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El Psicoanálisis y el estudio de los procesos inconcientes

 

Para comenzar...

 

Muy frecuentemente en la vida cotidiana utilizamos el término inconciente para referirnos a cierto tipo de conductas. Por ejemplo, cuando una persona lleva adelante una acción que "no tuvo la intención de realizar" suele decirse que "lo hizo inconcientemente".

¿Pero cuál es el significado que posee el término inconciente?

En el contexto de la Psicología científica este término se corresponde con un concepto perteneciente a una teoría creada hacia fines del siglo pasado por un médico austriaco llamado Sigmund Freud. Fue él quien investigó por primera vez esos comportamientos aparentemente involuntarios y a los cuales difícilmente se les encuentre sentido.

Sus investigaciones lo llevaron al descubrimiento de que esas no son conductas sin sentido, sino que, por el contrario, es necesario buscar su significado en una instancia psíquica desconocida para el propio individuo que llevó a cabo ese extraño comportamiento. Esa instancia psicológica, respecto de la cual no somos concientes, consecuentemente fue llamada por Freud inconciente.

El inconciente se constituyó de ese modo en el objeto de estudio propuesto por la teoría Psicoanalítica creada y desarrollada por Sigmund Freud.

 

El Psicoanálisis y el estudio de los procesos psicológicos inconcientes

 

- El Inconciente como objeto de estudio.

- Los dos modelos del aparato psíquico.

- El Psicoanálisis y la personalidad.

- La sexualidad.

 

Para acercarnos al tema...

 

Si bien es cierto que el término inconciente fue creado en el ámbito del conocimiento científico, él también ha sido incorporado, como tantos otros términos provenientes de ese ámbito, a la vida cotidiana.

También es utilizado frecuentemente por los publicistas, por los periodistas, por los conductores de televisión, etc.

 

Veamos algunos ejemplos posibles:

 

Los abogados defensores del caso XX, en sus recientes declaraciones a la prensa han afirmado que los exámenes psicológicos realizados a su defendido revelan que no existen motivos inconcientes que lo hayan llevado a cometer el delito.

            En el acto de presentación de la fórmula presidencial del año 1999, el candidato a vicepresidente por el justicialismo, Ramón Ortega, presentó a su compañero de fórmula como "Eduardo Menem", cuando en verdad tendría que haber dicho "Eduardo Duhalde". Al momento de analizar el equívoco, tanto los periodistas como los psicólogos que se ocuparon de explicarlo dijeron que fue "inconciente".

 

El Inconciente como objeto de estudio

 

El objeto de estudio fue definido por el primer psicólogo científico -Wundt- como la conciencia, en sus relaciones con los fenómenos fisiológicos. Ahora bien, existen fenómenos fuera de la conciencia, en el sentido que no poseen actualidad, pero que están en estado latente y pueden hacerse concientes en cualquier momento. En ese sentido, esos fenómenos eran llamados inconcientes.

Pocos años después Sigmund Freud va a producir una ruptura epistemológica muy importante en el campo de la Psicología Científica al proponer tanto un objeto como un método de estudio diferentes a los propuestos por Wundt.

El lugar que ocupaba la conciencia como objeto de estudio de la psicología en el marco de la teoría de Wundt, va a ocuparlo el inconciente en el marco de la nueva teoría de Freud, y la introspección experimental -el método utilizado por Wundt-, será reemplazada por nuevos métodos creados por Freud: la asociación libre y la interpretación, que se constituirán en los métodos de la nueva teoría psicoanalítica.

A continuación presentaremos una breve exposición histórica que mostrará el modo en que tanto el objeto como el método psicoanalíticos se fueron construyendo.

