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II
Seminario Internacional de Innovaciones Educativas: Formación y Capacitación
Docente Año
X Nº 28 Junio de 1998 Experiencias
Inauguración
El documento que se presenta, reseña el trabajo del II Seminario Internacional,
realizado en la Ciudad de Buenos Aires, del 24 al 26 de junio de 1998, como una
actividad propiciada por nuestra Revista, en el marco del Proyecto Multinacional
de Educación Básica.
En la jornada de apertura, se contó con la presencia de autoridades educativas
nacionales y de la Organización de los Estados Americanos, responsables de este
encuentro, como así también de especialistas y técnicos en el área de la
formación y capacitación docente, nacionales y de distintos países de
América Latina1.
El Director de la Revista Latinoamericana, Prof. Darío Pulfer, da la bienvenida
a todos los participantes, destacando la importancia que reviste el tema
convocante, el cual, por otra parte, se inscribe en el marco más amplio de los
procesos de transformación educativa que se están produciendo en distintos
países de la Región, en busca del mejoramiento de la calidad y equidad de la
educación. Señala, asimismo, que este encuentro, que se realiza con el
auspicio y la participación de la OEA, se plantea como una reunión de trabajo
sobre las experiencias en el tema de la formación y capacitación docente,
centrado en la participación de especialistas nacionales y latinoamericanos.
A continuación, el Lic. Víctor Brodersohn, Especialista Principal de la OEA,
transmite a los participantes los saludos del Dr. César Gaviria, Secretario
General de la Organización de Estados Americanos, quién hace llegar su
especial interés en la labor y conclusiones del II Seminario, y los del Dr.
Benno Sanders, Director de la Unidad de Desarrollo Social y Educación del mismo
organismo.
El Lic. Brodersohn comenta que en América Latina se están produciendo reformas
educacionales que procuran superar las deficiencias de calidad, equidad y
pertinencia de los contenidos de los sistemas educativos, experiencias que
buscan corregir deficiencias curriculares, modificar algunas prácticas
pedagógicas, así como luchar contra la segmentación social en el acceso a la
enseñanza, elevar la calidad de la oferta educativa y revertir el deterioro de
la carrera docente. Se plantea, asimismo, la introducción de modificaciones
cua-litativas en los sistemas educativos, basadas en procesos de evaluación, en
la readecuación de las prácticas pedagógicas y en la incorporación de nuevas
tecnologías en el aprendizaje. De este modo, afirma, los esfuerzos realizados
en la Región tratan de enfrentar un doble desafío: por una parte, buscar la
equidad educativa, de modo que todos los grupos de población se integren
igualitariamente en el proceso de desarrollo integral y, por otra parte, lograr
una mayor eficiencia educativa mediante una adecuada articulación del sistema
educativo a la dinámica económico-social de cada país.
En este marco, el funcionario considera como muy oportunos los temas planteados
en el II Seminario de Innovaciones Educativas, centrados en la formación y
capacitación docente, pues constituyen importantes áreas de mejoramiento para
los agentes e insumos imprescindibles del proceso educativo, que conducirán a
la elevación de la calidad y eficacia de la oferta educativa, en especial de
aquella orientada a los estratos menos favorecidos, de modo de alcanzar una
educación básica de calidad para todos. Espera, finalmente, que el análisis
de los temas y el intercambio de experiencias que tendrá lugar en las jornadas
de trabajo, permitan obtener consensos y conclusiones técnicas que contribuyan
al mejor desarrollo de las acciones educativas que llevan a cabo las
instituciones participantes y sea un aporte valioso para vigorizar el papel de
la educación como uno de los ejes del desarrollo con equidad.
Al despedirse, agradece y felicita a la Lic. Susana Decibe y colaboradores por
el exitoso esfuerzo organizativo realizado en esta oportunidad y por la continua
y solidaria dedicación que brinda a las actividades interamericanas,
reiterándole el apoyo de la Unidad de Desarrollo Social y Educación de la OEA.
Como cierre del acto inaugural, la Lic. Susana Decibe, Ministra de Cultura y
Educación de la Nación, da una cordial bienvenida a los participantes,
agradece su presencia y resalta la calidad de los trabajos enviados, señalando
que uno de los aprendizajes obtenidos en el marco de la OEA, es que la verdadera
agenda de cada reunión se conforma a partir de los diversos actores que a ella
asisten y de los temas y ponencias que ellos presentan, lo cual supone dejar de
pensar las cosas desde un lugar central y dar mayor cuenta de las preocupaciones
surgidas de la experiencia de cada miembro participante.
Al recordar el tema de la I Reunión realizada en 19952, donde el acento se puso
en la escuela como factor de innovación educativa, la Sra. Ministra hizo
referencia a la existencia de formas de conducción muy centralizadas, que
fueron desplazando el papel concreto de la institución escolar y que en aquel
encuentro se quiso revalorizar. En el actual Seminario, el tema convocante es la
formación básica, permanente y actualizada de los docentes, buscando respuesta
a las preguntas que todos se formulan: ¿para qué formar?; ¿cómo formar?;
¿cómo calificar?; ¿cómo mejorar las instituciones de formación docente?;
¿cómo acreditar?; ¿cómo homologar dicha formación? Señala entonces que el
gran desafío existente es el de cómo hacer de la educación una herramienta
estraté-gica para los países de la Región, que asegure equidad e integración
social.
Frente a este planteo, la Lic. Decibe considera como pertinente el tema de este
II Seminario Interamericano de Innovaciones Educativas, que se presenta como una
enorme oportunidad para el intercambio de ideas y estrategias entre los países,
porque durante muchos años la práctica de la enseñanza supuso una repetición
casi ritual de lo mismo, vaciándose de sustancia sus competencias concretas.
Al despedirse, agradeciendo nuevamente la presencia de los especia-listas, la
Sra. Ministra expresa su expectativa por los resultados del encuentro que,
espera, podrán aportar respuestas al "cómo" de los educadores que
están hoy trabajando y al "para qué" y al "cómo" de los
que se están formando. Conferencias
Finalizado el acto inaugural, las tareas del Seminario se iniciaron con las
exposiciones del Dr. Juan Carlos Tedesco, Director del Instituto Internacional
de Planeamiento de la Educación (IIPE/Argentina) y la Lic. Inés Aguerrondo,
Subsecretaria de Programación y Gestión Educativa del Ministerio de Cultura y
Educación de la Argentina. La transcripción de ambas presentaciones figura en
la Sección Opinión de éste y el próximo número de la Revista. Mientras el
Lic. Tedesco se refirió a las líneas centrales que, desde distintas
perspectivas, definen el papel del docente en nuestros días, una de las cuales
hace a su formación y actualización permanente, la Lic. Ague-rrondo se centró
en la experiencia que la Argentina está implementando en ese campo, dentro del
marco más amplio de la transformación de su sistema educativo. Sobre
la capacitación docente Propuestas
de Transformación
Luego de esas dos exposiciones introductorias, la Lic. Graciela Lombardi,
Coordinadora del Programa Nacional de Capacitación Docente del Ministerio de
Cultura y Educación de la Argentina, presenta algunas propuestas de
transformación sobre el tema de la capacitación docente, como encuadre
teórico para el posterior trabajo en Comisiones.
"La capacitación docente como función de las Instituciones formadoras
requiere la articulación de las políticas federales y provinciales de
formación docente continua con ideas pedagógicas y con complejidades
organizacionales e institucionales concretas.
La implementación de políticas de actualización y capacitación docente para
el Sistema Educativo de Argentina está estrechamente ligada al Proceso de
Transformación integral de la Educación que cobra fuerte impulso a partir de
la sanción de la Ley Federal de Educación de 1993.
En ese contexto se ha priorizado la elaboración de nuevos marcos curriculares e
institucionales y la instalación de procesos de formación docente continua,
entendien-do que dicha formación es tanto un derecho como una obligación de
los docentes en tanto profesionales.
Para viabilizar esta concepción en el marco del proceso de descentralización
de la gestión educativa en cada una de la veinticuatro provincias del país, se
ha cons-tituido la Red Federal de Formación Docente Continua (RFFDC), organismo
responsable de la gestión académica, institucional y presupuestaria de la
capacitación docente.
Desde el punto de vista académico, se han priorizado dos líneas de acción en
la etapa 1994-2000: la actualización disciplinar y didáctica de los docentes y
la actualización en gestión institucional de directores y supervisores.
Desde el punto de vista institucional cada Cabecera Provincial de la RFFDC
organiza la capacitación acordada en el marco federal, a través de dos
modalidades: el llamado por Convocatoria Pública a instituciones de Educación
Superior, Universidades, gremios u otras, cuyos proyectos son evaluados por
Comisiones constituidas a tal efecto, y la organización de Proyectos de
capacitación con equipos centrales provinciales o nacionales conformados a la
medida de los requerimientos de cada etapa.
Desde el punto de vista pedagógico, cada Cabecera Provincial adopta
moda-lidades de capacitación presencial, semipresencial y a distancia, según
el contexto geográfico, el mapa de instituciones oferentes y las necesidades de
cobertura propias de la realidad regional o provincial.
Desde el punto de vista presupuestario, las acciones de la etapa 1994-2000 se
financian con fondos federales relativos al componente de capacitación,
acordados en el marco del Pacto Federal Educativo.
