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Abeja común
La abeja (Apis mellifica) es uno de los pocos insectos que el hombre ha aprovechado desde la más remota antigüedad. La cantidad de miel y de cera que producen anualmente las abejas tiene un valor considerable, pero no menor es la utilidad que prestan estos himenópteros como polinizadores de numerosos vegetales, tanto silvestres como cultivados. Cada colonia de abejas puede llegar a contener hasta 60.000 individuos, y está constituida por tres castas: las obreras, los zánganos y la reina. Las abejas que se ven comúnmente son las obreras, que también constituyen la parte más numerosa de la colonia; son hembras cuyo desarrollo sexual no se ha completado. Los zánganos o machos, más voluminosos que las abejas obreras, suelen dejarse ver a principios del verano. La reina es también de mayor tamaño que las obreras, pero es más grácil que los zánganos. Las abejas forman sus colonias de modo muy diferente a como lo hacen otros insectos sociales, como los abejorros o las hormigas. Para construir un nuevo grupo, la abeja reina de más edad abandona la colmena , llevándose consigo a un crecido número de obreras y dejando a la reina más joven a cargo de lo que queda de la colonia original. Por lo general, el nuevo enjambre formado por la reina y las obreras se reúne sobre una rama situada a cierta distancia de la antigua colmena, y desde allí parten abejas exploradoras en busca de un lugar apropiado para instalar la nueva colonia, el cual suele ser habitualmente un tronco hueco. En cuanto se ha elegido el sitio, el enjambre se traslada a su nuevo domicilio y las obreras empiezan a construir los panales donde almacenan la miel y se reproducen las nuevas abejas. El panal está construido con la cera que producen las obreras jóvenes, que la segregan de unas glándulas situadas en la parte inferior del abdomen. Cada lámina del panal está formada por dos series de celdillas hexagonales; cada una de estas series se abre en sentido opuesto y está ligeramente inclinada hacia arriba. Las celdillas son de dos tamaños: las que contienen las larvas de las obreras son más pequeñas, y tiene las mismas dimensiones que las que se utilizan para almacenar el polen; las celdillas donde nacen los zánganos son mayores, similares a las que sirven para colocar la miel. La reina deposita un huevo en el fondo de cada celdilla destinada a albergar una larva. De los huevos fecundados salen las obreras, mientras que de los no fecundados nacen los zánganos. El huevo se incuba en un plazo de tres días y la larva adquiere su completo desarrollo al cabo de una semana. En este momento, las obreras tapan el orificio de la celdilla con una capa de cera, y la larva encerrada en ella hila un capullo de seda y se transforma en crisálida. Las abejas adultas surgen de las celdillas después de diez o quince días más. Para desarrollarse, la reina necesita cerca de una semana menos del tiempo que requiere la aparición de los adultos de obreras y zánganos. La celdilla de la reina es bastante grande y está situada, generalmente, a un extremo del panal. A la larva de la reina se la alimenta durante todo su desarrollo con jalea real, sustancia sin la cual no llegaría a transformarse en reina.
La fecundación de la reina tiene lugar una sola vez, y el insecto conserva la fertilidad durante toda su vida. La reina llega a poner hasta 2.000 huevos diarios a lo largo de su existencia, que dura generalmente de tres a cinco años. También las larvas de las obreras son alimentadas, durante unos pocos días, con jalea real, sustancia especial que segregan las abejas neutras u obreras, pero luego esta dieta se cambia, suministrándoles miel y polen. Las obreras suelen vivir algunas semanas solamente durante la época de la elaboración de la miel, en la que desarrollan actividad incansable, pero en invierno su vida se prolonga hasta cerca de seis meses. Está comprobado que las abejas se comunican entre ellas para indicar el hallazgo y la abundancia de las sustancias de que se nutren, así como la distancia y la dirección en que aquéllas se encuentran. Cuando una obrera descubre una fuente productora de polen, llena con él su buche y regresa a la colmena. Si la planta no está muy alejada de la colonia, la abeja ejecuta una especie de danza describiendo repetidas veces la figura de un ocho sobre la superficie del panal. La danza de la primera abeja excita a las demás, que se acercan a ella para rozarla con sus antenas, identificando de este modo el aroma de la flor. Este movimiento o danza no indica dirección, sino simplemente que la fuente de polen se encuentra cerca, pero el vigor de los movimientos es proporcional a la cantidad de alimento hallado. En cambio, si la planta está situada a mayor distnacia, generalmente a más de 100 metros, la obrera ejecuta otra danza en la que describe una figura similar, pero moviendo de un lado a otro el abdomen. Cuanto mayor es la distancia, tanto más pequeños son los círculos y tanto más rápìdo es el movimiento del abdomen. La abeja indica la dirección refiriéndose a la posición del sol. Cuando el alimento está en sentido opuesto al sol, la obrera traza una línea recta hacia abajo, entre los círculos del ocho; si, por el contrario, se halla en dirección al sol, la línea se dirige hacia la parte superior del panal. Conforme va cambiando la posición del sol en el cielo, se va modificando el ángulo de la danza.