Freud fue un médico neurólogo que llegó al descubrimiento del inconciente intentando resolver los síntomas que presentaban sus pacientes histéricas. Ese tipo de enfermas tenían signos muy curiosos, ya que en la vida normal y una vez recuperadas de los ataques histéricos, no recordaban nada de aquello que había ocurrido durante el período de la enfermedad, y a la inversa durante el período que duraba el ataque no podían establecer relación alguna con lo que le ocurría en la vida normal. La conciencia de la vida normal "no sabía nada" acerca de la conciencia propia del momento del ataque histérico, en tanto que la conciencia del ataque histérico ignoraba todo acerca de la conciencia propia de la vida normal.

A este fenómeno se lo denominó doble conciencia.

El problema que se le planteaba a la medicina de la época era encontrar el modo de integrar esa conciencia dividida, pues se creía que era la única manera de curar a las enfermas. Freud encaró así la búsqueda de una explicación de la conciencia escindida y, consecuentemente, la búsqueda de un método que le permitiera integrar lo desintegrado, unir la conciencia escindida.

En el siguiente fragmento de un diálogo de Freud con una de sus pacientes se pone en evidencia este intento.

- "Señorita Katharina: si usted pudiera recordar lo que entonces pasó dentro de usted, cómo le entró el primer ataque, qué le pasó entonces por la cabeza, quedaría sana."

- “Ah, ¡si pudiera! Pero estuve tan aterrorizada que lo he olvidado todo."

Freud S., en Obras Completas, Volumen 2. Amorrortu editores, Buenos Aires, 1993.

 

Freud pide a su paciente que recuerde suponiendo que de ese modo ella "quedaría curada de sus ahogos". Ante el pedido, la paciente le responde que por más esfuerzo que ella haga no le es posible recordar lo que podría ser el "acontecimiento traumático".

La pregunta que cabe formular en este punto es por qué se ha producido este olvido. La paciente ensaya una explicación: "me asusté tanto que lo he olvidado todo".

Freud llega a la formulación de la idea de inconciente y lo define del siguiente modo: "Lo inconciente es una fase regular e inevitable de los procesos que fundan nuestra actividad psíquica."

Es necesario aclarar que, si bien Freud descubre el inconciente investigando en una población de pacientes que sufren perturbaciones mentales, con posterioridad hará extensivo este concepto de inconciente a los individuos sanos. Entonces podrá definir el inconciente como un sistema propio del psiquismo humano. La escisión entre conciente e inconciente ya no es un fenómeno privativo de la enfermedad sino que es una característica humana. Descubre esta escisión en sus investigaciones con enfermos, pero ampliando sus investigaciones hasta el terreno de la normalidad, llega a descubrir que es un fenómeno propio del psiquismo humano.

 

¿Cómo encontrar el inconciente?

 

El intento de acceder al inconciente le exigió a Freud un largo y complejo trabajo de investigación, motivo por el cual también se vio necesitado de buscar un método que le permitiera estudiarlo de manera adecuada.

Tanto la hipnosis como la catarsis fueron métodos utilizados por Freud con el propósito de integrar lo desintegrado, unir la conciencia escindida, recuperar lo que parece haberse olvidado, en suma, llegar a conocer lo inconciente.

En esta búsqueda de un método son importantes dos viajes que Freud hace a Francia para estudiar con médicos que utilizaban la hipnosis con el propósito de curar la histeria. 

El primero de esos viajes fue a París en el año 1884, donde estudió con Charcot en un Hospital muy famoso llamado La Salpetriere.

Charcot hallaba semejanzas entre el sonambulismo histérico y el trance hipnótico. Entre otras cosas, ambos estados eran igualmente influenciables, lo que demostraba cierta predisposición para la enfermedad. En función de estas hipótesis, Charcot hipnotizaba a sus pacientes, y bajo hipnosis les hacía reproducir síntomas propios de los ataques histéricos.