La constitución de la RFFDC ha sido una estrategia adecuada para el
soste-nimiento de la primera etapa en la que se ha logrado instalar procesos de
actualización disciplinar y pedagógica para la totalidad de los docentes del
país. Simultáneamente se ha iniciado el proceso de transformación del
tradicional Sistema de Formación Docente, siendo los Institutos responsables de
la formación de grado los que incorporarán en el futuro inmediato la función
de capacitación a la oferta pedagógica institucional.
La incorporación de la función de capacitación en la organización
pedagógica e institucional de los institutos constituye uno de los desafíos
actuales. El otro desafío a encarar es el mejoramiento de la calidad de la
oferta, que en la etapa actual es he-terogénea, tanto desde el punto de vista
disciplinar como didáctico.
Atendiendo esta necesidad, he desarrollado algunas ideas fuerza que pueden ser
utilizadas en el marco de instituciones singulares, las cuales verán cómo esas
ideas fuerza pueden cobrar realidad en sus procesos de transformación
institucional. 1.
La función de capacitación y perfeccionamiento docente está indisolublemente
ligada a un mandato innovador, transformador de las prácticas pedagógicas
vigentes.
Una primera idea casi obvia, pero que valdría la pena analizar en todas sus
connotaciones, es que la función de perfeccionamiento docente y la de
capacitación, están inevitable e indisolublemente ligada a un mandato de
transformación, a un mandato innovador de las prácticas educativas vigentes en
un sistema educativo completo o en algún ciclo de él. Siempre la capacitación
surgió y se fundamentó en un mandato de transformación. Esto, que es una
obviedad, debiera hacernos pensar que dicho mandato reclama siempre, aunque no
se explicite, una respuesta acerca de su legitimidad: ¿quién manda que hay que
cambiar?, ¿qué y por qué cambiar?
Para encarar estas cuestiones, debemos considerar que no hay una sola fuente de
legitimación para un mandato innovador. En general los que nos dedicamos a la
educación y hacemos de ello nuestro desempeño profesional, pensamos que la
legitimidad académica es suficiente para sostener y dar legitimidad a un
mandato innovador, pero no es menos cierto que, si lo que se intenta transformar
son prácticas educativas, prácticas sociales, habrá que identificar otras
fuentes de legitimación que confluyan y converjan para sostener el mandato
transformador.
Resulta necesario tener una legitimidad política, una legitimidad social y, si
es posible, ambas, plasmadas en alguna herramienta normativa que legalice esta
convergencia de distintas lógicas. En nuestro país, la Ley Federal de
Educación en su artículo Nº19, menciona a la función de perfeccionamiento y
de capacitación como un derecho y como una obligación de los docentes. Para
quienes hace muchos años trabajamos en capacitación, esta es una novedad
esperada porque es la primera vez que las prácticas capacitadoras tienen el
amparo legitimador de una ley nacional.
Por otra parte, proponer innovaciones conmueve las realidades existentes y, como
dice el británico Stenhouse, cualquier innovación pone en tela de juicio la
competencia de quien es invitado a transformar su práctica cotidiana. Existe
una inevitable vivencia de incompetencia, de no competencia para, que resiente a
las personas. Tal situación debe ser anticipada y contenida en el mandato de
innovación y de transformación. En "Investigación y Desarrollo del
Curriculum", dice Stenhouse: "Otra barrera para la innovación en las
escuelas es la amenaza que ésta supone para la identidad del profesor... La
mayoría de las innovaciones cambian tanto el contenido como el método de las
materias en cuestión. Al actuar como innovadores, se pide a los profesores, al
menos inicialmente, que afronten los lastres de la incompetencia". 2.
La capacitación y el perfeccionamiento son prácticas pedagógicas, prácticas
de enseñanza-aprendizaje específicas. Tal especificidad, surge de considerar
al destinatario, los objetivos, los contenidos y el tipo de resolución
didáctica que se pone en juego. ¿Cómo se vehiculiza ese mandato innovador? A través de prácticas concretas, prácticas de capacitación que, no por obvio, deberíamos recordar que son prácticas pedagógicas ellas también. Prácticas pedagógicas específicas porque tienen una serie de elementos que marcan su especificidad y voy a nombrar algunos. El destinatario de una práctica pedagógica sostenida por un capacitador no es un futuro docente sino un docente en ejercicio, y esta diferencia debe ser tomada en cuenta en la toma de decisiones acerca del encuadre requerido para institucionalizar la capacitación.
Los objetivos y los contenidos de la capacitación, también son específicos y
diferentes de los propios de la formación de grado, universitaria o superior no
universitaria. Si los destinatarios, los contenidos y los objetivos son
específicos, por ende, la resolución didáctica que da basamento a estas
prácticas tiene un quantum de especificidad que no deberíamos dejar de tener
en cuenta. Quizás se justifica mencionar este reconocimiento en función de una
tercera idea. 3.
Las prácticas de capacitación docente tienen escasa historia de
institucionalización.
Si se revisa desde cuándo aparecen prácticas institucionales de capacitación,
es frecuente que se identifiquen programas de capacitación discontinuados y no
instituciones que en forma continua sostienen prácticas de capacitación
docente. Esta peculiaridad nos remite a pensar en cuánta experiencia
institucional tenemos o no, para sostener mandatos innovadores en forma
permanente, y qué experiencias institucionales poseemos para albergar la
construcción de la especificidad de las prácticas de capacitación.
Con esto quiero decir que, incluir la función de capacitación en las
instituciones formadoras es incluir una innovación para muchas de ellas. Es una
función con pocas raíces en los cuerpos organizacionales de las instituciones
de educación superior, aun cuando haya habido programas de capacitación. 4.
La capacitación docente es portadora de un discurso innovador y, al mismo
tiempo lleva, en tanto práctica pedagógica, las limitaciones que se propone
superar. Por ello debe incluir la reflexión crítica como parte indisoluble de
su mandato.
Una cuarta idea que también debiéramos combinar es que, tal como decía al
principio, la capacitación docente es portadora de un discurso innovador, y
digo la pa-labra discurso ex profeso, porque muchas veces lo único que producen
las prácticas de capacitación es un discurso innovador, pero no innovaciones.
Indagar sobre ello, nos conduce a pensar que son prácticas reales que se
desa-rrollan en tiempos reales y concretos y que, siendo portadoras de mandato
de cambio, ellas también llevan las limitaciones de las prácticas pedagógicas
que dicen querer transformar. Si se combinan estas dos cuestiones, discurso
innovador con un cuerpo de prácticas reales que deberían poder sostener en la
realidad aquello que predican en la teoría, se concluye que una elemental
condición de posibilidad de las prácticas de capacitación es que ellas
incluyan la revisión crítica permanente de su propio accionar. Esto no es una
condición teórica; tiene una concomitante indispensable en la dimensión
institucional. 5.
El proceso de institucionalización de la función capacitadora debe contemplar
la convergencia de procesos de investigación e indagación de las propias
prácticas con procesos de comunicación entre docentes formadores.
No existen prácticas capacitadoras que aporten efectivamente en el sentido de
una transformación viable, ni que puedan sostener en el tiempo un mandato
innovador, si no están insertadas en una institución que garantice tiempos y
espacios para encarar la revisión de la propia práctica capacitadora. Esto es
así porque sólo en un espacio de permanente revisión crítica esas prácticas
pueden reinventarse.
No es posible importar prácticas renovadas que sostengan discursos innovadores,
es necesario construirlas en tiempos y espacios institucionales concretos. Por
lo tanto, la única condición de viabilidad para aportar en el sentido de la
transformación consiste en incluir espacios de revisión e indagación de la
propia práctica capacitadora. La inclusión de tiempo y espacio para la
comunicación y la reflexión en el cuerpo organizacional de los institutos, es
la condición de posibilidad para sostener el mandato innovador que justifica la
función de capacitación.
Un proceso de institucionalización de la función capacitadora debe contemplar
la convergencia de procesos permanentes de investigación de la propia práctica
con procesos permanentes de comunicación entre todos los docentes que integran
la institución formadora. 6.
La especificidad de la función de capacitación, requiere: una gestión
curricular dinámica; un curriculum abierto; una organización institucional
flexible.
Esta idea significa que, si se pudiera enunciar con tres rasgos la
institucionalización que requiere la función de capacitación, debería
mencionarse a una gestión curricular dinámica, un curriculum permanentemente
abierto y a una organización institucional muy flexible. La experiencia de constituir la Red Federal de Formación Docente Continua es un claro ejemplo del dinamismo propio de esta oferta educativa. Si bien en un altísimo porcentaje los capacitadores provienen de institutos de formación docente, todavía no han encontrado un espacio organizacional dentro de la propia institución formadora que albergue alguna de las condiciones que amparan la especificidad y los requeri-mientos de estas prácticas. Resulta indispensable que se recuperen todas las experiencias individuales o grupales de cada uno de los miembros del instituto para sistematizar los procesos de gestión de la capacitación transitados y, desde su recuperación crítica, construir las bases de una gestión institucional y curricular adecuadas.
¿Cómo definir los contenidos de la capacitación? ¿Cómo definir los
proyectos de capacitación? ¿Cómo ofrecer a los docentes en ejercicio,
propuestas relevantes y significativas? Éstos y otros interrogantes deberán
orientar las decisiones del equipo de conducción de los institutos en el marco
de las políticas federales y provinciales de formación docente continua. 7.
