Google
 

Principal - Indice

 
   

Adolfo Alsina

                      

            PERTENECE al grupo de los próceres argentinos. Unía el talento a la valentía y poseyó esa elocuencia que convence, conmueve y arrebata simultáneamente. Sus discursos, sus artículos, sus proclamas, descubren una cultura de vuelo clásico a la manera francesa. Una peculiarísima condición informaba y daba aliento a su carácter: no creía en los ídolos humanos y no aceptaba los prestigios históricos si no pasaban antes por el tamiz de su razonamiento.

            Adolfo Alsina y Maza nació en Buenos Aires el 14 de enero de 1829. Su padre, Don Valentín, era uno de los hombres más respeta- dos de la Capital del Plata y su madre, Doña Antonia Maza, hija del que fuera Gobernador de Buenos Aires y Presidente de la Cámara de Representantes, Manuel Vicente Maza.

            La provincia de Buenos Aires vivía entonces horas de dramática violencia. El 26 de abril se encuentran en el Puente de Márquez las fuerzas del General Lavalle y las de Estanislao López y Juan Manuel de Rosas. En ese encuentro muestra el futuro restaurador sus condiciones de caudillo. En ese mismo año del nacimiento de Alsina se firman los tratados de Barracas y Cañuelas.

            Comenzó sus estudios en los colegios que por entonces los religiosos de distintas órdenes ponían al servicio de los niños de más distinguida condición. Pero su verdadero maestro, tanto en la niñez como en la adolescencia, fue su mismo padre. Los acercaba una recíproca y fecunda admiración. El padre veía en su hijo una mente extraordinaria aliada a un corazón sin fronteras, y el hijo admiraba sinceramente al padre. Adolfo Alsina eligió la carrera de Derecho sin dejar nunca, por inclinación innata, el cuidado de las letras y humanidades, filosofía, literatura y estudios históricos y sociales.

            El 6 de diciembre de 1830 los legisladores de Buenos Aires designan a Don Juan Manuel de Rosas Gobernador y Capitán General de la Provincia concediéndole además facultades extraordinarias. Un mes después, la misma legislatura le agradece solemnemente los servicios prestados y lo proclama restaurador de las leyes. El proceso envuelve al adolescente, que no participa en él. Su abuelo materno, el Doctor Maza, tiene actividad preponderante en los sucesos. El 17 de diciembre de 1832 Rosas abandona el poder y encabeza una expedición al desierto, de la que participan Estanislao López, José Ruiz Huidobro y Félix Aldao. El General Balcarce preside entonces los destinos de la Provincia y nombra al Doctor Maza Ministro de Guerra y de Justicia.

            Adolfo Alsina jamás estuvo conforme con la política de Rosas, siguiendo en esto la conducta del padre, lo cual le llevó alguna vez a mostrar su hostilidad a los amigos del Restaurador. Todos en su casa son adversarios de Rosas. En este clima se templó el carácter del estudiante.

            Un día, bajo el siguiente gobierno de Rosas, el abuelo de Alsina resuelve renunciar su cargo de Presidente de la Legislatura de Buenos Aires dispuesto a buscar refugio en Montevideo. Habían salido ya todos sus familiares hacia la Banda Oriental, menos su hijo Ramón, que debía acompañarlo. En el propio palacio de la legislatura fue asesinado a puñaladas por el mazorquero Gaetán. Horas después caía fusilado Ramón.

            Este fue el clima que amasó el carácter de Adolfo Alsina. En esos trágicos momentos tenía 20 años. Los años siguientes los pasa en Montevideo combatiendo, como su padre, con la pluma y la palabra por la causa de la libertad. Con ellos lucha también Florencio Varela. El 20 de marzo de 1848 Varela es asesinado y los Alsina reciben el aviso de que sufrirán la misma suerte.