Freud realizó un segundo viaje dos años después a una ciudad de provincia: Nancy. Allí trabajaban dos médicos -Liebault y Bernheim- quienes también aplicaban la hipnosis con el objetivo de curar a las enfermas histéricas. Pero hacían un uso diferente del que hacía Charcot con la técnica hipnótica; trabajaban con lo que denominaban sugestión post-hipnótica. ¿En qué consistía? Mientras un individuo se hallaba hipnotizado se le daba una orden, y cuando despertaba la cumplía; inclusive si se le insistía, el individuo recordaba que la orden se la había dado quien lo había hipnotizado. En relación con estas observaciones Freud pensó que, si bajo hipnosis el enfermo podía recordar el suceso traumático, entonces una vez despierto se le podía pedir que recordara lo anterior y de ese modo acceder a aquello olvidado y en apariencia difícil de recobrar por la memoria.

Leamos un fragmento de un libro de Freud en el cual nos explica el fenómeno llamado sugestión post-hipnótica (una vez despierto, cumplir una orden recibida bajo estado hipnótico):

"...una persona es puesta en estado hipnótico y despertada luego. Mientras se encontraba en estado hipnótico, bajo el influjo del médico, le impartían la orden de ejecutar determinada acción en un momento preciso, por ejemplo media hora después. Despierta y todo, indica que se ha reintegrado a su plena conciencia y a su condición mental ordinaria, no recuerda su estado hipnótico y, pese a ello, en el momento fijado se impone a su espíritu el impulso de hacer esto y esto otro, y ejecuta la acción con conciencia, aunque sin saber por qué. Parece imposible dar del fenómeno otra explicación que esta: el designio estaba presente en el espíritu de esa persona en una forma latente o inconsciente, hasta que llegó el momento fijado, y le devino conciente: pero no le afloró a la conciencia íntegramente, sino sólo la representación del acto por ejecutar. Aun entonces permanecieron inconscientes todas las otras ideas asociadas con esta representación: la orden, el influjo del médico, el recuerdo del estado hipnótico".

Freud Sigmund, Nota sobre el concepto de lo inconsciente en psicoanálisis, en Obras Completas, Volumen 12. Amorrortu editores, Buenos Aires, 1998.

 

            De vuelta a Viena, Freud trabajó con estas modalidades de la hipnosis. Durante el trance hipnótico Freud intentaba que sus pacientes recordaran los pensamientos escindidos de la conciencia normal, tanto del momento del ataque histérico como de sucesos traumáticos anteriores que se ligaran con las causas de la enfermedad. En ese contexto, recordar era sinónimo de integrar lo escindido.

Pero Freud se vio obligado a abandonar la hipnosis como método ya que no todos los individuos eran igualmente sugestionables. 

Sin embargo, un episodio muy singular viene a prestarle ayuda en la elección de un nuevo método de análisis del inconciente. Freud fue invitado por un médico llamado Breuer a tratar a una paciente que presentaba un cuadro clínico de histeria, conocida como "Ana O" (su nombre verdadero fue Berta Pappenheim). Si bien Breuer en un primer momento aplicó la hipnosis, en verdad su paciente recordaba cuando podía hablar sobre su enfermedad. Ocurría que cuando hablaba de los sucesos que habían causado la enfermedad, esos recuerdos eran acompañados por emociones y sentimientos que de ese modo le permitían una descarga emotiva que aliviaba sus síntomas. A este método que consiste en la descarga a través de la palabra se la denominó catarsis.

Poco a poco Freud irá distanciándose de la técnica utilizada por su colega, hasta poder crear lo que será el método definitivo del psicoanálisis, la asociación libre.

Esta técnica consiste en invitar al paciente a hablar libremente de todo aquello que se le ocurra, sin ejercer ningún tipo de censura respecto del tema que se le presente en la conciencia. De ese modo el discurso del paciente se verá en algún momento alterado por alguna incoherencia, algún recuerdo o una equivocación (acto fallido). Según Freud esos fenómenos revelan la presencia de contenidos inconcientes que de manera indirecta perturban el discurso conciente del paciente. Será necesario entonces buscar el sentido de esos fenómenos en apariencia incoherentes.

 

Los dos modelos del aparato psíquico

 

¿Dónde está localizado el inconciente?