Los contenidos propios de la capacitación se definen en función de las
políticas fe-derales y provinciales establecidas periódicamente y del
diagnóstico de necesidades relevadas en cada comunidad educativa.
Esta definición ha permitido acordar un conjunto de contenidos priorizados para
cada uno de los circuitos que dan marco a la elaboración de los actuales
proyectos de capacitación. Sin embargo, la función de capacitación puede y
debe tener otros objetivos en el marco de cada una de las instituciones
formadoras.
Por ello, los contenidos de la capacitación no siempre están definidos con
carácter estable o permanente. Porque a diferencia de las carreras de
formación inicial, la pretensión de tener los CBC de la capacitación es
inviable. Lo que tenemos son marcos referenciales más o menos estables y
contenidos en permanente redefinición. Insisto en que, si bien los C.B.C.
brindan un marco prescriptivo, normativo referencial para la elaboración de
diseños curriculares y también constituyen un marco prescriptivo y normativo
para la toma de decisiones en la capacitación, hay una mediación pedagó-gica
diferente cuando esos C.B.C. devienen en contenidos de la capacitación. Esto es
así porque la capacitación debe brindar respuestas a las necesidades de
transformación de las prácticas docentes. Por lo tanto, la definición de los
contenidos de la capa-citación tiene un marco mucho más móvil que el marco de
los contenidos de la enseñanza de cualquier otro nivel del sistema
escolarizado.
La definición de los contenidos de la capacitación se hace en la convergencia
de esas lógicas que mencionaba en la primera idea, que son las lógicas
política, académica, social, comunitaria e institucional que dan legitimidad a
cualquier mandato transformador.
El marco para la definición de los contenidos de la capacitación está dado,
por un lado, por políticas federales y provinciales de capacitación y, por el
otro, por diagnósticos singulares y el relevamiento de las necesidades de
perfeccionamiento que exprese cada comunidad docente. Las aportaciones del campo
académico constituyen el hilván entre uno y otro. 8.
La gestión curricular de la capacitación supone la elaboración de proyectos a
término y reajustados en forma permanente.
El proceso de relevar y hacer diagnóstico de necesidades de capacitación de
cada comunidad educativa y la utilización de sus resultados como una de las
fuentes para la toma de decisiones curriculares, otorga un carácter móvil y
dinámico a tales decisiones. Este marco de permanente movilidad implica que
cualquier proyecto de capacitación elaborado en el seno de las instituciones
formadoras es un proyecto a término y es un proyecto que lleva en sí mismo la
necesidad de reajuste permanente, cuando no de transformación absoluta.
Esto tiene una consecuencia inevitable en el tipo de propuesta organizacional
que requiere la inclusión de esta función dentro del instituto. Si se
considera, por ejemplo, el contrato laboral de los docentes afectados a la
formación de grado, hay en ellos una mayor permanencia de los horarios y de los
espacios para desarrollar la tarea que en el caso de la función de
capacitación, cuyos tiempos y espacios son infinitamente y más movibles. Esta
cuestión debe ser contemplada en el contrato laboral de los docentes que se
dediquen a ambas funciones o a las tres, porque no vamos a dejar de lado la
investigación. Resulta, indispensable entonces, reiterar que: 9.
Los proyectos de capacitación se definen a partir de la identificación de los
reque-rimientos y problemas de las prácticas docentes reales y las aportaciones
teóricas disponibles en los contextos académicos.
Decíamos que esta definición de proyectos de capacitación a término y
reajustables permanentemente, tienen que tener algunos puntos de referencia para
poder construirse.
Una de las referencias indispensables es la identificación de los
requerimientos y problemas de las prácticas reales de los docentes concretos de
cada comunidad. No podríamos pensar en la significatividad de una práctica de
capacitación que no emergiera de una adecuada identificación de los problemas
de las prácticas reales que tienen los docentes en cualquiera de los niveles
educativos a los cuales esas prácticas capacitadoras se dirijan.
No obstante su importancia, esa no es la única fuente para definir proyectos.
La otra fuente indispensable para asentar la calidad de un proyecto de
capacitación, está dada por las aportaciones teóricas a las cuales acude la
institución capacitadora para empezar a construir algunas respuestas a los
requerimientos o a los problemas de la comunidad docente. Esto tiene otra
consecuencia ineludible en la gestión ya no curri-cular sino en la gestión
institucional del instituto. 10.La
gestión institucional de la capacitación deberá incluir la articulación con
otros actores del sistema educativo.
La gestión institucional de la capacitación requiere de la inclusión y la
articulación con otros actores del sistema educativo. Es impensable que una
práctica de capacitación sea significativa, aporte en el sentido de una
transformación, dé respuestas a los problemas propios de un sector o de una
parte de la comunidad educativa, si no convoca desde la etapa de diagnóstico y
de diseño del proyecto de capacitación, a los actores a quienes va a destinar
su oferta de capacitación. Este es un proceso que hay que construir y canalizar
en el marco de la gestión integral de la institución formadora o capacitadora.
Si un capacitador quisiera, sólo desde la buena voluntad, consultar a un
supervisor, a un director de escuela, a un funcionario, acerca de cuáles son
los requerimientos o problemas que sería conveniente atender desde la oferta de
capa-citación, es probable que ese supervisor, ese director de escuela o ese
funcionario, no encontraran un tiempo de trabajo para atender al capacitador
individual. Y esto es así porque esta consulta debe canalizarse por las vías
institucionales. Construir espacios de articulación intersectoriales, constituye un desafío para la gestión política e institucional, no exento de dificultades. Esto se explica en parte porque todo el sistema educativo posee una dinámica de fragmentaciones donde la especialización en alguna tarea nos resta la posibilidad de pensar en las articulaciones deseables y posibles. Transformar esto requiere superar el voluntarismo y aceptar un tiempo de transición para remover, desde las instituciones, los obstáculos para incluir a otros actores del sistema educativo y lograr el diálogo fecundo que ilumine la elaboración de proyectos curriculares de capacitación significativos.
Son las condiciones organizacionales que genera el instituto formador o
capa-citador, las que van a favorecer o no el logro de las articulaciones con
otros actores del sistema. El espacio de articulación debe constituirse en una
zona organizacional, en un tiempo, un espacio y una tarea del instituto. Si
sabemos de entrada que es necesario y por qué es difícil de instalar, es
probable que mantengamos nuestra atención alerta para darnos a un proceso de
construcción de estas zonas de articulación entre la institución que brinda y
ofrece capacitación y los otros actores del sistema educativo que la demandan.
Es necesario que las propuestas de capacitación dejen de ser elaboradas casi en
exclusividad en el seno de la institución capacitadora y empiecen a definirse
con la participación de la institución capacitadora y los otros actores del
sistema.
Yo creo firmemente que esto es posible y que es fecundo hacerlo. Sólo requiere
tiempo y vocación institucional para construir formas organizativas de gestión
institucional que no se caigan al primer obstáculo que se presenta en la
realidad. Por ello insistimos en las dos ideas que siguen: 11.
La propuesta organizacional requerida supone una disposición flexible de los
tiempos y espacios de trabajo.
Resulta inevitable que la organización de los horarios y los espacios para
desa-rrollar tareas de capacitación, deba concebirse con un grado de
flexibilidad mayor que las actividades de grado, precisamente porque deberán
adaptarse a la singularidad de cada situación y diseñarse a la medida de la
demanda docente destinataria de la capacitación. Esto puede suponer variaciones
en los horarios, en los espacios físicos en los que se desa-rrolla la tarea, en
la duración de la misma, etc. Es decir, una organización ágil y flexible. 12.
La movilidad de los proyectos de capacitación se enmarca en algunas
permanencias: *
dar repuestas a las necesidades de actualización disciplinar de los docentes; *
atender las necesidades de capacitación para el ejercicio nuevos roles; *
brindar espacios de aprendizaje para el mejoramiento y la indagación
permanentes de las prácticas institucionales y de aula.
Tanto énfasis puesto en la movilidad y la provisoriedad puede confundir y crear
la imagen de que todo es absolutamente fortuito e imposible de planificar. Sin
embargo, cuando se incluye la posibilidad de reflexionar e indagar
permanentemente sobre las prácticas de capacitación en grupos de pares, se
descubre que no todo es movilidad, algunas permanencias existen.
Desde la perspectiva de la organización curricular e institucional que debe
tener esta función en las instituciones formadoras, hay algunas respuestas,
algunas ta-reas y algunas metas que son permanentes aún cuando la relación y
la importancia re-lativa que tengan cada una de estas permanencias en un
determinado período pueda ser diferente de la que puedan tener en otro.
Voy a decir concretamente: toda oferta de capacitación o acción de
perfeccionamiento responde a alguno de los siguientes propósitos: a)
Dar respuesta a necesidades de actualización disciplinar de los docentes. Es
dable suponer que, en períodos como éste, de acelerada producción de saberes
académicos y tecnológicos, la desactualización en los marcos epistemológicos
y disciplinares resulta mayor, y que, en consecuencia, hay un fuerte predominio
de necesidades de actualización disciplinar. Si la oferta de capacitación
resulta exitosa y brinda esta actualización disciplinar, su grado relativo de
importancia y/o su volumen de ofertas disminuye, porque van a cobrar volumen de
importancia otro tipo de necesidades que deben atenderse desde la capacitación
docente. b)
Brindar espacios de aprendizaje y de reflexión para proveer al mejoramiento de
las prácticas de aula o al mejoramiento de las prácticas institucionales. Es
función de la capa-citación no solo atender la actualización disciplinar sino
también promover espacios en los cuales los docentes puedan revisar e indagar
sus propias prácticas con el objetivo, ya no de actualizarse en determinados
contenidos, sino de analizar el tipo de obstáculos que tiene, identificar la
fuente o las fuentes por las cuales esos problemas existen en su escuela o en su
aula y darse a la tarea de buscar las soluciones en forma colectiva.
