al observar las actuales prácticas
política (caracterizadas por un pragmatismo que ha potenciado al extremo las
ideas originales de la política de la modernidad) naturalmente reconocemos las
principales notas que contribuyen a definir su ejercicio. En ella hay un
predominio de la razón instrumental y del ser de la política como muestra
del mero hacer. En este contexto la POLÍTICA es la práctica de una actividad
específica (con acciones y metodologías propias) encargada socialmente (1) de
establecer o cuestionar de manera unilateral y no necesariamente justa;(2)
objetivos a corto plazo correlacionados con necesidades prorrogables e intereses
parciales de dominación; (3) optando por realizar y aceptar o rechazar que se
haga en la sociedad con el necesario consentimiento (o resistencia) y(4)
aceptando que esos objetivos no guardan relación con otros de mayor
alcance y atienden solamente a la conservación del orden que en general es el
dominante.
Pero si hacemos lugar a una
reflexión crítica que construya un concepto de política que involucre las prácticas
reales y las prácticas necesarias podemos proponer con un predominio de la
racionalidad política y la puntualización del deber ser de la misma,
entonces la política como práctica debería ser una actividad específica
encargada de (1) establecer o de cuestionar de forma razonable y justa (2) y de
realizar, aceptar o rechazar en sociedad, con libre consentimiento aunque con
posibles resistencias, (3)objetivos de amplio alcance, ya sean macrofines o
fines últimos racionales o emancipatorios, (4)relacionados con
necesidades improrrogables e intereses justos, (5) vinculados con
objetivos inmediatos adecuados a los objetivos de amplia alcance. Pero
además de los discursos aproximativos, críticos o descriptivos acerca de la
política es oportuno distinguir la ciencia política, la filosofía política y
la práctica política:
La Ciencia política
La Filosofía política
La Práctica política
Aunque el discurso acerca de la
política (más en estos tiempos pre-electorales) podría ingresar por un amplio
territorio y por insospechados laberintos, pretendemos circunscribirnos a la línea
de desarrollo que establece las conexiones entre los abordajes teóricos y prácticos
propuestos. Co-relacionar política y filosofía es una manera directa de
establecer diferencias y complementariedades en el contexto de una realidad que
desborda en demandas y exigencias.
Un autor -
filosofía -
política
Mientras la filosofía
despliega su pensamiento en el espacio sin resistencias de la totalidad de lo
que “es” y en la forma de la universalidad (utopías)... ...la
voluntad política actúa en el ámbito concreto de las resistencias
reales de las situaciones conflictivas y del entrechocarse de proyectos
contradictorios.
Si el devenir de lo sustancial
y de lo esencial de la cultura propios de la filosofía se encuentran afectados
y alterados por las decisiones del político... ...la
factividad y la indeterminación de toda situación histórica (futuro de
la humanidad o de una comunidad) reclaman la visión, el criterio y la
normatividad propios de la reflexión del filósofo.
La filosofía acentúa la
importancia y valor de la palabra, convirtiendo la esencialidad en fuerza
pura convocante y su función es ponerse al servicio de un auténtico espíritu
capaz de torcer el curso enceguecido de las fuerzas desatadas
La política refuerza la
importancia y valor de la fuerza transformadora, a través del asentimiento
racional y libre de los ciudadanos.
Una visión filosófica que
ofrece un cuadro completo de lo que ya es plenamente y que además se expone
mediante un diagrama especulativo y práctico, atrae y fascina por la confianza
y la certeza que despierta.
Una política debe construirse
en un diálogo permanente entre las ideas y la realidad, entre los proyectos y
las demandas, entre los discursos y los recursos, entre las formulaciones teóricas
y las exigencias concretas de las personas, entre el todo social y los
individuos que lo integran.
El punto de partida del
pensamiento filosófico se halla en la situación espiritual de la época:
doctrinas, tradiciones, enfoques, respuestas, interrogantes. La respuesta del
filósofo debe abrirse una brecha cierta en una pluralidad de sentidos que lo
cuestionan. La
filosofía, en suma, es una época puesta en ideas. En
el filósofo prima el valor del pensamiento mismo.
El punto de partida del político
está determinado por una situación hecha de tensiones y conflictos de
intereses; de movilidad, desplazamientos y mutaciones constantes de fuerzas y de
diversidad de opiniones en cambio constante. Para el político el horizonte de
decisión es una pluralidad de opciones.
