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LA ATLÁNTIDA «Más
grande que Libia y Asia juntas... la isla de
la Atlántida... fue tragada por el mar y desapareció...»
Platón (c. 428-347 a.C.)
Una idílica Edad de Oro, un vasto continente perdido bajo las profundidades, un
grande y poderoso imperio barrido en una noche por un cataclismo... el relato
sobre la grandeza y decadencia de la Atlántida del griego Platón ha fascinado
a la imaginación occidental durante más de dos milenios. En sus diálogos Timeo
y Critias, Platón ofrece el primer comentario escrito sobre la
civilización de esa isla legendaria. Describe la Atlántida como una gran nación
marítima, fabulosamente rica, situada más allá de las Columnas de Hércules
(estrecho de Gibraltar), dominando el Mediterráneo entre Egipto y Toscana.
Era un lugar rico en recursos naturales: maderas, metales y piedras preciosas
abundaban tanto como árboles frutales y hortalizas. Majestuosas montañas lo
protegían de los vientos del norte, y animales salvajes y domésticos,
incluyendo elefantes, vagaban por praderas, arroyos y lagos. Diez reyes, todos
descendientes de Poseidón, reinaban sobre las diez regiones de esa isla paradisíaca,
coexistiendo en perfecta armonía.
La Atlántida, según relata Platón, le fue entregada a Poseidón, dios del mar
y de las tempestades, en el reparto de la tierra. Allí el dios encontró a una
mortal llamada Clito, que vivía en una colina. Se casó con ella y fortificó
su morada mediante anillos concéntricos, dos de tierra y tres de agua. Sus
descendientes, los atlantes, incorporaron esos anillos a la ciudad que fundaron
sobre la colina de Clito.
Sobre la colina edificaron el palacio real, y en medio de éste, el templo de
Poseidón. Rodeado de un muro de oro, el templo tenía una fachada de plata y
estaba adornado con chapiteles de oro. En su interior se erigía una estatua del
dios, también de oro, en un carro arrastrado por seis caballos alados. Junto al
templo, un arroyo caliente y otro frío abastecían depósitos y baños. Sobre
los dos anillos de tierra construyeron templos y jardines, terrenos para el
ejercicio de hombres y caballos, y una pista de carreras. En los puertos,
trirremes totalmente equipados esperaban listos para la aventura a través de
los mares. Destrucción de la isla Pero la Atlántida, con todo su esplendor, fue destruida desde dentro por la corrupción de sus habitantes. Inocentes y nobles en un principio, los atlantes se volvieron con el tiempo agresivos y ávidos de poder y trataron de sojuzgar a los pueblos vecinos. Sucedió, sin embargo, que fueron derrotados por los atenienses, y luego su isla fue destruida por fenómenos naturales. La isla de la Atlántida fue destruida, según la leyenda, por una gran catástrofe natural. Algunos estudiosos la identifican con la isla volcánica de Tera, en Grecia, destruida por una erupción hacia 1500 a.C. El borde circular el cráter de Tera aparece claramente en esta fotografía aérea. Platón, que murió en 347 a.C., proclamaba que esa «historia real» le había sido relatada unos 200 años antes de su época al ateniense Solón por los sacerdotes de Sais, la capital del Bajo Egipto. Solón trasmitió oralmente la historia hasta que llegó a oídos de Platón, única fuente antigua de dicho relato. Él lo presenta como un hecho, pero en realidad la utiliza como alegoría ilustrativa de un argumento. Aristóteles, su discípulo más famoso, no la creyó. Pero desde la época de Platón, más de 2.000 libros se han publicado sobre la Atlántida, aceptando la mayoría de ellos el relato de Platón como cierto. Los
escapados acantilados volcánicos fueron testigos del terrible cataclismo
sufrido por Tera. Cuando la isla, también conocida como Santorini, explotó
hace unos 3.500 años, estaba habitada por pueblos de la cultura minoica.