Este tipo de tarea también forma parte de la función capacitadora. El volumen,
la cantidad y la relación que tenga con la otra, (con la de actualización
disciplinar) va a depender en parte, de las políticas provinciales o federales
de capacitación y en parte, de los requerimientos de la propia realidad
educativa en la cual esa institución está inserta. c)
Indudablemente, hay otra tarea también permanente que se alberga dentro de la
función capacitadora, que es la capacitación para el ejercicio de nuevos
roles. Suponemos que hasta que no haya una formación para la conducción más
específica y más instalada en la formación de grado, es probable que el
pasaje del aula a la conducción institucional en cualquiera de sus formas va a
requerir de espacios de reflexión para poder posicionarse en el nuevo rol y va
a demandar espacios de actualización para adquirir conocimientos, herramientas,
rutinas que aporten al ejercicio del rol de conducción institucional.
También sabemos que en la medida en que los diseños curriculares incluyan
áreas nuevas del saber, como por ejemplo la tecnología o la informática, es
bastante probable que tengamos, por mucho tiempo, personas a cargo de estas
áreas que no poseen título docente y que también será función de esta área
del instituto atender a la formación docente de profesionales no docentes que
estén trabajando en el sistema educativo nacional o provincial.
Todas estas tareas permanentes podrán devenir en proyectos de capacitación
dife-renciables, con una presencia relativa variable según los requerimientos
políticos y pedagógicos. Esto reclama una gestión curricular flexible, es
decir la organización de espacios curriculares capaces de adoptar formas
diferentes, precisamente porque tienen objetivos específicos y van, por lo
tanto, a proponer contenidos dife-rentes en tiempos y escenarios peculiares. 13.
Los espacios curriculares de la capacitación podrán adoptar diferentes formas
atendiendo a los objetivos, los destinatarios, los contenidos, el tiempo y el
escenario institucional. Estos espacios pueden ser cursos o seminarios de
actualización, talleres de reflexión sobre las prácticas institucionales,
estudios de casos o ateneos didácticos, entre otras formas.
Es dable suponer que para brindar actualización disciplinar, un curso
tradicionalmente concebido o un seminario, pueden ser formas adecuadas de
organizar el espacio curricular. Pero si la meta o el objetivo es la indagación
de los problemas de la práctica docente, esa manera de organizar el espacio
curricular es profundamente inadecuada; un ateneo didáctico o un taller de
reflexión son formatos adecuados para este tipo de meta.
La duración de la oferta y el escenario en el cual se convoque a los docentes
para unos u otros objetivos, tendrán que ser distintos. Es posible plantear una
actualización disciplinar diferenciando varios conceptos ejes de la disciplina
en cuestión y desarrollar cada uno en cursos de 40 ó 60 horas de duración y
con un tipo de modalidad, por ejemplo, semipresencial o a distancia. Pero si se
intenta analizar los problemas que tiene un grupo de docentes de una determinada
región para lograr las metas de alfabetización o de dominio de la comprensión
lectora en uno u otro ciclo de la E.G.B., seguramente no resultaría adecuada
una modalidad a distancia, ni tampoco una duración de 40 horas, porque la
problemática tiene tal envergadura que, seguramente, se requiere un escenario y
un tiempo diferente del que resulte adecuado para la actualización disciplinar.
Estas cuestiones que hacen a las resoluciones curriculares al interior de los
institutos tienen que anticiparse como formas permanentes de resolución diversa
de una misma función de capacitación.
Por eso, en estos casos, la anticipación, el diagnóstico de necesidades y su
combinatoria con la política federal o provincial de capacitación es crucial
para darle sentido y valor a un proyecto de capacitación.
Es mucho lo que debemos hacer: la formación docente continua es una meta a
lograr. Por ahora vamos a transitar espacios de formación inicial, espacios de
capa-citación y querríamos que ambos espacios estuvieran profundamente
enraizados con tiempos y espacios reales de investigación. 14.
La potencialidad de la función de capacitación en el seno de las instituciones
formadoras, depende de su permanente articulación con la función de
investigación y de una gestión que apunte al tratamiento integral de la
complejidad y construya un equilibrio dinámico entre las prácticas cotidianas
y los requerimientos de transformación.
Diseñar las metas de la función de investigación en el seno de los
institutos, diferenciándola de la función de investigación que puedan tener
otras instituciones de producción académica como la universidad, puede ser
importante en esta etapa de transformación institucional. Una
de las primeras tareas puede muy bien orientarse hacia la investigación de las
propias prácticas
Esto requiere, como ya se dijo, de un tiempo y un espacio institucionalmente
organizado, para que grupos de docentes dados a la tarea de capacitar, puedan
convertir esta tarea en un objeto de indagación; esto implica modificar una
lógica del rol docente que es siempre prospectiva, (como docentes siempre
estamos proyectando hacia adelante), lo que supone transformar lo que ya hicimos
en un objeto de indagación hacia atrás.
Una gestión curricular flexible, una gestión institucional flexible, implica
la permanente articulación con las otras dos funciones y depende también de
que en el tratamiento que hagamos de esta gestión institucional y curricular no
dejemos nunca de lado la noción de complejidad y que construyamos un equilibrio
dinámico y permanente entre la complejidad de las prácticas cotidianas del
sistema educativo en el cual trabajamos y las articulemos siempre con los
requerimientos de las transformación.
Una gestión que se dé a la tarea de atender integralmente la complejidad que
significan las tres funciones, no admite que haya complicaciones, admite que
haya atención a la complejidad y esto requiere un nivel de eficacia y de
eficiencia muy alto para poder estar a la altura de las expectativas y a la
altura de las necesidades de un sistema educativo en transformación como es el
de la Argentina.
Termino diciendo que somos plenamente conscientes desde la Red Federal de
Formación Docente Continua, tanto en la cabecera nacional como en cada una de
las cabeceras provinciales, que hoy estamos haciendo un esfuerzo de extensión
de una oferta masiva de capacitación que, como meta, tiene el crecimiento, a
pasos agigantados, hacia su propia institucionalización y que somos conscientes
de que esto significa ni más ni menos que converger en puntos de encuentro en
el corto plazo, que te-nemos que mantener las lógicas de transformación de los
institutos atendiéndolas en su especificidad y las lógicas de la atención
masiva y generalizada de la capacitación docente también en su especificidad.
Pero que no podemos pensar en una gestión provincial que mantenga disociados,
desarticulados o faltos de convergencia o de metas comunes a ambos programas, a
ambos perfiles. De ahí que la tarea que nos queda sea un esfuerzo de
articulación programática de metas y de personas en cualquiera de los
programas que trabajemos.
Si hemos dado un paso adelante y nos hemos atrevido a transformar el Sistema
Educativo que permitió la construcción de la identidad nacional argentina, que
permitió educar al conjunto de comunidades inmigrantes que venían con
esperanza y la escuela argentina los transformó en ciudadanos argentinos, si
nosotros nos hemos atrevido a decir "esta ley 1.420 necesita una nueva
ley", no podemos dejar de estar a la altura del mandato y responsabilidad
histórica que nos hemos impuesto. Entonces aunque la tarea es mucha y compleja,
no tendría que desalentar el trabajo que todavía nos queda por realizar en
cada uno de los institutos. Muchas gracias". Trabajo
en Comisiones
Al término de la presentación de la Prof. Lombardi, y de acuerdo a la
mecánica prevista en el Seminario, los participantes conformaron tres grupos de
trabajo sobre la problemática planteada por la experta. A partir del análisis
propuesto en sendos ejes temáticos, los grupos debían poder establecer las
líneas prospectivas surgidas de las experiencias innovadoras, con sus avances y
dificultades, en los países de la Región.
Así, el Grupo 1 (Argentina, Brasil, Chile y Ecuador), reflexionó sobre
"las políticas públicas referidas a la capacitación docente",
planteando la necesidad de conocer y comprender esa problemática en el contexto
de cada país representado.
La Argentina señala que la Ley Federal de Educación, como marco legal vigente,
inicia una serie de transformaciones del sistema educativo, que implican,
necesariamente, a las actividades de capacitación como un deber y un derecho de
los docentes, y la necesidad de asegurar un sistema permanente de
profesio-nalización y actualización de los mismos. A través del Consejo
Federal de Educación, como órgano de decisión política, se crea la Red
Federal de Formación Docente Continua, con una Cabecera Nacional y veinticuatro
Cabeceras Provinciales, correspondientes a cada una de las jurisdicciones
políticas del país. El sistema de capacitación se organiza a nivel
provincial, integrando tanto a los agentes públicos como privados,
universidades y otros centros de formación.