Aunque la abeja presta al hombre un gran servicio como productora de miel, su mayor utilidad reside en la función polinizadora que ejecuta. Se calcula que aproximadamente el 85% de los vegetales que se emplean en la alimentación humana, tanto hortalizas como árboles frutales y demás plantas, son polinizados por insectos, en su mayoría por las abejas. Por esta razón, son numerosos los granjeros que alquilan colmenas con el fin de que las abejas polinicen sus cosechas, como la alfalfa, por ejemplo, cuando ésta florece. Una vez que el período de floración ha terminado, se devuelven las colmenas a sus lugares de origen. El DDT y otros insecticidas empleados para exterminar ciertas plagas pueden también provocar la muerte de las abejas, que tan útiles resultan. El color y el sabor de la miel dependen de la clase de flores de las que la abeja ha recolectado el néctar. La miel de trébol es muy apreciada, pero la que se vende habitualmente en las tiendas es una mezcla de diversas clases de mieles. Algunas veces se vende la miel en el mismo panal, tal como se encuentra en la colmena. Los insectos conocidos bajo la denominación general de abejas en realidad pertenecen a varias familias del orden de los himenópteros. Las más conocidas son la hasta aquí descrita abeja de la miel y los abejorros. La abeja suele alimentar a sus larvas con polen o miel, en lugar de hacerlo con otros insectos o con pequeñas arañas, como hacen las avispas. Estas últimas carecen de los receptáculos que poseen habitualmente las abejas en las patas, para almacenar el polen, e incluso las abejas que están desprovistas de dichos receptáculos pueden ser diferenciadas de las avispas por el el vello que recubre su cuerpo, vello que es espeso y a veces ramificado.
La mayor parte de las abejas son sedentarias y anidan en los huecos de los árboles o de la tierra. Las abejas de la miel y los abejorros son, por el contrario, como hemos visto, insectos sociales que se agrupan formando colonias. Las abejas cortadoras de hojas (Megachile willughbiella), que pertenecen a la familia de los megaquílidos, tapizan el interior de sus celdillas con trozos de hojas de forma perfectamente circular. Los nidos de estas abejas no son fáciles de encontrar; suelen construirlos generalmente en los troncos, pero a veces también los disponen en orificios que se hallan en el suelo. En la celdilla, forrada con el trozo de hoja, la abeja deposita una mezcla de polen y miel, y encima coloca el huevo; luego tapa la celdilla con más trocitos de hojas. Con frecuencia disponen varias celdillas en un solo túnel. La abeja carpintera (Xilocopa violacea), de la familia de los andrénidos, construye su panal en las ramas o troncos de los árboles. Las carpinteras pequeñas, de color azul metálico, disponen el nido en los tallos o ramas de médula blanda. La gran abeja carpintera, aproximadamente de unos dos cms. de longitud, se parece a un abejorro. Construye su nido en la madera maciza. Las abejas mineras son miembros de la misma familia que la anterior, y forman su nido en agujeros que hacen en la tierra. Presentan generalmente un brillo metálico, siendo insectos solitarios, aunque normalmente anidan juntas, en gran número, utiliando la misma entrada. Algunas variedades de abejas mineras reciben el nombre de «abejas del sudor», porque las atrae el olor de la transpiración.
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webmaster: Marcelo Adrián Fuentes |
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