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¿Hacia dónde vamos en educación? Especial
para la edición aniversaria de El Globo. 21-11-01
Un sistema escolar-educativo se define a través de tres
componentes: el histórico, el estructural, que se forma en ese decurso de cada
sociedad y el diseño de las instituciones que a su vez forman ese todo que es
el sistema educativo, genéricamente hablando. Pues bien, en el caso de
Venezuela, el sistema educativo sólo puede ir dentro de los limites que ha
impuesto esas tres características. Pero una cuarta es la esencial: el divorcio
entre educación y escolaridad. En este sentido la educación tiene como eje los
medios de comunicación social, en su sentido más amplio y los protagonistas
que, como los líderes de la farándula, el deporte y la política generan un
inestimable impacto en el proceso educativo de nuestra sociedad. Imagínese, por
ejemplo, breve y sin doble intención, que cuando el Sr. Presidente comete una
ligera equivocación al decir que Ginebra es la capital de Suiza es
irreprochable que los niños puedan repetir este leve error. Del mismo modo,
cuando le dicen doctor a un personaje, como a un concursante de algún programa
de adivinanzas, la sociedad así lo cree; o, cuando se repiten gruesos errores
de información en el mismo programa, las personas creen que si lo dijeron en
televisión debe ser así. Por ello, elemental, mientras no se controle, en el sentido
positivo y no punitivo, el papel de los medios de comunicación social en la
sociedad, la educación seguirá en manos del sector privado; y la escolaridad
será una entidad débil ante esos poderosos medios de comunicación social. Cálculos
sencillos permiten señalar que por cada unidad de saber/conocimiento que se
procura impartir en la escuela hay una contrapartida en los medios de 127 veces
mayor densidad. Por ejemplo, si un docente expresa en el aula que el consumo de
refrescos embotellados es negativo, tomamos este mensaje como una unidad pues
hay 127 mensajes en contrario en los medios, que prácticamente obligan a cada
escolar a consumir un refresco de este tipo al menos una vez al día. La variable histórica responde al proceso de la colonización
hispánica más los aditamentos de la inmigración forzada de los africanos y
del papel relativamente menor de la población indígena, subyugada, de hecho,
por unos y otros. Culturalmente hablando, somos una sociedad hispana, blanca,
conservadora y dominante. En lo estructural, hemos construido una sociedad de
mestizaje, en la que predominan las divisiones sociales entre los grupos de
ingreso y las diferencias étnicas, en donde una cúpula de origen hispánico aún
domina el esquema sociopolítico de la sociedad, una clase dirigente que se
define hoy en día por su asociación con los neocolonos norteamericanos, no
obstante haya sido suficientemente abierta como para permitir el ascenso de
grupos de origen étnico tanto africano como indígena, a pesar de que su
visibilidad en la Venezuela rancia y profunda sea relativamente leve. En cuanto
al diseño, hay dos características. Una es que la ecología de nuestra educación
corresponde aún a la de países con cuatro estaciones, replicando la ecología
escolar hispánica. Por otra parte, el diseño es de una sociedad cuyas
instituciones son del modelo docente, en donde no hay cultura intelectual y en
donde no hay ni producción ni consumo del saber para los efectos de la vida
cotidiana, sino que mucho de lo que se hace es burocrático, como, por ejemplo,
la cultura elitista que atiende a un dos o tres por ciento de la población, y
que recibe proporciones muchas veces mayores del presupuesto nacional, porque no
hay cultura popular sino modernización artificial vía la globalización. En las relaciones entre educación y sistema político cabe
comentar, en la brevedad de una frase, que, contrario a lo que se lee a menudo,
el actual gobierno no parece tener ni la intención ni el poder como para
cambiar las relaciones entre sistema escolar - educativo - cultural y el sistema
político-ideológico. Chávez no es un líder revolucionario, so far es un
gobernante electo vía procedimientos constitucionales; y, si intentase por la vía
de la fuerza alterar esas relaciones, sería derrotado por la inercia de un
sistema social consolidado. El actual gobierno puede intervenir solo en el
sector público, porque carece de poder para intervenir en el sector privado, lo
