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Pasado y presente de los Negros en Buenos Aires Buenos Aires, octubre de 1997 JUAN CARLOS CORIA
APORTES DE LOS NEGROS AL MUTUALISMO Otra forma de agrupación usada por los negros han sido las asociaciones mutuales, a partir de 1850 en que se conoce la existencia de la Sociedad del Carmen y de Socorros Mutuos. Posiblemente con anterioridad a la misma, existieran otras agrupaciones que ayudaban a los más menesterosos de la población negra o sus descendientes, pues ya antes, en estas mismas páginas se ha indicado, que uno de los objetivos buscados en la realización de los bailes era la de reunir dinero, destinado a la compra de objetos de culto y a la ayuda de los necesitados, al amparo de los enfermos abandonados o al entierro y celebración de misas. Si existieron esas asociaciones o agrupaciones mutuales o de ayuda social, no hay probanza documental, pero se sabe de manera muy fehaciente que ese tipo de ayuda se prestó. Lo mismo corresponde anotar respecto al recate de esclavos o la compra de la libertad de los mismos. Esta organización de ayuda mutual indica la separación entre los negros esclavos y las autoridades que, como se ha indicado, los controlaban. Es de alguna manera un signo aperturista, hacia el pleno dominio civil de cada negro y de la sociedad de color en su conjunto. Le siguieron cronológicamente La Sociedad de la Unión y de Socorros Mutuos (1855) y la Sociedad Protectora Brasileña. Coinciden casi perfectamente con la creación en Buenos Aires, de otras instituciones que son correspondientes a los grupos inmigrantes desde España (1857). Todas ellas trataron de brindar a sus asociados la mayor cantidad de beneficios que iban desde la atención médica gratuita, hasta el rezo de misas, después de la muerte, pero no siempre se pudo cumplir con estos objetivos por complicaciones y dificultades financieras. En las mismas se notó un cambio general en la conducción societaria. Mientras en las anteriores cofradías, a los díscolos, incumplidores o delincuentes, se los expulsaba o entregaba a las autoridades policiales, en estas sociedades mutuales, se procedió a la aplicación de multas pecuniarias. Se intentaba con este nuevo procedimiento mantener y acrecentar el número de afiliados o adherentes y al mismo tiempo aumentar los ingresos, que no eran muy suculentos, pues las cuotas de contribución eran casi siempre muy exiguas por el bajo nivel económico de la población de color. Hay que agregar que en el seno de algunas de ellas surgieron diferencias de criterios respecto a la conducción societaria que dieron como resultado la ruptura y por consiguiente, la aparición de sociedades paralelas, pero de menor enjundia en cuanto al número de socios y al capital reunido. Todo esto último redundó negativamente en los beneficios otorgados a la masa societaria. Entre 1860 y casi finales del siglo XIX, funcionaron las dos sociedades que más importancia adquirieron. Ellas se llamaron la Protectora y la Fraternal. Esta última, ya mencionada sin entrar en detalles en páginas anteriores, fue fundada por un hombre de múltiples actividades ya que fue músico y llegó al rango de capitán. Su nombre fue Casildo Thompson. (Está incluido en la nómina de militares). Además de la ayuda social, esta sociedad estableció una escuela primaria para los niños y niñas de color, en momentos en que la educación primaria argentina adolecía de graves restricciones. Más tarde, siempre inspirado en sus ideas altruistas, abrió Thompson una Academia de música que se prolongó por más de una década. El fin de esta sociedad, si bien no puede ser establecido de manera fehaciente, se atribuye a problemas económicos. La posta de la obra mutual fue recogida y prolongada en Buenos Aires por la sociedad llamada La Protectora. Su vida se prolongó entre 1877 y 1936. Fueron 59 años de intensa lucha por ampliar las bases económicas, ya que las societarias eran muy difíciles de incrementar por el declive demográfico de los negros en la Argentina. Los beneficios brindados por esta sociedad, fueron mayoritariamente de atención a la salud de sus asociados, ya que entre remedios y médicos se sumaron los mayores gastos. Los médicos atendían de manera gratuita al paciente, pero recibían sus emolumentos mensuales. Los enfermos podían acudir a un dispensario bien surtido, pero no lo suficientemente diversificado como para atender todas las enfermedades que presentaban quienes acudían al mismo. Además de lo anterior, cuando la enfermedad o el accidente impedía trabajar, el asociado recibía una ayuda monetaria, para atender las necesidades más urgentes. A partir de 1883, se construyó en el cementerio de la Recoleta un mausoleo, donde se daba sepultura gratuita a los fallecidos. También sus miembros disponían de una biblioteca general, consistente en revistas, libros y algunas publicaciones técnicas. El equilibrio económico, la igualdad en el trato, la ausencia de luchas intestinas y la continua búsqueda de ayudas para agregar, hicieron que esta sociedad contara con el apoyo de la mayor parte de la población de color, fuera o no afiliada. Este prestigio ha quedado expresado en las páginas del diario de Mitre, La Nación, en algunas notas publicadas en el año del Centenario. A medida que la población negra fue decreciendo, la sociedad La Protectora, fue permitiendo el ingreso de blancos entre sus asociados y es muy posible que para la década de 1930, que marca su desaparición, los asociados de color fueran una minoría, al grado de que la sociedad desapareció sin pena ni gloria. También es muy posible atribuir esta pálida y anodina salida de escena social, al proceso de intensa transculturación, por el cual los negros, debilitados en número, hayan perdido el control de la misma, al ceder lugar y control a la infiltración blanca.
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webmaster: Marcelo Adrián Fuentes |
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