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Luis Agote
LUIS AGOTE nació en la ciudad de Buenos Aires el 22 de setiembre de 1868,
siendo sus padres Pedro Agote y Justina García. Su padre, hombre sumamente
previsor. le internó de niño en el colegio inglés de W. Junior. Desde 1881 a
1886 estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires, donde obtuvo el título de
bachiller, y en 1887 se matriculó en la Facultad de Medicina. Durante sus años
de estudiante fue nombrado practicante rentado de vacuna en 1888, disector de
anatomía descriptiva en 1889, ocupando después los cargos de practicante menor
y mayor en el Hospital San Roque. En 1893, obtuvo el puesto de practicante mayor
en el Hospital de Clínicas, y poco después entró en el mismo cargo, por
concurso, en el Hospital Rivadavia. Se graduó de doctor en medicina en 1893,
presentando su tesis sobre Hepatitis supurada, que reveló su
inclinación a la clínica, en donde sería, con el andar del tiempo, sabio
maestro y eminente investigador.
Nombrado secretario del Departamento Nacional de Higiene, cargo que ocupó
varios años, fue jefe de sala del Hospital Rawson.
En 1895 fue nombrado director del Lazareto de la Isla de Martín García.
dejando como resultado de sus trabajos en este cargo una serie de interesantes
memorias de la más alta utilidad. Desempeñó igualmente los cargos de médico
de sanidad e inspector del Departamento Nacional de Higiene, médico adscrito
del Servicio del Dr. Cantón en el Hospital Ramos Mejía, y médico del
Consultorio de Niños de la Asistencia Pública.
Su amor por la docencia, se perfila también fuera de la Facultad de Medicina,
pero en disciplinas paralelas, pues desde 1906 a 1931. es profesor de Ciencias
en el Colegio Nacional de Buenos Aires. En 1933, y como reconocimiento a su
labor docente, es nombrado Profesor Honorario de dicho colegio.
Se inició en la docencia universitaria como profesor libre de Clínica Médica,
en el año 1902 (Sala III del Hospital Rawson).
En 1905 se presentó como candidato a profesor suplente de Clínica Médica.
siendo nombrado en 1906. Esto inició la era de su profesorado. Cada curso
dictado era un éxito que añadía a sus cursos complementarios del programa del
profesor titular .
Más de una vez actuó como profesor interino de Semiología y Clínica Médica,
nombrado por la Facultad en reemplazo del profesor Sicardi, que fuera su maestro
en más de un concepto.
En 1911 y en 1914, dicta cursos libres completos de Clínica Médica. mereciendo
los mismos, la aprobación unánime del Consejo de Medicina.
El profesor Agote, que ocupaba en aquellos años (1913) una banca en la Cámara
de Diputados de la Nación, poniendo en juego su influencia política para un
elevado propósito educacional. había conseguido que el Congreso destinara, por
la ley de Presupuesto,
una fuerte partida con destino a la construcción de un pabellón Modelo de
Clínica Médica, en el Hospital Rawson, que pasaría a depender, en todo lo
referente a dirección técnica, de la Facultad de Medicina.
Con autorización del Consejo Directivo de la Facultad se aprobaron los planos
y, licitadas las obras, se llevaron a cabo rápidamente con el auxilio de nuevas
partidas del Congreso.
Suplente de Clínica Médica durante diez años consecutivos, al jubilarse
Sicardi se presentó (1915) al concurso para titular. En éste -hecho inusitado
en los anales de la Facultad- se inscribieron ocho candidatos de primera
categoría: Patricio Flemimg, Mariano R. Castex, Pedro Escudero, Luis Agote,
Rafael A. Bullrich, Juan José Vitón y Pablo Morsaline. Se efectuaron una serie
de votaciones que resultaron empatadas, clasificándose finalmente la tema en la
siguiente forma: 1º Luis Agote; 2º Mariano R. Castex ; 3º Juan José Vitón.