En el político prima el valor
de la prudencia, entendida como una invención y una determinación justa en el
tiempo oportuno.
Los pensamientos de un filósofo
se centran en una intuición madre, originaria y arquitectónica, que determina
su filosofía. Por es, una de las maneras de comprender a un filósofo consiste
en acercarse a esa intuición central y contemplar desde allí no sólo
las ideas devenidas, sino el constante devenir del pensamiento.
Los actos políticos de un gran
estadista dependen de una interpretación y decisión fundamental que jerarquiza
sus actos anteriores y posteriores, determinan su estilo político en el sentido
de conferirle unidad de forma al conjunto de sus acciones. Hay un acto-madre que
concentra sus esfuerzos, sus valores y el ejercicio de su astucia y prudencia
políticas.
El filósofo está llamado a
determinar el proceso de la historia, pero en virtud de su equipamiento interior
de conceptos no puede “actuar”. Su despliegue es el espacio interno en donde
toda cosa se torna solitaria y lenta.
El filósofo recapitula la
Historia revelando con su pensar memorante los lugares esenciales que siguen
siendo originantes, y que pesan sobre el presente y el futuro.
El político se sabe se
asume como alguien que debe determinar el proceso de la historia. Pero su pensar
está dirigido a la acción modificadora y se convierte en el pensador de lo próximo
y lo cercano, del espacio real.
El político produce un
desenvolvimiento de sentidos y de fuerzas, generando el futuro inmediato y
posible frente a la realidad de un presente incuestionable. (MANDRIONI:71ss) Vistas estas afirmaciones uno tiene la impresión de que el ideal platónico – en el más utópico de sus libros – se desarma. Es verdad que la filosofía y la política siguen derroteros complementarios; es verdad que filosofía y política abordan cuestiones comunes; es verdad que filosofía y política deben dialogar en torno a un eje común: el curso y el sentido de la historia... pero no parece totalmente cierto que el filósofo pueda asumir el rol del político o que el político pueda arrogarse el patrimonio del libre juego de las ideas... Pertenecen a ámbitos distintos y complementarios de una única realidad, pero mezclarlos es una de las maneras de aniquilar el trabajo de ambos. El del filósofo sumergiéndolo en el fragor de la lucha, el del político alejándolo de las demandas de la realidad.
Puestos a decidir la cuestión
educativa deberemos distinguir el nivel de determinación de la filosofía y los
niveles de decisiones de la política, porque una y otra tienen derecho a emitir
sus discursos pero no lo construyen en el mismo contexto de significación histórica
y social. 04. EDUCACIÓN:
TERRITORIO COMUN O BOTIN DE GUERRA
Cuando la educación se
convierte en objeto de disputa y de repartos genera determinaciones
arbitrarias, respondiendo a las demandas de las urgencias coyunturales y termina
siendo un trofeo para exhibir o el botín de guerra que reconoce
vencedores y vencidos.
No se trata de construir la
educación necesaria, sino de definir estrategias para resolver situaciones
problemáticas y urgentes, construyendo posteriormente los discursos
legitimadores.
Estos recursos suelen partir de
una demanda real (vista y compartida por la sociedad), se proyectan en una
definición operativa en el que se evalúan junto a las variables educativas
otras variables (económicas, políticas, oportunidad, impacto) y terminan en la
construcción artificial de un discurso que termina exagerando y publicitando
los aciertos y silenciando o justificando los errores.
Uno de los ejemplos más
notables – y ya presentado en otra oportunidad y debatido con sucesivos
funcionarios – es el tema de la cantidad de los beneficiarios del sistema
y de la calidad de su contenido. Observemos el proceso: (1)
La sociedad demanda educación para todos. (2) La
sociedad demanda la mejor educación para todos (3) La
respuesta de la política educativa supone que la simple contención de los
alumnos en el sistema implica la respuesta a las demandas de la sociedad (4) La
sociedad y el sistema en funcionamiento discuten y cuestionan los resultados de
una transformación basada en indicadores primordialmente cuantitativos. (5) La
respuesta construye un arbitrario discurso legitimador por el que se concluye
que la cantidad de alumnos del sistema (estadísticamente registrado) es el paso
previo y necesario para construir la indiscutida calidad de la oferta. (6) Propagandas,
discursos, rendición de cuentas, informes, presupuestos, inversiones, etc,
alimentan, divulgan y profundizan estas ideas hasta convertirlas en la única
versión válida y vigente. (7) Por
su parte, un sistema cualitativamente disminuido no se refleja en los
indicadores estadísticos de alumnos, docentes, servicios, recursos,
inversiones... pero a largo plazo se convierte en una trampa para la demanda
original de la sociedad. (8) Todo
debate en torno a estos presupuestos (y sus correspondientes decisiones) chocan
contra las afirmaciones que los sostienen y extrapolan discursos y fundamentos
que provienen de otros contextos o han sido seleccionados arbitrariamente. 4.1.