 

La primera formulación del aparato psíquico En la primera etapa de sus investigaciones, Freud ubica el inconciente en un lugar corporal, más específicamente en un tipo especial de neurona (célula del sistema nervioso). Ello es producto, fundamentalmente, de su formación médica que lo conduce a encontrar causas orgánicas para las enfermedades psíquicas. Progresivamente fue descubriendo que en verdad el inconciente no tenía ninguna localización corporal, sino que era una instancia de

orden psicológico: un existente psíquico.

En virtud de sus investigaciones Freud formuló un modelo de funcionamiento y constitución del psiquismo humano, un esquema que explica la disposición u organización interna. Este modelo es conocido como primera tópica, la cual está representada del siguiente modo:

              Veamos cómo caracteriza Freud estas instancias de lo psíquico y sus relaciones:

"Llamemos consciente a la representación que está presente en nuestra conciencia y de la que nosotros nos percatamos (...) en cambio, a las representaciones latentes habremos de denotarlas con el término inconsciente (...) Estábamos acostumbrados a pensar que todo pensamiento latente lo era a consecuencia de su debilidad, y devenía consciente tan pronto cobraba fuerza. Ahora hemos adquirido la convicción de que hay ciertos pensamientos latentes que no penetran en la conciencia por intensos que sean. Llamaremos entonces preconcientes a los pensamientos latentes del primer grupo. Mientras que reservaremos el término inconsciente (en el sentido propio) para el segundo grupo (...)”

Freud Sigmund, Nota sobre el concepto de lo inconsciente en psicoanálisis, en Obras Completas, Volumen 12. Amorrortu editores, Buenos Aires, 1998.

 

Conciente: se denomina al contenido actual de la conciencia. Por ejemplo, lo que usted se encuentra leyendo, lo expuesto en esta página constituye una idea actual. Ahora bien, usted puede dejar de leer la página y recordar qué fue lo que desayunó hoy por la mañana. De ese modo usted actualiza ideas que no eran concientes, sino que estaban en estado latente fuera de la conciencia y con posibilidades de acceder a ella (actualizarse).

Estas ideas en estado latente fuera de la conciencia, que pueden ser actualizadas con un pequeño esfuerzo, Freud las denominó preconcientes. Justamente cuando señala que "estábamos acostumbrados a pensar que todo pensamiento latente lo era a consecuencia de su debilidad", hace referencia al modo en que concebía la primer Psicología Científica lo inconciente. (Aquí es preciso recordar que Freud produce una ruptura, un cambio radical respecto de esta concepción de inconciente, que él va a llamar preconciente).

Pero Freud señala otro tipo de pensamientos latentes que no penetran en la conciencia: esos constituyen el inconciente. Ahora bien, cabe preguntar ¿por qué no pueden ingresar a la conciencia?

Freud va a responder que es causa de haber sufrido una represión. A continuación desarrollaremos este importante concepto psicoanalítico.

 

¿Qué es la represión?

 

El diccionario define el término represión como un acto destinado a detener o rechazar un proceso; inclusive es utilizado frecuentemente para designar la acción policial de repeler las manifestaciones sociales.

Freud no va a darle un sentido diferente al término, pero sí precisará el significado de dicho rechazo. Denominó represión al  proceso por el cual las ideas displacenteras o conflictivas son desalojadas de la conciencia. Esas ideas rechazadas o desalojadas de la conciencia pasarán a formar parte del inconciente. Por lo tanto, la represión está al servicio de mantener el equilibrio psicológico, de evitar conflictos a nivel conciente.

Las ideas reprimidas, una vez alojadas en el inconciente, intentarán retornar a la conciencia. Pero ese retorno no será tarea fácil pues tendrán que dar un rodeo para engañar a la conciencia.

El proceso de desalojo de las ideas de la conciencia se llama represión.

El mecanismo de defensa por el cual se impide que las ideas que pueden generar algún conflicto retornen a la conciencia se llama resistencia.