Ecuador explicita que, históricamente, no ha tenido políticas públicas de
capacitación docente y que sólo recientemente se ha constituido una Red
Nacional de Capacitación Docente, integrada por redes provinciales y
cantonales. Al ser este programa financiado por el Banco Mundial, se cuestiona
su continuidad. Como alternativa, se han implementado los Círculos de Estudio,
pequeñas redes locales de capacitación, constituidos principalmente por
profesores de educación básica, que trabajan sobre materiales distribuidos por
el Ministerio nacional.
En el caso del Brasil, se destaca la dificultad de compatibilizar una política
nacional con las propias de los estados y municipios, en orden a que éstos
tienen una autonomía total de gestión de sus sistemas educativos. En la
actualidad, se están discutiendo las directrices curriculares para los
distintos niveles de enseñanza, como para la formación docente, la cual se ha
planteado en el nivel superior. Este tema es de gran importancia, puesto que en
Brasil existe un alto porcentaje de docentes no titulados, problema que se
agrega al de la extensión geográfica del territorio y al elevado número de
alumnos, docentes y escuelas que ello supone. Por ello sugiere la utilización
de sistemas de capacitación a distancia o de tipo semipresencial.
Chile, por su parte, posee un Centro de Perfeccionamiento de Profesores, de
carácter centralizado, al cual se ha agregado, a partir de la última reforma,
un sistema de pasantías en otros países, organizadas por el Minis-terio de
Educación. Esta experiencia, bastante extendida, aún no ha sido eva-luada
consistentemente. Otra estrategia que también se aplica es la de organizar
grupos de docentes, en horarios especiales dentro del turno escolar, pero se han
encontrado dificultades para su implementación.
El grupo en conjunto se plantea la tensión existente entre las alternativas de
centralización o descentralización de la capacitación docente, enfrentándose
tradiciones de acción gubernamental centralistas con las nuevas necesidades de
adecuación del sistema educativo. En general, se acuerda en que existen
dimensiones políticas que deben centralizarse, en referencia a las garantías
de calidad y de financiamiento que el Estado nacional debe asegurar y se
señala, asimismo, la dificultad de las instituciones educativas en asumir, en
forma autónoma, su responsabilidad sobre la capacitación docente, en razón de
no estar dadas las condiciones operativas y académicas para ese cambio.
Finalmente, se señala la tendencia actual hacia una nueva centralización de la
gestión de los sistemas educativos en el mundo.
El Grupo 2 (Argentina, Brasil, Costa Rica, Ecuador, Perú, Uruguay, Venezuela y
la OREALC Chile), trabajó sobre la "caracterización de las instituciones
de capacitación docente".
Los distintos países e instituciones representadas en el grupo, hacen una breve
presentación sobre la situación de las instituciones de capacitación en cada
uno de ellos. De tales exposiciones se pueden inferir algunas tendencias, que se
desarrollan a continuación.
En la mayoría de los países, el acento en la capacitación, como actividad
obligatoria, se produce dentro los procesos de reforma de los sistemas
educativos, ya se trate de cambios en la estructura (pasaje de educación
primaria a educación básica) o de procesos de descentralización
administrativa y curricular.
Mientras en algunos países toda la oferta de capacitación es pública -Uruguay
y Venezuela-, en el resto coexiste la oferta pública con la privada. Las
modalidades pueden manifestarse a través de convenios entre el estado nacional
y las provincias o municipios o por delegación de la actividad de capacitación
en instituciones de nivel terciario, institutos especializados o asociaciones de
profesores, a partir de licitación o mediante el reconocimiento de los cursos
brindados, etc. Si bien en varios países, como es el caso de la Argentina y el
Ecuador, se están organizando redes de instituciones de capa-citación, en la
mayoría de los casos, los programas operan con un relativo aislamiento.
Uruguay, con oferta exclusiva de carácter público, ha creado tres
instituciones, las que se suman al Instituto del Profesorado José G. de
Artigas, la única existente hasta 1997. Todas ellas combinan funciones de
formación inicial y capacitación y Venezuela, también con el mismo tipo de
oferta, posee centros zonales de capacitación, con equipos multidisciplinarios
de aproximadamente veinte personas, que trabajan principalmente en talleres.
Se plantea la cuestión acerca de las fragmentaciones que tal situación puede
provocar y la necesidad de contar con mecanismos para corregir un sistema con
ofertas desiguales y sin coordinación entre ellas. Asimismo, se hace referencia
a que los contenidos de capacitación son impuestos externamente por
especialistas nacionales o internacionales o son preestablecidos desde el nivel
central y no surgen como un proceso autogestionado entre pares. Como respuesta
al problema, Uruguay indica que cuenta con una Asamblea Técnica Docente,
constituida en todos los niveles del sistema, que permite identificar las
necesidades de capacitación y otros países, como Ecuador, que posee los
Círculos de Estudio en las escuelas. Pero en el resto de las jurisdicciones
na-cionales, la capacitación se realiza fuera de la escuela e incluso en los
períodos de receso escolar y, en muchos casos, es la Universidad quien hace la
oferta de capacitación, fuera del sistema creado por el Ministerio del área.
En relación con la influencia de la capacitación sobre la carrera docente, se
indica que en la mayoría de los países la misma está pensada como
"actualización disciplinar", y que los maestros y profesores
prefieren aquellos cursos que pueden acreditar para su promoción.
El otro tema de discusión grupal, fue el referido a la institucionalización
del proceso de capacitación. Al respecto, se coincidió en la necesidad de
establecer un sistema permanente pero flexible a la demanda, que busque resolver
la tensión entre la burocratización que puede acarrear dicha
institucionalización y la discontinuidad que puede provocar el cambio constante
de responsables y modelos.
Queda pendiente, por fin, la discusión acerca de las modalidades centralizadas,
descentralizadas o mixtas en la operación de los sistemas institucionales de
capacitación.
Finalmente, en el Grupo Nº 3 (Argentina, Bolivia, Colombia, Guatemala, Paraguay
y Venezuela), se discute sobre "los contenidos y las distintas
metodologías implementadas en los procesos de capacitación docente". En
ese sentido, se señala que los contenidos de esa capacitación docente en los
distintos países, se basan en las políticas y lineamientos diseñados por el
minis-terio nacional y/o en diagnósticos de logros educativos alcanzados, y en
todos los casos se coincide en la necesidad de fortalecer los contenidos y
técnicas de enseñanza-aprendizaje referidas a las áreas básicas de idioma y
matemática, objetivo general de aquellos diagnósticos. En algunos países,
como es el caso de Bolivia, Guatemala y Paraguay, se señala el problema del
bilingüismo, que exige una capacitación especial de los docentes.
Se cuestiona la capacitación en cascada, pues al pasar por distintos niveles,
llega en forma distorsionada al docente de base y se reclama que se considere la
importancia de la capacitación de los niveles medios y de supervisión, pues al
no estar involucrados en el mismo proceso, se convierten, muchas veces, en freno
para la transformación.
Se señala que en la mayoría de los países, existe, a nivel de las escuelas,
algún tipo de centro de autoformación o estudio, que recoge las necesidades
locales y actúa como multiplicador de la capacitación impartida por las
instituciones especializadas, que en muchos casos son las Universidades
(Colombia, por ej.). En este mismo sentido, pero con otra estrategia, Bolivia
informa que, dentro de los Centros de Capacitación, existe una instancia de
asesorías pedagógicas para los núcleos escolares, de carácter permanente,
que atiende y transmite las necesidades de las escuelas.
Colombia y Venezuela, señalan la importancia del fortalecimiento de los
proyectos a nivel de escuela y aula, por medio de los cuales la capacitación se
orienta a satisfacer las propuestas de las escuelas y de los maestros.
La estrategia de "microcentros" o "círculos" de docentes,
desarrollada por muchos de los países, ha favorecido su reflexión continua y
el desarrollo de procesos de investigación, apoyados en varios casos por las
Universidades locales.
Se plantea como reto el lograr que la capacitación recibida por el docente sea
volcada en la escuela y el aula, modificando la situación preexistente, pues
los cursos y talleres son un éxito en el nivel académico, pero luego no se
verifican logros en el quehacer educativo. Sobre
la formación docente Trabajo en Comisiones
De la misma forma en que se trabajó para abordar la problemática de la
capacitación, el Seminario continuó con el tratamiento de aquella
correspon-diente a la formación docente. Así, también se conformaron tres
grupos para trabajar dicho tema.
El Grupo Nº 1 (Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Perú y Uruguay), centró la
discusión sobre "la formación inicial de los docentes y los perfiles
requeridos para desarrollarla", compartiendo la necesidad de revisar el
carácter profesional del docente, que históricamente ha sido dejado de lado, y
que es hoy una exigencia de los nuevos perfiles requeridos para los responsables
de la tarea educativa. La formación inicial está destinada a preparar a
aquellos que inician su ca-rrera. Sin embargo, se considera que la misma no es
un hecho aislado en el tiempo, sino que debe pensarse dentro de un proceso de
formación permanente. A continuación, se plantea la necesidad de que esta formación inicial dé respuesta a los cambios planteados por exigencias instaladas desde bastante tiempo en el contexto educativo, como a aquellos basados en nuevas demandas. Aparece, entonces, el tema de la concepción sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje. Al respecto, hay consenso en que la formación de profesores desarrolle una mayor autonomía intelectual en el docente, de modo que éste se transforme en productor de acciones pedagógicas y no en un mero repetidor de recetas. Por otra parte, se insiste en la importancia de la coherencia que debe existir entre la concepción teórica del proceso de aprendizaje, y su desarrollo en el propio sistema de formación. Asimismo, son exigencias pendientes el planteo de cambios en la currícula de la enseñanza básica y, también, la consideración acerca de la complejidad de la tarea docente. En este último sentido, se señala que un profesional egresado de la formación docente inicial, que está habilitado para trabajar con niños de 0 a 10 años, en muchos casos debe hacerlo también con jóvenes y adultos que cursan la escuela fundamental. Otra cuestión es la tendencia actual hacia la integración de los educandos con necesidades especiales con aquellos que no presentan tales características. De este modo, la formación inicial debe responder a muchos y difíciles requerimientos, lo que implica una gran dificultad para cumplimentarla, con la calidad necesaria, en los tiempos de estudio prescriptos por los institutos de formación. De aquí la importancia de la formación continua, que debe complementar y sostener a aquélla.