La educación al servicio de proyectos políticos particulares
La educación forma
necesariamente parte de las plataformas políticas de los diversos partidos.
Cada uno de ellos formula sus propias propuestas que, en general, parte de una
evaluación descarnada y crítica de la situación vigente (oposición) o de la
profundización y extensión de las acciones emprendidas y en la corrección de
los involuntarios errores(continuidad en la gestión)
Pero, a su vez, la educación
responde al marco de un proyecto político global que subordina las ideas y las
decisiones a esa orientación a las líneas operativas del partido.
La educación pierde autonomía
y negocia sus transformaciones, sus recursos, sus funcionarios y hasta sus
discursos en la mesa de otras determinaciones macros que la condicionan.
Esta subordinación de la
educación, esta pérdida de la autonomía, esta connatural dependencia le quita
necesariamente posibilidades, la somete al juego de las negociaciones, a las
pujas por sectores de control, de poder, de impacto social, de prestigio y
cartel político. Muy difícilmente pueda preponderar el carácter técnico-operativo
en las determinaciones porque es casi imposible despegar las determinaciones de
los actores del escenario político.
El riesgo se profundiza cuando
en los debates y en los cambios implementados prima (1) la necesidad partidaria
de marcar las posturas ideológicas, (2) satisfacer determinadas demandas de
plataformas, (3) oponer políticas creativas como estrategias para superar y
hacer olvidar los modelos precedentes.
La educación no sólo pierde
su autonomía, sino que se convierte en un recurso para atacar, hacer
propaganda, desprestigiar, esgrimir como logro o señalar como fracaso, etc.
No se trata de la educación, como si se tratara de una entidad casi
ideal, sino de las específicas cuestiones educativas: sueldos docentes,
jerarquización profesional, selección de contenidos, pautas metodológicas,
criterios disciplinarios, proyectos de inversión edilicia, atención de las
escuelas, organización de los ciclos, sistema de supervisión y de dirección,
autonomía de los servicios, recursos económicos básicos, etc.
Cuando la educación se
convierte en una variable dependiente de determinaciones troncales tiende a
convertirse en los hechos en una cenicienta a la que se recurre en inusitados
momentos políticos, se acalla con el explícito propósito de no generar
conflictos y se descarta toda posibilidad de que algún príncipe salvador
llegue para coronarla finalmente como la elegida del cuento.
La historia de los últimos 50
años de nuestro país es un testimonio de todo esto. En cambio la historia del
proyecto liberal del siglo pasado muestra una continuidad y el respeto a un
proyecto civilizador que merecería una puntillosa re-lectura. 4.2.
La educación como territorio de las disputas ideológicas
Los debates ideológicos han
marcado determinados momentos de la historia educativa argentina. No se trataba
de cuestiones políticas puntuales, sino de líneas ideológicas enfrentadas que
coincidían con el ejercicio del poder o con el control de la oposición. Tales
fracturas pueden puntualmente rastrearse en el contexto de la generación del 80
y la ley 1420, los debate de la ley universitaria de 1918, los enfrentamientos
de los intelectuales y los sectores populares en los gobiernos del Presidente
Perón, los debates sobre la libertad de enseñanza en el cierre de la década
del 50, las formulaciones de los gobiernos de facto y las prolongadas disputas
generadas en torno al Congreso Pedagógico Nacional.
Aunque los temas educativos
aparecieron y puede enunciarse, la educación se convirtió – en muchos de los
casos citados – en el ámbito elegido para hacer emerger allí debates ideológicos
de fondo que se daban en muchos otros frentes que no habían sido sometidos a
discusión.
Los argumentos para llevar al
campo de la educación estas discusiones suelen ser recurrentes: se asocia el
problema a variables macroestructurales que deben decidirse o enunciarse antes
de poner en debate el tema específico. Por ejemplo: qué país queremos,
qué condicionantes socioeconómicos lo limitan, a qué tipo de modelo económico
se pueden asociar los proyectos educativos, etc.