Elevada al Consejo Superior Universitario, y después al Poder Ejecutivo, se
dispuso por decreto del 28 de mayo nombrar profesor de Clínica Médica al
doctor Agote. Digno sucesor y continuador de la obra de Sicardi, tuvo como su
maestro un gran amor al estudio, palabra atrayente y cálida, una cultura
humanística elevada, juicio penetrante, empuje creador e investigador, y un
culto que raya en lo religioso por todas las manifestaciones del pensamiento.
El Instituto Modelo de Clínica Médica, su gran obra, se inauguró oficialmente
el 11 de marzo de 1914. La verdadera inauguración científica y docente tuvo
lugar días después con su magnífica conferencia inaugural. Entre otros
conceptos de este trabajo entresacamos los siguientes: «salud y enfermedad,
son dos términos representativos de modos de ser de la vida biológica,
gradaciones diversas de reacciones de la célula frente al medio en que se
desenvuelve, inmenso océano cuyas agitaciones repercuten incesantemente sobre
ella, haciéndola oscilar incesantemente también gracias a lo complejo de su
naturaleza cuaternaria, como admirablemente nos lo mostrara Spencer en sus
magistrales «Principios de Biología». En este intercambio continuo, la línea
precisa donde termina la una para comenzar la otra, es tan fugaz como la que
separa la luz de la sombra; pero si esto es exacto, no lo es menos también que
entre esos dos extremos existen estados, gradaciones perfectamente marcadas,
cuya existencia no es posible desconocer. Salud y enfermedad nos aparecen
indistintamente como fenómenos propios de la naturaleza celular los que tienen
su génesis, desarrollo y terminación en las intimidades mismas del
protoplasma, por la intervención única de sus propios elementos, sujetos a
cambios o modificaciones más o menos profundas y más o menos persistentes, al
ser estimulada por los agentes exteriores, todo la cual se traduce por
fenómenos característicos -síntomas y signos- que la ciencia descubre,
persigue y analiza, buscando la ley que los rige, para deducir procedimientos
capaces de restablecer el equilibrio, momentánea o definitivamente
perturbado.»
En 1914 tuvo lugar su genial descubrimiento de la transfusión de la sangre
citratada. La primera transfusión se hizo el 9 de noviembre de 1914. «Desde
el 14 de noviembre de 1914 -dice el autor-, cuando en la gran sala
de este Instituto Modelo de Clínica Médica y con la asistencia de las
autoridades universitarias y de numerosos profesionales, hemos hecho conocer
nuestro método para la transfusión de la sangre, hecha incoagulable por medio
del citrato neutro de soda, desde este día hasta el presente, la eficacia de
este método ha sido demostrada en forma absoluta por todos los observadores de
América y Europa». (La primera transfusión privada fue el 9 de noviembre,
como se indicó más arriba).
La primera tentativa de transfundir sangre de animales a hombres se debe a Denys
y Emmeretz, que la realizaron el 15 de junio de 1667. Las transfusiones se
repitieron en gran escala, pero la gloria de Denys fue sumamente efímera. Al
año siguiente cayó en desgracia al transfundir por cuarta vez sangre de
ternera a un alienado. El enfermo murió apenas se había introducido el tubo en
una de sus venas, aun antes de que pasara la sangre del animal. En abril de
1668, a raíz de este acontecimiento toda transfusión debió hacerse previo
consentimiento de un médico de la Facultad de París.