Por otra parte, entre las nuevas exigencias que plantea la actual formación
inicial, aparece la del reclutamiento social de los docentes. Es importante
reconocer quiénes son hoy los postulantes a la carrera docente, cuál es su
origen socioeconómico y cuál el status profesional que brinda la actividad
educativa, reconociendo la pérdida de su valoración histórica. Sin embargo,
junto a esta cierta descalificación social, surge una nueva demanda, referida a
la función social del profesor, quien debe responder, desde el currículo, a la
diversidad de origen, cultura o lengua de sus alumnos, entre otras diferencias
posibles. También se observa, tal vez como estrategia frente a las nuevas
condiciones del proceso de enseñanza-aprendizaje, la transición del rol
docente desde una perspectiva individual hacia una configuración del trabajo
colectivo y a una revalorización de la investigación.
Todas estas cuestiones deben ser tratadas al definir los perfiles de la
formación de los futuros docentes, tanto en el ámbito de los contenidos como
en el de las metodologías. Debe decidirse, no solo qué contenidos precisa
dominar el profesor para desempeñar su rol, sino de qué forma se van a
socializar esos contenidos dentro del proceso formativo.
Por fin, la formación inicial enfrenta actualmente otro serio problema,
proveniente del limitado dominio cultural de los postulantes a la docencia. La
evidencia muestra un escaso contacto del joven con hechos culturales como, por
ejemplo, la lectura, el teatro o el cine. De aquí que los contenidos y la
metodología de formación deberán estar pensados, también, para ofrecer la
necesaria compensación.
Paralelamente, el Grupo Nº 2 (Argentina, Brasil, Costa Rica, Ecuador y
Venezuela), reflexionó sobre el eje temático referido a "la potenciación
cultural e institucional de la formación docente".
A partir de una amplia discusión sobre las formas en que cada país asume la
responsabilidad de la formación docente, y frente a la gran preocupación de
ofrecerla con la mayor pertinencia, equidad y participación posible, el grupo
señaló algunos puntos en común, que deben ser de consideración prio-ritaria
para lograr una formación de calidad
En primer lugar, el diseño y ejecución del currículo para la formación
docente, requiere de un sistema que atienda y garantice la diversidad
sociocultural de nuestros países, y ello es función de los institutos de
formación.
Otro punto importante, es el balance entre la urgencia con que se implementa la
transformación y la calidad y profundidad del cambio pretendido. El activismo o
la improvisación, que desconocen el trabajo a largo plazo, y la falta de
asesoramiento o capacidad suficiente, impiden u obstaculizan, casi siempre, la
obtención de cambios oportunos y pertinentes. De allí, se deriva la tensión
existente, en muchos casos, entre el diseño curricular, la organización
escolar y la práctica docente. Con frecuencia se encuentran currículos con
gran calidad de diseño, pero totalmente divorciados de la realidad, u
organizaciones que no permiten que ese diseño se desarrolle o que aquellos que
lo deben ejecutar no sienten el compromiso con la enseñanza. Es importante
romper el círculo de aislamiento entre diseñadores y ejecutores, para que se
logre efectividad y eficiencia para transformar la realidad.
Otra de las dificultades señaladas en el tema del diseño y función del
currículo, es la falta de relación que muchas veces existe entre la
universidad y los institutos normales o superiores no universitarios. Esto
provoca la superposición en la utilización de recursos, que no se reconozcan
los estudios realizados en cada caso o la descalifican mutua. Junto a este tema,
se cita también el de la relación Estado/iniciativa privada, que no termina de
definirse con claridad.
Finalmente, se señala que, por medio del desarrollo curricular, deben crearse
los dispositivos que aseguren que el sujeto formado como docente sea responsable
de su misión profesional. La formación no debe culminar en el título, sino
que debe existir una labor de seguimiento generada por la propia institución
formadora. Muchas veces, afirma el grupo, la sociedad dirige a la institución
formadora las quejas sobre la calidad de los educadores, pero esa
responsabilidad también les cabe a los propios docentes frente al aula. De
cualquier forma, la misma debe ser asegurada desde el momento de la formación
inicial y aun desde el diseño del currículo y la decisión de las estrategias
para su ejecución.
Por fin, el Grupo Nº 3 (Argentina, Bolivia, Colombia, Guatemala, Paraguay y
Venezuela), trató el tema de "la diversidad cultural".
La realidad de los países participantes, con excepción de la Argentina, hizo
que la problemática de la diversidad se abordara desde la perspectiva étnica y
lingüística.
En primer lugar, se reconoció que a partir de los años 80, en los dife-rentes
países representados en el grupo se habían desarrollado marcos políticos que
reconocían la diversidad cultural, así como leyes y programas educativos en
ese sentido.
En el caso de Bolivia, dicho marco tiende a la revalorización de la diversidad
étnica y cultural, planteando la pedagogización cultural como medio para el
desarrollo del currículo, ya sea en la formación inicial como en la misma
práctica de los servicios educativos. El bilingüismo queda integrado al
interior de la diversidad cultural y no a la inversa. Es ésta una decisión
político-ideológica, con un doble eje entre lo que se denomina "lengua
materna" y "segunda lengua", con una estrategia de aprendizaje
entre la/s lengua/s originarias de Bolivia y el español.
En Colombia, por su parte, se destaca el desarrollo de prácticas de
bi-lingüismo, pero dirigidas tanto a las poblaciones aborígenes como a la
afro-colombiana. Se promueve el reclutamiento de maestros nativos, a los que se
da prioridad para su nombramiento en las zonas aborígenes. La escuela normal
prepara para el desempeño en esas escuelas y los centros educativos regionales
y/o municipales abordan las problemáticas especiales.
El Paraguay, a diferencia de otros países, promueve una lengua nacional, el
guaraní, no identificada con ningún grupo de aborígenes en especial. Los
institutos de formación docente tienen la responsabilidad en la preparación de
maestros de preescolar y primaria, tanto en el idioma guaraní como en
castellano. El grupo de Paraguay reconoce que esta estrategia ha dado muy buenos
resultados en el sistema escolar.
En Guatemala, la multiplicidad de lenguas aborígenes y la oposición de muchas
familias nativas a la enseñanza en la lengua materna, hace difícil la
producción de textos y adecuaciones curriculares efectivas, situación que se
agrava por la inexistencia de sistemas gráficos de escritura en los idiomas
nativos. Esto trae, incluso, serias dificultades en la enseñanza de las
disciplinas científicas, por lo cual el aprendizaje de las mismas se realiza,
actualmente, en idioma castellano. Se destaca, sin embargo, que en el caso de
las ciencias na-turales, se ha empezado a enseñar, conjuntamente con el sistema
universal, el desarrollado por la cultura maya.
Finalmente, Venezuela señala que en los estados fronterizos de ese país, en
especial en el límite con Colombia donde habitan diversas etnias, existen
comisiones encargadas de asistir a los docentes, que elaboran, junto con éstos,
las adecuaciones curriculares y los textos necesarios para las diferentes
expresiones culturales. Existen grupos llamados "comisiones
indigenistas", adscriptos a la Secretaría de Educación y, asimismo, se
promueve la formación de maestros indígenas, que reciben una bonificación
especial por su trabajo con las etnias.
La Argentina, si bien hace referencia a experiencias con casos de poblaciones
aborígenes en Formosa, Chaco y Neuquén, insiste en que esta problemática no
es la única que refleja la diversidad cultural o al menos no es la dominante.
Al respecto, señala otros tipos de diversidad; el eje rural-urbano, el eje
urbano-urbano/marginal y las lenguas de frontera, como el portuñol y el
guaraní, en los límites con Brasil y Paraguay, respectivamente. Conclusiones
Terminado el trabajo grupal, el Prof. Luis O. Roggi, Coordinador del Programa
Nacional para la Transformación de la Formación Docente y Actualización
Profesional del Ministerio de Cultura y Educación de la Argentina, tuvo
oportunidad de resaltar los aportes más significativos de ese trabajo, en los
siguientes términos: "Es
muy difícil resumir lo expuesto por los grupos, por cuanto, como
corres-pondía, cada uno de ellos enfocó las experiencias desde distintos
puntos de vista.
De lo expuesto, me pareció interesante el hecho de que se haya hablado con
insistencia del tema de la diversidad, no sólo de la cultural, sino a la
diversidad en ge-neral. Hace una década, difícilmente se hubiera planteado de
esta forma.