A pesar de la resistencia, dijimos que, dando rodeos, esas ideas de todos modos retornan a la conciencia. ¿De qué modo retornan? A través de las formaciones del inconciente: estos son los sueños, los chistes, los actos fallidos y en el caso de la patología, los síntomas. Las formaciones del inconciente son formas en que las ideas reprimidas se expresan en la conciencia (en ese sentido hay un retorno). Justamente desde su condición de reprimido, el inconciente produce efectos en la conciencia.

Por lo tanto, estas manifestaciones del inconciente son de suma importancia para el psicoanalista ya que a través del análisis de ellos es posible acceder a los contenidos del inconciente.

 

Legalidad Inconciente

 

El inconciente tiene un modo de funcionamiento propio que se diferencia significativamente del modo de funcionamiento tanto de lo conciente como de lo preconciente. Ese funcionamiento está regido por una serie de leyes:

 

Una nueva formulación del aparato psíquico

 

Freud consideró que el modelo de aparto psíquico que había formulado, si bien le permitía dar cuenta de una importante serie de fenómenos psicológicos, no resultaba adecuado para explicar otros.

Entonces decidió desarrollar un segundo modelo del funcionamiento psicológico, conocido también como segunda tópica.

La formulación de este segundo modelo no invalida el primero sino que lo completa, y aumenta su capacidad para explicar el conjunto de fenómenos propios de nuestra vida psíquica.

Para aproximarnos al modo en que surgió en Freud la necesidad de elaborar esa segunda tópica, retomemos lo desarrollado en el primer modelo.

              Dijimos al referirnos al primer modelo que, "dando rodeos esas ideas de todos modos retornan a la conciencia". ¿De qué modo retornan? A través de las formaciones del inconciente: éstas son los sueños, los chistes, los actos fallidos; y en el caso de la patología, los síntomas".

Entonces los síntomas, los chistes, los actos fallidos y los sueños revelan el retorno de las ideas reprimidas a la conciencia, pero transformadas.

Ahora bien, cabe una pregunta: ¿de dónde parte la represión?

Siguiendo el primer modelo, tendríamos que decir que ella parte de la conciencia. Si fuese así, seríamos concientes de que estamos reprimiendo esas ideas, y eso no es lo que observa Freud, pues dice que la represión es inconciente. Para explicar este fenómeno –entre otros- debe recurrir al segundo modelo del funcionamiento psicológico.

El segundo modelo permite explicar mejor el origen de la represión. Veamos en qué consiste el segundo modelo del aparato psíquico o segunda tópica, que al igual que la primera está constituida por tres instancias.

              Definiremos cada una de las instancias a fin de comprender esta nueva formulación.

 

¿Qué es el Yo?

 

Yo es un pronombre que designa a la propia persona que habla; lo utiliza una persona para referirse a sí mismo. En el contexto de la Psicología Yo se utiliza para designar al hombre en tanto conciente de sí mismo.

En un primer momento -en la primera tópica- Freud utilizaba Yo como sinónimo de conciente. Pero luego fue precisando este concepto,  fue variando su significado. En la formulación de la segunda tópica el Yo posee una parte inconciente.

En la formulación de la segunda tópica, el Yo pone en contacto el mundo externo del individuo con su mundo interno. Por ejemplo, se encarga de regular el pasaje a la conciencia de los deseos inconcientes; no permite que aquello desalojado de la conciencia (reprimido) retorne y genere un conflicto. Tanto el ejercicio de la represión como de la resistencia no pueden ser concientes. Por lo tanto, el Yo posee partes concientes y partes inconcientes; estas últimas serán las encargadas de la represión y de la resistencia.

 

¿Qué es el Superyo?

 

Es la conciencia moral del individuo, es el regulador de lo que él puede (y debe) realizar y de aquello que le está prohibido llevar a cabo.

Cumple funciones de juez y censura al Yo. Podría decirse que en los primeros años de la vida de un niño quienes ejercen el papel de jueces y censores son los padres, a través del amor y del castigo que ejercen sobre sus comportamientos. Pero alcanzado un nivel del desarrollo estas prohibiciones que antes venían del exterior (de los padres) se interiorizan y es el propio niño el que comienza a juzgar y valorar sus propias conductas. Es precisamente en ese momento que comienza a constituirse el Superyo.