La educación, en suma, se
convierte, en el campo de batalla disponible para librar un cruento
enfrentamiento, como parte de una guerra permanente, cíclica, inconclusa. Los
enfrentamientos impiden el diálogo, distorsionan los argumentos, desconfían de
las intenciones, tergiversan las versiones, desgastan semánticamente los términos,
desplazan los acentos, asocian las afirmaciones, personalizan las ideas,
desarman cualquier entendimiento.
En temas tales como libertad de
enseñanza, defensa de la escuela pública, laicidad, derechos de las
instituciones privadas, criterios de organización institucional, cuestiones
vinculadas con autoridad y disciplina, gratuidad y arancelamiento, etc., se
puede observar estas manifestaciones. 05.
LA EDUCACION DEL FUTURO COMO POLÍTICA DE ESTADO PARAGUA
POLITICO PARA EL CONSENSO Y EL ACUERDO
Podemos distinguir tres
conceptos que intentaremos asociar a los temas desarrollados: acuerdos,
consensos y concertación
Se trata de un encadenamiento
de estrategias y de ideas que surgen con respaldo social y como respuestas
necesarias para problemas urgentes y reales. El intento supone la
necesidad de convertir determinados problemas y cuestiones en política de
estado, superando el limitado ejercicio del gobierno y del poder y asegurando
continuidad en las acciones y coherencia en las decisiones. (1)
Los acuerdos (2)
los consensos (3)
la concertación 5.1.
Los acuerdos se deben producir en el generoso territorio de la filosofía. Allí
el debate racional y los procesos de estricta fundamentación – sin desconocer
los condicionantes ideológicos y las demandas políticas -. Se trata de
llegar a formulaciones que todos los sectores de la sociedad deben
reconocer como válidas y necesarias. Las discusiones se producirán en el
terreno argumentativo pero estrictamente racional, demandando perfiles ideales y
aristas particulares de la cuestión. Estos acuerdos generales en materia
educativa – de los que, en algunas temas y capítulos, el Congreso Pedagógico
Nacional de 1988 fue una muestra – se construyen generalmente por la
suma de elementos y por el ajuste semántico de algunas expresiones y
formulaciones.
El resultado de tales acuerdos
permite dejar de discutir algunas funciones básicas de la educación y de su
ubicación en el contexto de los problemas y las cuestiones de Estado. Conforma
la sólida estructura del paraguas político que pone bajo su protección las
cuestiones del presente del futuro y no está dispuesta a revisar
permanentemente, ni a someter a cíclicas discusiones los temas y problemas que
hacen a las cuestiones fundamentales de un país. Pretende evitar el juego –
presente y futuro – de las ideas, acorraladas y envueltas en el incesante
manejo de las antinomias ideológicas o de las estrategias políticas
coyunturales.
Para esta labor de acuerdos básicos
podemos asociar ese perfil de filosofía enunciado precedentemente: el rigor del
pensamiento, la solvencia en el manejo de la tradición filosófica y el
abordaje de situaciones concretas que demanda respuestas para el presente y
anticipaciones para el porvenir. ¿De
qué acuerdos estamos hablando? (1) La
educación como derecho fundamental de todo hombre (2) La
educación de todo el hombre y todas sus dimensiones. (3) La
educación como necesario proceso de civilización. (4) La
educación como acceso crítico y creativo a la cultura. (5) La
educación como acceso a criterios morales y axiológicos. (6) La
educación como propuesta de calidad y significación social. (7) La
educación como pasaporte necesario para ingreso social (8) La
educación como puerta de ingreso al mundo laboral (9) La
educación como recurso para reforzar la identidad nacional Es cierto que estos enunciados casi no pueden o no deberían discutirse y que estos acuerdos se imponen por lógica de los procesos de humanización a los que ha arribado la sociedad global. Se trata de verdaderos derechos humanos consagrados, indiscutidos. Pero estos acuerdos requieren también llenar de contenidos efectivos y compartidos para no morir en la mera formulación teórica o en los considerandos y los artículos generales de una ley.