Sabemos cómo se empobrece la escuela cuando no la toma en cuenta, formulando
una sola respuesta pedagógica para una población, supuestamente homogénea; de
allí la relevancia que adquiere su consideración en la etapa de la formación
de los maestros, por cuanto si no se los prepara para la diversidad, luego, en
la escuela, es muy difícil que el docente pueda elaborar una respuesta diversa.
Las dificultades que este tema tiene, pueden verse claramente a partir de dos
casos distintos de diversidad, que quiero traer como ejemplo: la integración de
los portadores de discapacidades y la lingüística. Respecto del primero, y
más allá de las declaraciones formales, sólo Noruega, Suecia y, parcialmente
Inglaterra, con sistemas educativos ricos y pequeños territorialmente, han
podido llevar a cabo procesos integradores. Algunos otros países que intentaron
avanzar en esa línea, tuvieron muchas dificultades con las familias de los
niños que no tenían discapacidades, con la escasez de profesores adecuadamente
preparados y con la ausencia de locales apropiados. América Latina no tiene
experiencia en esta problemática, y sólo en algunos países se está pensando
en integrar algún tipo de discapacidad. En este sentido, Panamá tiene una
propuesta bastante creativa, y factible desde lo presupuestario, en la que se
enfatiza la capacitación docente para detectar tempranamente las discapacidades
y derivar los casos, para su pronta atención, a los centros especializados.
Respecto de la diversidad cultural expresado en lo lingüístico, los
especialistas no se han puesto de acuerdo sobre cómo debe trabajarse el tema.
Paraguay tiene una experiencia llevada a cabo por renombrados expertos, pero la
misma no es extrapolable, porque es el único país que tiene vigente dos
lenguas. En el resto de los países, la población indígena latinoamericana es
atendida por maestros que no hablan su idioma y únicamente acceden a él por
medio de la especialización. Dado el porcentaje de esa población en América
Latina, es imprescindible redoblar esfuerzos para que ella pueda acceder al
conocimiento científico y tecnológico y, además, al dominio pleno de una
lengua que nunca terminan de aprender plenamente.
Otro tema planteado aquí, es el de los procesos de cambios educativos y la
profundidad que ellos pueden alcanzar en un lapso determinado. En esto, no hay
que olvidar que la oportunidad y el ritmo de esos cambios depende de una
decisión política -cotejando debilidades y fortalezas-, en función del mejor
momento para implementarlos. No existen fórmulas generales, pero hay que
considerar que en nuestros países, muchos procesos de transformación no
tuvieron éxito por no tener en cuenta "los tiempos políticos". Una tensión muy importante y profunda, señalada en el trabajo grupal, es la que se produce entre el diseño curricular y la organización institucional, en la cuál, aquél se desarrolla. Varios grupos hicieron mención de este problema. En este sentido, es posible afirmar que es imposible llevar adelante una propuesta que busque preparar profesores autónomos en instituciones autoritarias. En América Latina, las instituciones de formación docente siguen siendo muy rígidas. Por otra parte, dependen demasiado de la preocupación política de los gobiernos, y todo ello no ayuda a la creación de un clima que facilite la preparación de maestros críticos y democráticos.
También se ha señalado la tensión existente entre el diseño curricular y la
práctica en el aula. Teóricamente, es fácil tomar a ésta como eje
estructurante del curriculum, pero ello es difícil de implementar. En la
Argentina, se está trabajando en esa línea; hay provincias que están más
adelantadas que otras, aprovechando las orientaciones nacionales emanadas del
Consejo Federal de Cultura y Educación, para que las instituciones de
formación tengan libertad para organizar su propio curriculum, en el contexto
de la Ley Federal de Educación y las políticas provinciales.
¿Y
cómo conocer la realidad cotidiana del trabajo en el aula? La investigación y
la capacitación en servicio deben proveer de información sobre la misma para
poder estructurar la oferta pedagógica. Tanto la investigación como la
capacitación en servicio, dan elementos y criterios para que el profesor y los
alumnos puedan juzgarlo en su relación con el proceso educativo. La idea es que
la institución se sienta referida a una zona de influencia, zona donde los
alumnos hacen sus prácticas durante toda la ca-rrera, y puedan llevar adelante
las investigaciones con el objeto de recoger los elementos del contexto para
volcarlos en la programación de la institución. Sobre esto, se ha caminado muy
poco. Sin embargo, algunas provincias como Río Negro, han podido avanzar, y su
experiencia fue incorporada a la propuesta nacional.
Otra problemática en América Latina, dentro de la organización de los
subsistemas de formación docente, es aquella que se produce entre el Estado y
el sector privado. En la Argentina, el 34% de las instituciones es de gestión
privada, y están regidas por las mismas normativas que las estatales. Es
interesante, como ejemplo del accionar conjunto de instituciones dependientes de
ambos sectores, la implementación, a partir del presente año, de un sistema de
acreditación de carreras y de instituciones, con evaluación externa, que se
aplica igualmente a institutos oficiales y privados.
Relacionado con lo anterior, quisiera mencionar, por fin, un problema que no fue
abordado en este Seminario y que se refiere a que la escuela pública de
gestión oficial está obligada a tener en cuenta el aumento de la pobreza.
Cada vez más, la escuela estatal es para los pobres. Los grupos populares
tienen dificultades específicas, y la escuela, como instrumento de progreso
social, debe conocerlas. También deben conocerlas los institutos de formación,
en función de los conocimientos, hoy día, disponibles: ¿qué es la pobreza?,
¿cuáles son sus causas?, ¿cuáles son sus manifestaciones? Ésta es la forma
en que la escuela oficial, con docentes así formados, podrá acortar la
distancia económica y cultural que tienen esos grupos populares para acceder a
la meta que implique responsabilidades políticas y el ejercicio pleno de sus
derechos. Esta problemática, cada vez más acuciante, no parece tener fin. No
obstante, parecería que nuestros países no toman conciencia de ella. En
relación con ello, es imperioso no seguir formando docentes para atender sólo
a la clase media, con pocos conocimientos para comprender los contextos sociales
de los cuales proviene la mayoría de los estudiantes. Propuestas
de transformación en formación y capacitación docente
A continuación de estas reflexiones, la organización del Seminario dio lugar a
que las representaciones de cada país expusiesen sus propuestas de formación y
capacitación docente, enfatizando los rasgos que pudieran diferenciarlas. Argentina
Se señalan tres cuestiones características de la propuesta nacional de
formación docente, y una cuarta que atraviesa las otras tres.
La primera cuestión tiene que ver con la propuesta curricular, y si bien se
reconoce que la reforma del currículo de formación docente es común a la
mayoría de los países participantes, se destaca un énfasis particular sobre
la participación de las instituciones, a las que se brinda la posibilidad de
definir y cerrar su diseño curricular. Para ello se trabaja con tres niveles de
especificación del currículo: nacional, provincial e institucional. Esto
permite brindar o-rientaciones nacionales homogéneas y, a la vez, atender a las
particularidades regionales y a las necesidades locales, para lo cual se cree
que las instituciones están en mejores condiciones de hacerlo que los niveles
centrales.
El segundo aspecto a puntualizar, es la convicción de que una propues-ta de
cambio para la formación docente, no sólo se garantiza desde los aspectos
curriculares, sino también desde una organización institucional que la
dinamice. Se considera que el futuro docente se forma tanto a través del
currí-culo formal como mediante las experiencias y vivencias que reciben en los
institutos formadores. Es así, que una institución rígida, desvinculada del
contexto socio-cultural, cerrada sobre sí misma, no propicia el tipo de docente
que se pretende. En tal sentido, se está pensando en vehiculizar nuevas formas
de admi-nistración de las instituciones y en generar mayores vínculos con el
contexto. Con esto, se quiere indicar una mayor relación con las
escuelas-destino, es decir aquellas en las cuales se insertarán los futuros
docentes, así como con otras instituciones académicas y con aquellas no
ligadas estrictamente al ámbito educativo, como ONGs o asociaciones vecinales,
comunitarias, etc. Otra cuestión re-levante, relacionada con la organización
institucional, es la implementación de acciones vinculadas a la capacitación e
investigación/extensión, conjuntamente con la formación inicial.
Un tercer rasgo, es el proceso de acreditación. Esta propuesta refiere a una
evaluación externa que dé cuenta de la calidad y factibilidad del proyecto
educativo institucional. Se evalúa la titulación de los docentes, la
producción científica, académica y pedagógica del establecimiento, las
características de las actividades de capacitación desarrolladas, la
evolución histórica de la matrícula, los índices de retención y graduación
de alumnos, las relaciones entre la institución y la comunidad, etc. No es una
evaluación de alumnos o docentes, sino de instituciones y carreras.
Hay un cuarto aspecto que atraviesa los anteriores y que tiene que ver con la
resolución de la tensión entre la autonomía y la homogeneidad en el sistema.