            Llega el año 1852, y Adolfo Alsina, como tantos otros exilados, tras la derrota de Caseros, regresa a Buenos Aires, en cuya Universidad termina su interrumpida carrera. No obstante su juventud, funda el periódico La Nueva Era, asombrando a muchos, pues desde los primeros números se opone a muchas iniciativas del General Urquiza. y no sólo combate con la pluma. Interviene también como soldado en la revolución porteña del 11 de septiembre.

            El General Mitre, testigo y actor de los sucesos, afirmó años después, cuando Adolfo Alsina se alejó de la tierra :

«Él fue en tiempos de combate, primero, uno de los más ardorosos soldados, y después uno de los más señalados representantes de nuestra valerosa y varonil guardia nacional, que en todos los tiempos, así en la época heroica de la emancipación, como en la guerra de la libertad, ha sido el núcleo, el nervio y el alma de los ejércitos argentinos. Alsina fue uno de los primeros soldados de la guardia nacional, que después de la caída de la tiranía se alistó con un fusil al hombro. Formó en las filas de la Revolución de Septiembre. Concurrió como oficial a los últimos sitios de la Ciudad de Buenos Aires, defendiendo con su pecho sus nunca forzadas trincheras. Asistió como Jefe de Batallón a las jornadas de Cepeda y de Pavón».

            En 1853 fue designado Secretario de la Cámara de Legisladores de Buenos Aires. Con otros patriotas de espíritu liberal fundó la agrupación Los Pandilleros, cuyos integrantes desplegaron actividad tal, que en las elecciones del año 1857 obtuvieron una resonante victoria, sacando triunfante al candidato a Gobernador, Don Valentín Alsina.

            Cuando se intentó modificar la Constitución del año 1853, Adolfo aparece junto a las personalidades consagradas, que le reconocen su misma autoridad, y en 1862 obtiene una victoria decisiva al presentarse como candidato para diputado ante el Congreso Nacional por la provincia de Buenos Aires. Su palabra y su pluma se consagran en los memorables debates de los periódicos porteños.

            Necesitado de un descanso viaja a Europa en 1865. La tregua fue breve. El país necesitaba su presencia en las horas de la dura y definitiva organización nacional.

            El 2 de mayo de 1866 las Cámaras constituidas en Asamblea General le proclaman gobernador Constitucional de la Provincia de Buenos Aires. En este cargo llevó a efecto grandes mejoras en la esfera cultural y en el orden económico y político. Entre los pueblos fundados por Adolfo Alsina están Olavarría y Brandsen, cuya pujanza actual prueba la visión acertada del gobernante.

            En 1868 integra la fórmula Presidencial con Sarmiento. Las reformas que el sanjuanino preconiza, sobre todo las que se refieren a la enseñanza ya la cultura, suscitan debates y polémicas que llegan a la violencia más extrema. Sarmiento vence y, con él su colaborador .

            Entre un revuelo de nubes tormentosas termina Sarmiento su período, sucediéndole en la Presidencia de la Nación el Doctor Nicolás Avellaneda. En este año (1874), el nuevo Presidente nombra Ministro de Guerra y Marina a Adolfo Alsina. Los indios hacen casi imposible la vida en la campaña, sobre todo los que siguen a los Jefes o Caciques Pincen y Catriel en sus salvajes malones. Alsina, con la aquiescencia del Presidente y el beneplácito de toda la nación, organiza y lleva acabo una expedición al desierto de forn1a que acaba con semejante peligro, preparando la acción definitiva que años después llevará a efecto el General Roca. Por lo pronto la línea fronteriza hasta Trenque Lauquen quedó completamente asegurada.

            El 29 de diciembre del año 1877 su salud derrumbó. La nación, que lo miraba como un símbolo, sintió su desaparición como un desastre.

            El 10 de enero de 1882 se le erigió una estatua en el corazón de la ciudad en que naciera.

 

 
 

 

Educar - Argentina

webmaster: Marcelo Adrián Fuentes