cual es una lástima porque ese sector necesita ser intervenido por el Estado,
pero para hacerlo requeriría criterios de negociación que al parecer no se
hallan dentro de las actuales concepciones gubernamentales. Esto es, la supuesta
revolución actual no es sino una manía publicitaria, un eslogan; y lo
bolivariano de la escuela básica, una metáfora. Cabe señalar que el actual
gobierno parece creer firmemente que el deporte es una tarea escolar, cuando es
sólo educativa y parece ignorar que el deporte no agrega valor al proceso de
producción de bienes y servicios. Pero en este sentido el actual gobierno
parece creer, del mismo modo, que es oportuno seguir el ejemplo cubano en la
materia, un éxito aparente, una actividad que parafraseando a Lenin pudiera
decirse que el deporte es el opio de los pueblos. ¿Hacia dónde vamos en educación, con precisión?: Simple,
más de lo mismo, en forma perversa, pues se ofrece lo contrario. La educación como la salud no puede ir mas allá de sus límites
citados. Por ello en educación seguiremos bajo el síndrome de la desigualdad,
élite vs. masa. Esto es, en el nivel básico el colegio vs. la escuela; en
educación superior el mapa responde a las celdas de escuela superior de élite
y escuela superior de masa, con ambos sectores, público y privado, participando
en cada celda. Por ejemplo, no cabe duda de cómo la Universidad Simón Bolívar,
financiada por el Estado, es una institución de carácter privado, mientras que
la Universidad Santa María, institución financiada por el sector privado es de
carácter público. Seguiremos atrasados en el uso de las tecnologías
educativas: Hace poco una universidad privada en la ciudad de Valencia abría
sus nuevas edificaciones, que al inaugurarse tenían ya medio siglo de
anticuadas, pues en los momentos en los cuales no se abren sino aulas virtuales
aquí abren aulas físicas, bajo diseños de hace 50 años. No somos una
sociedad intelectual, por ello seguiremos llenando el sistema de empleos pero de
trabajo. Seguiremos manteniendo las diferencias étnicas, de género y de clase
social. A pesar de su retórica revolucionaria, el Presidente actual, por
ejemplo, no ha tocado ni en la superficie estas cuestiones, sobre todo porque ha
dejado intacto al sector privado, el cual debería ser solidario con las
necesidades populares pero nunca lo hará de motu proprio. Proseguiremos con una
educación superior convencional improductiva: seguiremos gerenciando ignorancia
y no saber/conocimiento. Mantendremos universidades obsoletas propias de la
sociedad del entrenamiento, algunas de estas con esquemas técnicamente
excluyentes como la Universidad Metropolitana y la Universidad Tecnológica del
Centro, que prestan servicio a las étnicas blancas, con estudiantes cuyas
familias tienen altos ingresos, filosofía abiertamente piti yanquis, en el
sentido de Briceño Irragory. La escuela popular seguirá desasistida, pobre en
todo sentido: débil ante el poderoso papel de los medios. Tenemos una fuerza
laboral docente en ese nivel de las menos entrenadas que se pueda imaginar,
porque son empleados, no trabajadores del intelecto. Siempre se ha tomado a
ofensa cuando he expresado, con datos empíricos en la mano, que nuestros
docentes son empleados domésticos más que trabajadores del intelecto. El enojo
surge de la confusión de que en este caso empleado doméstico no es sinónimo
de sirviente, sino de persona que no supera en su praxis el espacio doméstico
en donde reside, sociológicamente hablando. Los gremios seguirán siendo
instrumento de los gobiernos y de intereses inmediatos. Continuaremos cancelando
servicios por homologación y no por heterologación. Mantendremos el esquema
perverso de las vacaciones colectivas. Aplicaremos al infinito el régimen de
subsidio evadiendo recuperación de costos y no aplicaremos programas de ajuste.
Seguiremos creyendo, en forma sumisa y de hecho bobalicona que Cuba es un modelo
educativo, cuando, en verdad, es una sociedad totalitaria de modelo educativo
atrasado. El sector privado de lucro seguirá aprovechando sin pagar impuestos
por ingresos. Seguiremos con el credencialismo para proveer títulos de escaso
valor de intercambio funcional. Los medios seguirán promoviendo farándula,
deportes y política El deporte será privilegiado sin éxito, de hecho un error
estratégico pues el deporte no añade valor excepto orgullo nacional y reputación.