 

¿Qué es el Ello?

 

En el Ello se alojan los deseos, y la única ley que conocen es la de su cumplimiento o satisfacción. Justamente el Yo será quien posibilite o no el cumplimiento de esos deseos en la realidad.

Freud concibe la relación entre el yo y el ello de la siguiente manera:

"Así, (el yo) con relación al ello, se parece al jinete que debe enfrentar la fuerza superior del caballo, con la diferencia de que el jinete lo intenta con sus propias fuerzas, mientras que el yo lo hace con fuerzas prestadas. Este símil se extiende un poco más. Así como al jinete, si quiere permanecer sobre el caballo, a menudo no le queda otro remedio que conducirlo adonde este quiere ir, también el yo suele trasponer en acción la voluntad del ello como si fuera la suya propia".

Freud Sigmund, El yo y el ello, en Obras Completas, Volumen 19. Amorrortu editores, Buenos Aires, 1993.

 

De este modo, el nuevo modelo permite explicar de manera más adecuada el origen de la represión tal como lo habíamos anunciado.

 

El Psicoanálisis y la personalidad

 

Si bien es cierto que el tema psicológico de la personalidad va a ser desarrollado en la siguiente Unidad, de todos modos vamos a adelantar algunas ideas sobre el concepto desde la perspectiva de la teoría psicoanalítica. Esto permitirá comprender mejor y de manera más unificada lo que hemos venido desarrollando hasta aquí.

El segundo modelo de funcionamiento del psiquismo humano (segunda tópica), formulado por Freud en 1923 está ligado íntimamente al concepto de personalidad que sustenta la teoría psicoanalítica. Desde esta perspectiva, la personalidad está basada en la constitución y desarrollo de las relaciones entre las instancias psicológicas (Yo, Superyo y Ello). Investigando la historia individual de muchos hombres y comparándolas entre sí fue posible establecer ciertos estadios propios del desarrollo psicológico. Estos estadios o períodos son determinantes en la formación de la personalidad. Para la teoría psicoanalítica los primeros años de vida del individuo son momentos de suma importancia porque en ese período de la vida tienen lugar una serie de experiencias fundamentales en la constitución de la personalidad del individuo.

La personalidad se forma en función de las interacciones entre el bagaje biológico (hereditario y constitucional) y el bagaje psicológico (experiencias infantiles) del individuo. El bebé humano nace indefenso (no puede defenderse sólo, necesita de otro para procurarse alimento y manejarse mínimamente en el mundo), y esa particular situación original lo obliga a estar en contacto con otro adulto desde el comienzo mismo de su vida. Pero ese adulto -quien ya forma parte de una cultura- necesariamente va a acercar al bebé elementos propios de esa cultura. De modo tal que lo hereditario se interrelaciona desde el primer momento de la vida del ser humano con lo cultural. Esa interacción se va a constituir en un elemento decisivo para la personalidad futura del niño. Durante los años de su infancia el niño intentará conjugar los conflictos que se le plantean entre sus deseos personales y los valores sociales aceptables.

 

La sexualidad

 

Veamos ahora el modo particular en que Freud concibió la sexualidad. Como lo hemos señalado, la idea freudiana de sexualidad es un concepto central de la teoría y se relaciona con el concepto de inconciente.

Una diferencia básica entre sexualidad humana y sexualidad animal se desprende de la concepción freudiana.

La sexualidad animal está guiada por un instinto, mientras que la sexualidad humana está determinada por la pulsión sexual. A diferencia del instinto, la pulsión no posee un objeto predeterminado (para toda la especie) sino que se trata de un objeto singular que cambia de un individuo a otro.

