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JUAN ANDRÉS GELLY Y OBES
La figura del Teniente General Juan Andrés Gelly y Obes se halla íntimamente ligada al desarrollo institucional de la provincia de Buenos Aires. Sus padres fueron Juan Andrés Gelly, abogado y diplomático de origen paraguayo, y doña Micaela Obes, perteneciente a una familia de arraigo en el Río de la Plata. Cursó sus estudios primarios en el Colegio Gimnasio Argentino de Buenos Aires, hasta que en diciembre de 1829 se exilió la familia en Montevideo; allí se alistó en la resistencia contra Rosas, como soldado en 1839, hasta obtener el grado de coronel al mando de la Legión Argentina en el histórico sitio de Montevideo. Durante la revolución del 1º de abril de 1846 resultó distinguido por el General Paz en el combate de Tres Cruces. Sufrió innumerables penurias. su madre había perdido la razón al estallar una granada y su padre, jefe de la policía de Lavalle, secretario de Paz, volvió al Paraguay al dividirse los defensores de Montevideo. Juan Andrés Gelly y Obes fue administrador de una "fazenda" y rematador, para solventar los gastos del hogar formado con doña Estanislaa Álvarez, hija del redactor de la "Gaceta de Buenos Aires" y constituyente del Uruguay. Volvió a la patria en 1855, siendo reconocido su grado de Coronel. A poco fue elegido diputado provincial, cargo que volvió a ocupar en 1860, llegando a desempeñar en la Legislatura la vicepresidencia. Fue también Comandante General de Marina y Capitán del Puerto de Buenos Aires, recibiendo del Gobernador Valentín Alsina, con carácter de interino, el Ministerio de Guerra y Marina de la Provincia en vísperas de la batalla de Cepeda, para la que realizó importantes trabajos de organización, como así también en el cerco que Urquiza impuso a Buenos Aires. Como Ministro firmó la ratificación del Pacto de San José de Flores y su nombre aparece al pie de la Convención Constituyente de 1860, de la que fue miembro. En el orden provincial suscribió como ministro la promulgación de la Constitución de 1859. El Gobernador Bartolomé Mitre lo designó titular de la cartera de Guerra y Marina, confirmando así la confianza y la amistad que les uniera desde el sitio de Montevideo, que se mantuvo incólume hasta el fin de sus vidas. En 1861 desempeñó ante Urquiza, en Entre Ríos, una difícil misión confidencial, que completó la anterior visita de Mitre, a la que había asistido con otros jefes militares. "Usted ha cooperado muy directa y eficazmente en el triunfo de Pavón", le decía Mitre luego de esa victoria. Pese a su opinión fue promovido al grado de General, por la insistencia de su Gobernador y amigo. En 1862 integró el Senado de la Provincia, renunciando para desempeñar el Ministerio de Guerra y Marina de la Nación hasta 1868, en que expiró el mandato constitucional de Mitre. Antes de estallar la guerra con el Paraguay, en la que le tocó vivir horas de heroísmo y abnegación, fue Interventor Nacional en Corrientes y luchó contra los indios en la Provincia de Buenos Aires y contra el caudillaje de toda la República desde su difícil cargo de Ministro. En 1863 mantuvo la neutralidad argentina en los conflictos del Uruguay, como bien lo recuerda José León Suárez. Y a partir de la guerra de la Triple Alianza cumplió una laboriosa e importante actividad de organización en Concordia, luego de responder con dignidad a las interpelaciones parlamentarias que se sucedieron. En Corrientes primero y en territorio paraguayo después, ocupó la Jefatura del Estado Mayor del ejército argentino en operaciones. Sarmiento afirmó que los dos jefes militares que más brillantemente desempeñaron ese puesto en nuestra historia hasta su tiempo fueron Soler y Gelly y Obes. En 1866 intentó renunciar por diferencias con el Vicepresidente Marcos Paz y Mitre le dijo: "aceptarle su renuncia sería como cortarme un brazo en estas circunstancias". Reemplazó al Presidente como Jefe del Ejército Nacional en operaciones, dirigió el movimiento envolvente de Tuyutí a Tuyú-Cué habiendo sido citado en forma honrosa en el parte. Se halló presente también en los encuentros de Paso de la Patria, Estero Bellaco, Boquerón y Curupaytí. Por todo ello mereció ser confirmado como Jefe del ejército por el Presidente Sarmiento, después de ser promovido por Mitre al grado de Brigadier General. Al frente de sus soldados ganó en Lomas Valentinas, o Itá-Ivaté, la última gran batalla de la guerra (diciembre de 1868). Por disentir con Sarmiento renunció y al volver a Buenos Aires fue objeto de un cálido homenaje popular. En 1870 desautorizó las gestiones de algunos paraguayos que proponían su candidatura para la Presidencia de ese país. En ese mismo año fue nombrado Interventor Nacional de Entre Ríos para sofocar la rebelión de López Jordán misión que rechazó por parecidos desacuerdos. Fue diputado nacional de 1872 a 1874, año en que aceptó la Jefatura del Estado Mayor del ejército revolucionario de Mitre. Como consecuencia de la derrota perdió el grado militar siendo rehabilitado por Avellaneda en 1877. Presidió la comisión militar que veló los restos del General José de San Martín en la Catedral Metropolitana al ser repatriados en 1880. Participó luego activamente en la revolución de ese año, siendo borrado de la lista militar y reincorporado más tarde. Desempeñó varios cargos en el escalafón del ejército hasta que el Presidente José Evaristo Uriburu lo designó para presidir el Consejo Supremo de Guerra y Marina, al crearse esta institución. Por ley del Congreso Nacional se le consideró en actividad hasta el día de su muerte, distinción sólo discernida, en la misma ocasión, a Bartolomé Mitre. Una ancianidad rodeada por la veneración de sus conciudadanos y una intachable misión de juez cumplida con ilustración y ecuanimidad, caracterizaron las postrimerías de su vida, hasta su fallecimiento en Buenos Aires, el 18 de setiembre de 1904. El General Mitre besó su frente y el Ministro de Guerra, General Pablo Richeri, y el Dr. Agustín Álvarez, despidieron sus restos. Una imponente multitud presidida por Mitre, Roca, Quintana y Uriburu, integrada por compañeros de armas y el pueblo, le acompañó hasta la tumba. Tenía entonces 89 años. Murió cristianamente, como había vivido, recibiendo los auxilios religiosos de manos de Monseñor Gregorio Romero. En 1915, en el centenario de su nacimiento recibió su nombre una calle de Buenos Aires. Una población del Sud de la Provincia de Santa Fe lo recuerda y en numerosas municipalidades de la Provincia aparece su nombre patrocinando calles. En 1946, por disposición del Poder Ejecutivo Nacional, su tumba fue declarada sepulcro histórico. La Biblioteca Nacional le ha dedicado varios volúmenes de su Revista. Destaca su ilustre memoria como un modelo de hombre público, valeroso y brillante jefe militar, que durante la prolongada época de sus servicios a la patria sólo pensó en sus deberes, sin egoísmos y con la generosidad y modestia de las grandes figuras morales.
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webmaster: Marcelo Adrián Fuentes |
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