Los niveles de estudios de doctorado seguirán con niveles subacadémicos, en
muchos casos. Mantendremos los “fundamentalismos” ideológicos: Nos
abriremos al fundamentalismo de izquierda o del poder del gobierno y el
fundamentalismo propio de quienes creen que la familia es la unidad educativa,
promovido por la Iglesia Católica, por la Universidad Católica Andrés Bello,
la llamada Asamblea Nacional de Educación y partidos políticos de orientación
de derecha fascista como Primero Justicia, cuya ideología no parece
ir mas allá de las abominables sentencias del doctor del programa de televisión
Justicia para Todos. No producimos saber / conocimiento pero tampoco lo
consumimos: ediciones de libros de 500 ejemplares, por ejemplo, que no se
distribuyen, porque no hay demanda. La escuela, por otra parte, no puede ser
bolivariana, como sostiene el gobierno actual, pero hay quienes creen lo
contrario, incluso en Medellín hay una universidad bolivariana, la Universidad
Pontificia Bolivariana, fundada en 1936. Seguiremos creyendo, finalmente, que la
educación contribuye al desarrollo y en verdad la mantendremos como gasto
clientelar, porque la misma es inversión solo cuando se le exige papel de motor
del desarrollo y no de lastre del sistema social. ¿Hacia dónde vamos en el área de la educación superior? El sector crítico de nuestra escolaridad es el de la llamada
educación superior, concepto este de superior que a menudo disfraza un nivel
elemental, a veces vergonzoso, en una serie de instituciones que se llaman, en
efecto, universidades o instituciones de educación superior. Las suelo llamar
bodegas o, en el mejor de los casos, cadenas de supermercados; y hago constar
que no estoy hablando del sector privado, en donde están algunas de las
unidades de menor calidad de todo el sistema de educación superior, sino quizá
con mayor propiedad de instituciones del sector publico, algunas de las cuales
tienen groseras justificaciones epistemológicas y pedagógicas, como ocurre con
la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, cuyos fundamentos son débiles
como débil ha sido su rendimiento a lo lago de los años, o la propia
Universidad Nacional Abierta y así sucesivamente, instituciones que se han
distribuido por todo el país, disminuyendo en calidad en forma proporcional al
encaje regional. En todo caso, me permito analizar a la educación superior
del país, que posee un interesante sistema consolidado -quienes dirigen la
educación superior del país permanecen en la etapa de creer que en el país no
hay un sistema- en tres categorías bien definidas una de las otras: el sector
publico, el sector privado y el tercer sector, quizá el más interesante y el
menos estudiado, un sector de hecho cuasi secreto del cual la sociedad casi
desconoce su existencia real y objetiva. El sector público: es el vasto sector financiado por el
Estado, que opera prácticamente sin control técnico alguno, habiéndose
generado un sistema de autarquías, al estilo brasileño, más que un sistema de
instituciones reguladas y controladas. Costoso, burocrático y generalmente
ineficiente. El sector privado: el igualmente vasto y cada vez más
complejo, generalmente de baja calidad académica, si bien ha ido creciendo en
prestigio social. Las nociones de lucro y servicio se entremezclan en este
sector, sin duda. El tercer sector de la educación superior: el sector más
interesante de la educación superior venezolana, a mi juicio. Existen en el país
instituciones autárquicas que se manejan con criterios ajenos al concepto de
nación, pues sus vínculos son solo utilitarios y pragmáticos de acuerdo con
sus intereses, alejados del el mundo académico venezolano. Son instituciones
que pueden considerarse periféricas al sistema de educación superior del país.
Son exógenas y desreguladas. Me refiero a instituciones privilegiadas como El
CIED-PDVSA (Centro Internacional de Educación y Desarrollo), como el IVIC
(Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas), el IDEA (Instituto de
Estudios Avanzados) y el propio IESA (Instituto de Estudios Superiores de
Administración), instituciones sumamente interesantes de analizar en el mapa de
la educación superior del país. Pueden ser vistas como instituciones de
calidad de excepción, pero a menudo de escaso impacto según las necesidades de
la sociedad. De estas instituciones nada se sabe. Son como las sociedades
secretas de la mafia. En sentido real se hallan al margen del control y regulación
estatal. De uno u otro modo, siguen criterios personales y arbitrarios, en
muchos casos. Del IDEA pudiera decirse que es la perfecta torre de marfil, pero
de todas que son entidades aisladas y marginales al quehacer académico del país.