¿Podrá tratarse de los atlantes descritos por Platón?
El pueblo de la Atlántida, mostrado en una reproducción de la obra de Atalanta (1949), de sir Gerald Hargreaves, gozaba de una opulenta Edad de Oro. Platón describe unos jardines deliciosos, parques, fuentes y edificios adornados con oro y plata. Había igualmente un terreno de ejercicio para los caballos y una pista de carreras.
El filósofo griego Platón, representado aquí con su discípulo Aristóteles a su izquierda, fue el primero en describir la Atlántida. Platón afirmaba que su relato era cierto, aunque si alguien no le creía, era precisamente Aristóteles. Empero, desde los tiempos de Platón la leyenda de la Atlántida ha inspirado innumerables obras y teorías.
El misterio de la Atlántida, de su existencia real, y, en tal caso, de su
posible localización, ha atraído a estudiosos y místicos durante siglos. En
el XVI, John Dee, astrólogo de la reina Isabel de Inglaterra, sugirió que las
Américas, recién descubiertas, eran la Atlántida. En el siglo siguiente, un
sueco llamado Olof Rudbeck situó el gran continente hundido en Suecia.
En realidad, la Atlántida ha sido identificada con lugares tan distantes como
Australia, Brasil, Malta, Gran Bretaña y Groenlandia.
En épocas más recientes, el vidente Edgar Cayce (1877-1945) profetizó que los
templos de la Atlántida serían descubiertos cerca de Bimini, en las Bahamas,
en 1968 o 1969. En 1968, un buzo oriundo de las Bahamas llamó la atención
sobre algo que parecía un amplio «camino» de piedra, sumergido bajo el mar
cerca de Bimini. El descubrimiento causó sensación, pero aún no ha podido
determinarse si el mismo es natural o hecho por el hombre. Muchos buscadores de la Atlántida creen plenamente en la afirmación de Platón de que la misma se halla más allá del estrecho de Gibraltar. Otros piensan que la descripción de la Atlántida encuentra un eco en la civilización que según se sabe floreció en la isla griega de Tera, hasta que ésta fue totalmente destruida por una fuerte erupción volcánica alrededor de 1500 a.C. Las vasijas y frescos extraídos de las excavaciones de Tera se asemejan en su estilo a los de la sofisticada cultura minoica de Creta, a 140 kilómetros al sur de Tera. Ignatius Donnelly (1831-1901) publicó en 1882 un libro sobre la Atlántida que se convirtió en un clásico para aquellos que creían en su existencia. Su mapa sitúa la isla en el océano Atlántico, más allá de las columnas de Hércules, donde también la situó Platón.
La Atlántida y los minoicos
Es posible que la explosión de Tera no sólo destruyese la isla, sino que
precipitase la caída de la Creta minoica, que acaeció alrededor de 1450 a.C.
¿Podría ser el relato de Platón una variación del testimonio de ese suceso?
Al igual que los atlantes, los minoicos moraban en islas con astilleros, una
poderosa flota y un pr6spero comercio marítimo. Poseían hermosas viviendas y
soberbios artefactos, y también como los atlantes, eran habilidosos
constructores e ingenieros. Como en la Atlántida, el toro, consagrado a Poseidón,
era importante en los rituales minoicos. Además, esa rica civilización también
parece haber tenido un brusco final. Si la fecha indicada por Platón sobre la
Atlántida, 9.000 años antes de Solón, perdiese un cero (¿error de
transcripción?), se ajustaría exactamente a la época de la cultura minoica. Aunque siguen permaneciendo dudas, una de ellas (y no la menor) es que Platón afirmara explícitamente que la Atlántida se hallaba más allá de las Columnas de Hércules. Mientras tanto, los hombres continúan buscando la utópica isla de Platón, inspirados por la dorada existencia de sus habitantes, «ya que las intenciones de sus corazones eran sinceras...»
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webmaster: Marcelo Adrián Fuentes |
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