Frente a un sistema históricamente centralizado, que hoy se encuentra en
proceso de descentralización, el desafío en cómo propiciar niveles crecientes
de autonomía sin generar anomia en el sistema. Hasta el momento, el camino en
que se busca resolver esta tensión es a través de orientaciones nacionales con
respecto a la formación docente, que deben ser procesadas y traducidas por cada
una de las gestiones de los gobiernos educativos provinciales. Es así, que la
homogeneidad estaría dada por la presencia de los contenidos básicos comunes
para todo el país y de los parámetros, también comunes, para el proceso de
acreditación. La autonomía, por su parte, aparece en la medida en que las
provincias y las instituciones definen sus lineamientos y propuestas
curriculares, las formas de organización institucional que asumirá la
formación docente en cada contexto y, específicamente, el proyecto educativo
institucional. Bolivia
El sistema de capacitación y el de formación docente está, desde 1994, en un
proceso de transformación global, tanto en el aspecto institucional como
curricular. En el primer caso, debe señalarse que, anteriormente, el sistema
educativo estaba definido en dos subsistemas: educación urbana y educación
rural, división que, de hecho, implicaba, no sólo una separación estructural,
sino también una situación de discriminación. En el nuevo contexto de
descentralización educativa es, por lo tanto, necesario cambiar la lógica de
los responsables de la educación boliviana y capacitar para que la misma sea
manejada por los gobiernos departamentales.
El aspecto curricular concierne en mayor grado a los docentes, que deben cambiar
desde un curriculum centralizado, verticalista, en cierta forma alienante, que
no respetaba la diversidad cultural boliviana. La reforma educativa tiene su
origen en la misma Constitución Nacional, que reconoce a una Bolivia con
multifacéticas situaciones culturales, lingüísticas, económicas,
ecológicas, etc. Si la educación debe partir de una situación
contextualizada, tendrá que hacerlo desde la realidad aymara, quechua,
guaraní, cadileño, chaboco o de cualquiera de las treinta y siete
nacionalidades que existen en Bolivia. Si la educación debe ser pertinente,
tendrá que responder, entonces, a los propios intereses de los alumnos,
especialmente respecto a su lengua. Hasta 1994, la educación presentaba una
sola línea cultural basada en el idioma castellano, lo que era inadecuado para
el contexto del país, pues la fonología, las formas de ver la naturaleza, las
lógicas de pensamiento, son absolutamente distintas según los diversos grupos
lingüísticos. La actual capacitación docente está atacando fuertemente ese
aspecto, pudiendo señalarse, por ejemplo, que los asesores pedagógicos deben
manejar, como requisito obligatorio, alguna de las lenguas originarias, tanto en
forma oral, como en la lectura y escritura. El curso de asesores apoya esta
preparación.
Por todo lo anteriormente indicado, se sostiene que la educación debe ser
intercultural-bilingüe, donde el acento está dado sobre la diversidad cultural
y, dentro de ella, la lengua aparece como elemento central. Pero esta
perspectiva no debe aplicarse solamente en los grupos indígenas, pues de esa
forma se causa también discriminación. Debe ser extendida a todos los grupos
sociales, pues si bien el 67% de los bolivianos que habla alguna lengua
indígena, debe conocer el castellano, es importante que los grupos
hispanoha-blantes conozcan, a su vez, la lengua nativa originaria de su entorno,
a fin de facilitar la comunicación e integración social. El sistema de
formación docente ya está empezando a crear y diseñar perfiles y espacios
dentro del propio sistema, para lograr el dominio de lenguas originarias y/o del
castellano, como primera o segunda lengua alternativamente.
En la política educativa boliviana, también se está empezando a cons-truir el
proceso de formación de los educandos a partir de los conocimientos previos de
los alumnos, basados en sus propios valores y prácticas culturales. En este
sentido, no sólo se reconocen los valores y prácticas de las sociedades
indígenas originarias, sino las de origen castellano y criollo-mestizo.
La educación intercultural-bilingüe, planteada por ley, no debe quedarse en el
discurso; debe llegar al aula, pues si esto no sucede, no habrá transformación
educativa. La segunda lengua, ya sea ésta la originaria, el castellano, el
inglés, el francés o cualquier otro idioma que todo boliviano tiene derecho a
aprender, debe ser adquirida con una metodología apropiada. Todo individuo debe
poder apropiarse de aquellos elementos culturales universales que le sean
útiles, ya sean éstos la lengua o la tecnología. En este sentido, se está
trabajando en la capacitación docente y, desde el año pasado, en la formación
de los nuevos maestros. De esta forma, en poco tiempo egresarán docentes
formados en este nuevo enfoque y se facilitará el proceso de transformación
del sistema educativo a nivel nacional. Brasil
En el Brasil, los Estados y Municipios tienen autonomía absoluta en el sistema
de enseñanza, por lo cual el papel que cumple el Ministerio de Educación
Nacional, es el de inductor de políticas. No existe, por lo tanto, una red de
capacitación impulsada desde el nivel central, sino propuestas de metas de
calidad y líneas directrices que, se espera, adopten los Estados, si las
consideran pertinentes.
Lo mismo ocurre con el currículo de la formación de docentes en enseñanza
básica. Para ello, el Ministerio de Educación elaboró Parámetros
Curriculares Nacionales, para los ocho grados de la enseñanza fundamental. En
sintonía con estos lineamientos se desprenden las referencias curriculares
co-rrespondientes a la educación infantil y los destinados a jóvenes y adultos
y a la educación indígena.
La propuesta preliminar sobre las bases de referencia, fue elaborada por un
grupo de especialistas. El documento fue evaluado a nivel nacional por dos vías
diferentes: una, a través de las opiniones de especialistas de diversas áreas
y de instituciones vinculadas a la enseñanza, a los cuales se les remitió el
documento original. Otra, mediante la realización de seminarios de discusión
en todo el país. Este último proceso presentó dificultades en razón de las
vastas dimensiones del país y la diversidad de los veintisiete estados que lo
componen.
La señalada autonomía de los Estados y Municipios, ha exigido que la propuesta
tenga un elevado nivel de calidad, para asegurar su posterior implementación.
Una ventaja obtenida por estos Parámetros, es el hecho de que, históricamente,
no existía en el país una referencia curricular nacional, con excepción de
los programas de estudio, por lo cual la propuesta cumple en llenar ese vacío.
En referencia al área de formación docente, se presentó en este Seminario un
diagnóstico sobre la situación del sector y las perspectivas posibles frente a
la Ley Nacional de 1996, la cual determina que la formación de profesores en el
Brasil tendrá que hacerse en el nivel superior y se deberá implementar en un
plazo de diez años. Esto es muy importante, ya que en el Brasil, sobre un total
de 1.700.000 profesores en enseñanza fundamental, 225.000 no son habilitados,
entre los cuales, algunos no concluyeron la enseñanza fundamental.
Ahora bien, por la implementación de aquella ley de 1996, aparece la
posibilidad de que la formación de profesores, tal como se indicó, se lleve a
cabo en institutos superiores, los cuales pueden funcionar o no, dentro de las
universidades. Pero éstas, no se resignan a perder su hegemonía en la
formación superior, aunque siempre le han otorgado a sus Departamentos de
Educación un lugar desvalorizado en comparación con los de otras
especialidades, como medicina o ingeniería. Tal vez, éste sea un desafío
saludable para las universidades, y la competencia con los Institutos
especializados permita ubicar a la formación de docentes en un mejor nivel.
Por otro lado, la representación de Natal, destaca sólo dos características
centrales y permanentes para un perfil de profesor que, dada la globa-lización
del conocimiento y los cambios permanentes del mundo actual, va a evolucionar
constantemente. Por una parte, la formación debe tener en cuenta la
profesionalización del docente; es decir que los profesores sean realmente
profesionales de la educación, como sucede en cualquier otra disciplina. Por
otro lado, es importante instrumentar al profesor para que valorice la necesidad
de actualización, a fin de apropiarse de los conocimientos que cambian cada vez
con mayor rapidez.
Con respecto al currículo de formación docente, se agrega que, sin dejar de
lado la formulación de principios básicos que puedan servir para todas las
regiones y países y para cualquier nivel de formación, sea esta del nivel
fundamental o medio, es importante encontrar alternativas que busquen atender
las diversidades. Pero además de esto, deben asegurarse los mecanismos que
permitan desarrollar esas propuestas y sean capaces de alcanzar los objetivos
planteados. Esos objetivos deben contemplar algunos principios básicos tales
como: *
Estrecha relación de la teoría y la práctica. *
Integración del contenido con la metodología. *
Investigación didáctica. *
Interdisciplinariedad. *
Importancia del trabajo personal y autónomo del educando. *
Mediación de la formación a través de una tutoría. *
Posibilidad de recorridos personalizados. Chile
En Chile, cuyo Ministerio de Educación posee un Programa de Fortalecimiento de
la Formación Inicial Docente, existen alrededor de 25.000 alumnos en carreras
docentes, pero esta cifra ha ido disminuyendo en forma significativa en los
últimos años y, por otra parte, hay zonas geográficas claves donde no se
registran ingresos. La disminución de la matrícula se destaca en materias como
física o matemáticas, lo cual llevaría a que en pocos años más no existan
profesores para algunas carreras.
Por otra parte, es indudable que la formación que se imparte no es buena y que
falta una política de estimule el ingreso de estudiantes a la docencia,
promueva su retención, apoye su inserción laboral y realice el seguimiento de
su desempeño. En las universidades que tienen formación docente, no existe articulación entre los departamentos y facultades, ya que la preparación en la especialidad y la formación pedagógica se dan por separado, sin coordinación alguna entre ambas. Hay también carencia de recursos como bibliotecas, computadoras y otros equipos.
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webmaster: Marcelo Adrián Fuentes |
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