El IESA, que tiene la mejor biblioteca del país en el área, es manejada con
criterio estrictamente privado, lo cual no debe sorprender, pues es una
institución privada de servicio público. Pero sí sorprende, por ejemplo, el
caso del CIED-PDVSA, que es una institución pública de servicio privado, que
se maneja cuasi con mentalidad neocolonial, entendiendo por ello esa
aquiescencia que sobreevalúa lo extranjero, en todo caso todo aquello que se
exprese en inglés y que coloca en minusvalía por no decir menosprecio al
criollo, sobre todo si no posee las credenciales imperiales, esto es, una
credencial metropolitana. El CIED-PDVSA se halla rodeado de misterio y ausencia
de transparencia, por ello no puede medirse su eficiencia personalmente creo,
hasta donde puedo decirlo, que son eficaces pero poco eficientes. Quien quiera
averiguar cuánto cuesta y cuál es su rendimiento halla como respuesta la
palabra amable de un arrogante burócrata de una institución que al parecer
juzga que es aún parte del monopolio de las compañías multinacionales que en
su momento manejaban directamente la industria del petróleo. Ahora que se habla
de un Ministerio de Educación Superior sería significativo para la salud académica
del país que el CIED-PDVSA pasase al control y supervisión del mismo, al igual
que las otras instituciones de este tercer sector. Debo añadir que el CIED-PDVSA
es excelente. Organizan reuniones de altísima calidad para el beneficio de
pocos, incluyendo que a veces traen al país a conferencistas de dudosa reputación
académica, como Bush father y, según entiendo, hasta contratan animadores de
la televisión para que funjan de “maestros de ceremonia”, en sus
actividades. A veces creo que exageran el ánimo de entretener en vez del
pensamiento profundo. Claro es el criterio de un académico, no de un hombre de
empresa. Se mantendrá la atomización y la autarquía, como es el
caso de instituciones del sector privado como la Universidad Santa María, por
ejemplo, una interesante institución que permite ascenso social pero que es de
baja calidad pues no hace investigación e instituciones del sector público
como el CIEDPDVSA, que en sentido perverso son instituciones gemelas, en su
autarquía, sin control ni regulación y falta de publicaciones de apertura pública.
Son claustros aislados -es de observar que el CIED-PDVSA y la Universidad Santa
María cierran sus puertas los fines de semana, pues laboran para demandas
inmediatas en este caso intrascendentes frente a los servicios que deben
prestarse a la comunidad. Nos quedaremos los venezolanos, entonces, en la sociedad del
entrenamiento con solo pequeñas lagunas de la sociedad del conocimiento, que es
más que la sociedad de la información, ya que es innovación y creación de
saber/conocimiento. Conclusión: La pregunta que da título al presente trabajo
era simple y espero haya tenido una respuesta del mismo género, porque en
materia de futuro en sociedades conservadoras como la venezolana el futuro está
escrito. Por ello es redundante preguntar ¿hacia dónde vamos en educación?.
Pues vamos por un camino trazado en diversas circunstancias que es improbable
que cambie en el futuro. Los temores de un autoritarismo y una centralización
ideológica parecen descartados. El actual Presidente no tiene suficiente poder
como para alterar unas relaciones consolidadas en el país. Mantendremos el
esquema del pluralismo ideológico, de la existencia de un fuerte sector privado
y de un igualmente poderoso sector público, si bien este tiene enormes
deficiencias no obstante sea el único sector fuerte en el área de la
investigación científica, pero pierde espacio porque los niveles de prestigio
se han trasladado a instituciones que si bien son de dudosa calidad académica
han logrado imprimir en la opinión pública la idea de que son instituciones de
“innovación”, cuando son solo escuelas de élite social pero no de élite
intelectual. Incluso, son marginales. Obsérvase que estas instituciones de
prestigio no participan en la vida académica del país, pues sus niveles de
producción son equivalentes a cero, pero son altos en niveles de servicio a los
grupos que las crearon. Este es el caso de la Universidad Tecnológica del
Centro, en Valencia y la Metropolitana en Caracas. Obsérvese del mismo modo que
la Universidad Santa María tiene una bajísima reputación, si bien es una
institución interesante, de gran utilidad social.
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webmaster: Marcelo Adrián Fuentes |
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