Veamos las diferencias que el mismo Freud establece entre su concepto de sexualidad y las ideas populares al respecto vigentes en su época:

"La opinión popular tiene representaciones bien precisas acerca de la naturaleza y las propiedades de esta pulsión sexual. Faltaría en la infancia, advendría en la época de la pubertad y en conexión con el proceso de maduración que sobreviene en ella se exteriorizaría en las manifestaciones de atracción irrefrenable que un sexo ejerce sobre el otro y su meta sería la unión sexual o, al menos, las acciones que apuntan en esta dirección. Pero tenemos pleno fundamento para discernir en esas indicaciones un reflejo o copia muy infiel de la realidad, y si las miramos más de cerca, las vemos plagadas de errores, imprecisiones y conclusiones apresuradas."

Freud Sigmund, Tres ensayos de una teoría sexual, en Obras Completas, Volumen 7, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1995.

 

Freud señala en la cita el equívoco que sostiene el saber popular respecto de tres puntos que él considera claves acerca de la sexualidad humana. Se sostiene que la sexualidad está ausente en la infancia, se despierta recién en la pubertad y su finalidad es la cópula sexual con una pareja del otro sexo.

Por el contrario, Freud fundamentó que desde el momento de su nacimiento el bebé humano posee conductas sexuales, que la pubertad no marca la irrupción de la sexualidad sino un pasaje importante a una sexualidad cuyo placer es genital, y respecto del tercero sostiene que no siempre el fin sexual es genital y con el otro sexo.

Por tanto, es necesario subrayar que:

- Sexualidad no es sinónimo de genitalidad.

- La sexualidad es mucho más amplia que la genitalidad ya que incluye todas las experiencias placenteras. La sexualidad se define en relación con el placer. El placer genital es uno de los placeres posibles.

Así definida, la sexualidad está presente desde el primer segundo de vida de un individuo, y consecuentemente tendrá una evolución progresiva.

Freud denomina "evolución psicosexual" al desarrollo de la sexualidad. Esa evolución se divide en etapas, las cuales se fundamentan en dos conceptos: libido y zona erógena. Libido es la expresión de la pulsión sexual; se trata de una tendencia hacia el placer. Se denominan zonas erógenas a las zonas corporales que se constituyen en fuentes de excitación sexual.

La historia nos revela que el modo en que nuestra época se relaciona con la sexualidad es inédito, pues ella siempre fue una dimensión de la vida humana conflictiva. El modo en que las sociedades vivían la sexualidad fue cambiando. La experiencia que actualmente poseemos de la sexualidad comenzó a transformarse hacia finales del siglo pasado, y fundamentalmente a través de las investigaciones de científicos como Charcot, Havellock Ellis, Freud. Este último asentó sus ideas sobre los trastornos mentales en las causas sexuales y, como ya adelantamos, también produjo una ruptura radical respecto a la concepción de la sexualidad que sostenían los médicos de la época.

El Psicoanálisis es una corriente psicológica que no sólo elaboró teorías e hipótesis para explicar la vida psíquica humana, sino que además fue un método de investigación sobre las enfermedades mentales humanas (o sea que también es una psicoterapia).

Freud fue médico neurólogo y ello fue la causa principal de que partiera justamente de las enfermedades (patología) mentales para encontrar progresivamente fenómenos que correspondían también a la normalidad.

En ese recorrido desde la enfermedad a la normalidad, Freud se apoyó en conceptos que finalmente se constituyeron en pilares de su teoría: la sexualidad, el inconciente y la asociación libre e interpretación.

Estos conceptos, se articulan perfectamente en la labor clínica psicoanalítica (psicoterapia). Aquí corresponde decir que en la situación clínica coinciden la investigación con la terapéutica. En el contexto clínico el individuo es invitado a hablar de aquello que piensa o que siente, sin omitir nada (método o regla fundamental, denominada asociación libre). En ese discurso irán emergiendo expresiones del inconciente (llamadas formaciones del inconciente) a las cuales le encontrará cierto significado sobre el que trabajará el psicoanalista interpretando su sentido inconciente. Así puede afirmarse que el objetivo que persigue el psicoanálisis es hacer conciente lo inconciente.

 

 
 

 

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