Este es el ámbito – en diálogo
permanente con los otros niveles de construcción teórica y de praxis – en el
que puede pensarse la definición y los caracteres de una (nueva) ética política
como último respaldo para el sistema. La búsqueda del bien común debe
asimilarse a un estado de bienestar que incluye a todos y que genera un sistema
sin excluidos. Esta sociedad puede – en este nivel – imaginarse y
delinearse con diversos y progresivos niveles de inclusión social y política.
Pensarlo no significa – como se concebía en otros contextos históricos –
que efectivamente pueda o deba realizarse. Simplemente se trata de establecer
los ámbitos de posibilidad para esta propuesta ideal a la que necesariamente
debemos tender... pero que no se puede ni prever ni exigir solamente desde el
terreno de las ideas.
La función de la filosofía
– en ese rol profético que proponíamos – es la de delinear el futuro
necesario y ensamblar las ideas para que contagien de transformación e
idealidad a la realidad. 5.2.
El consenso debe entenderse como una necesaria negociación entre partes,
negociación en la que todos respetan las diversas posturas ideológicas sin
renunciar a las propias. Se abren a la comprensión de la verdad de los otros
desde la propia verdad con el propósito deliberado de descubrir la riqueza del
otro, proponiendo y defendiendo las propias riquezas y construyendo un espacio
ideal en el que confluyen las ideas parciales. El consenso privilegia los
intereses generales sobre los intereses sectoriales. Y aunque nadie está de
acuerdo con todo, todos se sienten dueños y responsables del producto final. El
consenso logra otorga estatus social, legitimidad y poder real al cuerpo de
ideas establecidas.
Tratándose del tema educativo,
consensuar no debería representar una estrategias extemporánea y utópica,
sino una urgencia. Si otros aspectos de los problemas comunes de un país
pueden admitir dilaciones, enfrentamientos y negociaciones, el tema educativo
exige este marco de consensos básicos que supera antagonismos estériles en
bien del fin establecido.
La construcción del consenso
se basa en la lógica de la persuasión y el convencimiento argumental y se
contrapone a toda imposición arbitraria y autoritaria. Con el ejercicio se
comienza a ver la crítica como un aporte y las propuestas como avance en el
camino. Quien toma la iniciativa sabe que no puede disponer de la verdad
definitiva; quien efectúa sus observaciones entiende que no representa el
reaseguro necesario y absoluto. En
este consenso deben aparecer en temas tales como: (1) Relación
entre universalidad, calidad y equidad, (2) Vinculación
con el mundo del trabajo, (3) Condiciones
de acceso y acreditación en los niveles del sistema, (4) Universalidad
y gratuidad, (5) Gesti
en oficial y gestión privada, (6) Utilización
racional de los recursos presupuestarios, (7) Funci
en social y específica de la escuela, (8) Rol
de los docentes y su papel en la sociedad, (9) Responsabilidades
del estado. 5.3.
Concertar es una estrategia política para vencer el inmovilismo, la parálisis
o la involución. Es el recurso de una democracia que promueve desde el poder
convocante el aporte crítico pero efectivo de todos los actores sociales. Se
trata de ofrecer en la convocatoria misma la garantía del cumplimiento de lo
debatido y aprobado, y de convertir el resultado de las acciones no en una
victoria o saldo de un gobierno, sino en una proyección de una verdadera política
de estado.
La concertación puede tener
connotaciones negativas ya que para algunos parece una nueva Torre de Babel,
incompatible con la racionalidad y la firmeza que el tema requiere; para otros
representa una negociación con aceptación algo devaluada de variadas
iniciativas, pagando el precio que toda concesión cobra. Pero la concertación
debería verse como un concierto sin partitura y sin director, en el que los
sonidos claramente diferenciados encuentran que no sólo pueden ajustarse a un
tema, sino también desarrollarlo y enriquecerlo por la vía de la armonía, las
disonancias y el contrapunto.
El resultado final y el aplauso
de reconocimiento no apunta a ningún instrumento o sonido en particular sino al
sinfónico efecto producido.
Este ejercicio democrático de
concertar diversas y sucesivas políticas que tiendan a respetar los logros,
mejorar los resultados, hacer lugar a las críticas, abandonar los innecesarios
protagonismos o estrellatos, renunciar a los permanentes réditos partidarios...
asegura la profundidad de las reformas y la consolidación de las
transformaciones.