A consecuencia de los trabajos e investigaciones experimentales de diversos
observadores, especialmente de Dumas y Prevost, sobre los peligros de la
inyección de la sangre heterogénea en los pájaros, James Blundell hizo la
prueba de transfundir al hombre la sangre de un semejante. Como aparecieron
múltiples complicaciones que se achacaron a la utilización de la sangre
completa, se comenzó a utilizar la sangre desfibrinada. En 1872, Ziemsen
publica un nuevo método de transfusión indirecta, por medio de agujas y
jeringas, método que no tuvo mayor aceptación. Los clásicos trabajos del
eminente médico Carrel sobre cirugía vascular, abren nuevos horizontes para la
transfusión, hasta que Crile, el famoso cirujano norteamericano, hace conocer
su método de transfusión directa. En 1913, Lindermann revive el procedimiento
de Ziemsen. Por este tiempo se intensifican los estudios sobre el comportamiento
de las mezclas de sangre humana; se observan los fenómenos de la hemólisis y
la aglutinación, y se clasifican los diferentes tipos de sangre. Jansky y Moss
aportan en este sentido una serie de trabajos de capital importancia. En el año
1914, Jhon Abel, inyecta a perros sangre adicionada de hirudina, iniciándose de
este modo la transfusión por medio de los anticoagulantes. y el 9 de noviembre
de 1914, como hemos dicho anteriormente, Agote introduce su método de
transfusión con la sangre citratada.
Agote fue nombrado profesor honorario de la Facultad de Ciencias Médicas en
1932, y en 1945, la Academia Nacional de Medicina, le confirió el título de
Académico Honorario de la misma.
Fundó la Asociación Tutelar de Menores, el Centro de Transfusiones Sanguíneas
y Plasmoterapia del Hospital Italiano, en Santa Fe; el Centro de Transfusiones
del Hospital de Bolívar (provincia de Buenos Aires).
Tal como hemos dicho, alternaba la medicina con la literatura y el arte,
mereciendo ser designado presidente honorario de la Academia de Bellas Artes.
Entre sus obras médicas, además de las referentes a su método de
transfusión, podemos citar las siguientes: «La peste bubónica en la
República Argentina y el Paraguay», en colaboración con Arturo Medina
(1901), traducida en el mismo año al francés. «Lecciones de Clínica
Médica» (1904). «Las defensas naturales en los cardíacos» (1909).
«La salud de mi hito» (Manual de Higiene para las Madres, 1912). «Las
úlceras del estómago y del duodeno en la República Argentina» (Segundo
Premio Nacional, 1918).
En el campo de la literatura muchas de sus obras permanecen aún inéditas,
tales como: «Augusto y Cleopatra»; «La lucha por el Mediterráneo»; «Mis
recuerdos».
De las publicadas, merece citarse especialmente: «Nerón, los suyos y su
época», aparecida en 1912. El autor demuestra no solamente en esta obra su
conocimiento del ambiente histórico y los personajes cuyo carácter analiza,
sino que lleva a cabo un interesante estudio de sociología, y analiza los
trastornos de la mente que llevaron al César a cometer tantos desmanes. Su
estilo, por momentos incisivo, lleva en otros momentos una extraña y suave
melodía que se adentra fácilmente en el espíritu del lector. No hay
amaneramiento en sus descripciones y describe con firmes trazos la psicología
de Nerón y de las multitudes que le rodeaban. De esta obra puede decirse que es
la coronación de sus trabajos literarios, y aún científicos, pues la misma
toca al arte y a la ciencia en forma verdaderamente armoniosa.
Se jubiló en 1929, a los sesenta años. En 1986 dio su nombre al Instituto
Modelo de Clínica Médica del Hospital Rawson, que fundara con tanto cariño.
Murió el 12 de noviembre de 1954.
Fue uno de los más perfectos exponentes de la brillante generación graduada
durante la época del noventa, generación que pocas veces podrá ser igualada. Maestro en el verdadero sentido, de la palabra, por la superioridad de su talento, su carácter investigador y su enorme experiencia, extendió más aún sus horizontes por la amplitud de su espíritu. dilatado por el culto de las letras y las artes. Unió a todo ello su bondad innata, su prestancia física, su elegancia en el vestir, una educación esmerada que trató siempre de mantener y su proverbial caballerosidad.
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webmaster: Marcelo Adrián Fuentes |
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