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Aguijones y otros órganos urticantes
Son numerosos los animales y plantas dotados de púas o aguijones, de los que se valen para capturar su alimento o como medio de defensa. El paramecio, por ejemplo, es un animal unicelular provisto de unos órganos urticantes denominados tricocistos, situados debajo de su membrana celular. Cuando se descargan, estos tricocistos forman una densa red fibrilar alrededor de la víctima. Es posible, sin embargo, que los tricocistos no sean exactamente urticantes. Las medusas, hidras, anémonas de mar y otros celentéreos poseen también órganos similares llamados nematocistos, constituídos por un filamente arrollado en el interior de una célula. El animal expulsa este filamente, con el que perfora o envuelve a su presa. Un grupo muy importante de animales dotados de aguijones son los artrópodos, entre los que se cuentan las abejas, avispas, hormigas y escorpiones. Estos últimos están provistos de una aguijón muy aguzado, y con él el animal inyecta un tóxico a sus víctimas. En las hormigas, abejas y avispas, el aguijón está formado por dos púas, con las que el insecto perfora la piel o el caparazón, y luego inocula el líquido venenoso que produce heridas dolorosas. Raramente son mortales para el hombre, a no ser que éste reciba muchas picaduras simultáneas. Las avispas emplean su aguijón para inmovilizar las presas que han de servir de alimento a sus larvas. Las abejas, en cambio, se nutren del néctar de las flores, por lo que únicamente suelen utilizar su aguijón como arma defensiva.
Entre los animales vertebrados, ciertas rayas poseen una o más púas en la parte media de la cola, y las clavan en sus enemigos cuando agitan con violencia su apéndice caudal. Las heridas pueden tener consecuencias peligrosas para el hombre, pues el aguijón se rompe y produce una infección. Algunos siluros y muchos otros peces ocasionan también heridas de cuidado con las espinas que tienen en las aletas.
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webmaster: Marcelo Adrián Fuentes |
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