Estas prácticas deseables
permiten que los usuarios del sistema puedan observar los recambios políticos,
la sucesión de funcionarios, los movimientos en los nombres y en las jerarquías
con la absoluta confianza y tranquilidad: nadie se atreverá a modificar lo que
da pruebas de su buen desenvolvimiento, todos harán lo imposible por resolver
las situaciones críticas que se observan. La
educación como política de estado debería hacerse cargo seriamente de: (1)
El estatus profesional de los docentes (su formación permanente, su capacitación,
su carrera, su retribución, su retiro). (2) La
organización racional de los diversos niveles del sistema educativo. (3) La
ajustada intercomunicación e interdependencia entre las jurisdicciones en
acuerdos federales educativos. (4) La
utilización efectiva de los recursos disponibles (presupuestarios, crediticios,
subsidios). (5) Políticas de descentralización y de autonomía institucional.
Un partido tiene derecho a
responder a su propia plataforma, a las líneas ideológicas que lo recorren y
constituyen, y a las estrategias partidarias que le prestan identidad y la
creativa capacidad de sus funcionarios. Este derecho rige también para el tema
educativo. Pero se trata de “marcar las diferencias” dentro de un concierto
de ideas y proyectos y de dar muestras de mayor fidelidad, celeridad,
efectividad en la aplicación de tales ideas. Se trata, por ejemplo, de asumir
la Transformación como resultado de una concertación histórica... y de
aprovechar los tiempos políticos (gobierno, poder) para ofrecer a la sociedad
la mejor respuesta, la que efectivamente espera, haciendo todas las
rectificaciones y correcciones que la implementación de las políticas
comporta. Un paraguas político, una política de estado debe sustituir – en la cuestión educativa - el modelo político construido sobre el juego de enfrentamientos y antinomias. La filosofía como estructura fundamental, los acuerdos ideológicos como trama protectora y las sucesivas concertaciones como el efectivo mecanismo que abre y cierra el sistema. No resulta fácil. Resulta imperioso y necesario. El presente golpea con demandas insoslayables y el futuro no parece dispuesto a tolerar nuevos fracasos. NOTAS
A PIE DE PÁGINA El
presente material fue presentado en el marco de la 4ª FERIA del LIBRO de
San Nicolás. Octubre de 1999. Feria
del Libro de San Nicolás. 3ra. Edición. 1998. “Filosofía: recuperar la
capacidad profética a las puertas del siglo XXI”. El material circuló por
las páginas de Internet, fue publicado en 1999, y constituyó el material
de cursos y debates durante el presente año, con algunos importantes agregados.
EAGLETON
Terry, Ideología. Una introducción. Paidós. 1997. Una ponderada revisión del
problema y el concepto de ideología, asociado a la historia de los principales
referentes teóricos y al desarrollo del discurso ideológico. RICOEUR
Paul, Ideología y utopía. Gedisa. 1997. El autor – en conferencia dictadas
en la Universidad de Chicago -- vuelve nuevamente sobre el tema, en esta
oportunidad haciendo un recorrido histórico y trabajando el concepto de ideología
asociado al concepto de utopía. En ambos casos hay un desarrollo de los autores
representantivos de una y otra creación intelectual. Van
DIJK TEUN, Ideología. Una aproximación multidisciplinaria. Gedisa. 1999.
Aborda el problema de la ideología como una cuestión que afecta al
(1)conocimiento, a la estructura de la (2) sociedad y a su gobierno y a la
formulación de los (3) discursos. Puede
asociarse al concepto de IDOLA TRIBU de BACON en el que el autor inglés insiste
en el carácter naturalmente deformante del conocimiento, principalmente en esa
natural inadecuación existente entre la estructura cognoscitiva humana y la
realidad-objeto Cfr.
Antrhopos. Revista temática. Política y Filosofía. Aportes de diversos
autores. BOBBIO
N. , Estado, Gobierno y Sociedad. Por una teoría general de la Política. FCE. 1998 Seguimos
libremente el desarrollo que realiza MADRIONI H., en Filosofía y política.
Editorial Guadalupe. 1986 (principalmente los capítulos II y III) Tal
vez por eso al Platón histórico los políticos de su tiempo le fueron
tan hostiles y rechazaron cualquier intento de poner en acto la arquitectura de
su filosofía política. Cfr.
FLACSO y otros, ¿Es posible concertar las políticas educativas? Miño y Dávila.
1995 LUGO M., De concierto y desconcierto. en ¿Es posible concertar políticas educativas? Op. Cit.
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