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Comentario sobre el libro "El Proceso de la Civilización". Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas de Norbert Elías
En el conjunto de la obra de Norbert Elias puede apreciarse cierta constante que
explica en lo fundamental el interés investigador del sociólogo alemán: la
historia como desarrollo evolutivo e interdependiente sólo comprensible como
proceso en permanente transformación.
Elias, en la amplia introducción que acompaña a la edición alemana de 1968,
expone su deseo de contrarrestar la visión estático-estructuralista
predominante en los círculos sociológicos por aquel entonces, personificada
sobre todo en la obra de Talcott Parsons. Es fundamental, a su juicio, entender
la realidad actual a la vista de los procesos históricos que la han precedido,
haciendo hincapié en la necesidad de una sociología histórica alejada tanto
del historicismo simplificador como de una sociología centrada en el individuo
productor de ideas y constructor consciente de su medio externo o, por el
contrario, sobrevaloradora de las estructuras sociales en cuanto determinantes
de su personalidad. La
civilización como proceso
El concepto de civilización recoge, en opinión de Elias, la consciencia que el
individuo occidental adquiere de su superioridad científica y cultural sobre
las demás naciones, expresada fundamentalmente en sus modales, costumbres y
comportamiento. Elias aborda su estudio en cuanto supone una efectiva
transformación de las maneras, costumbres y hábitos del hombre medieval. Al
comparar diversos textos de distintos periodos históricos -fundamentalmente
tratados de buenos modales, comportamiento en la mesa, en el dormitorio,
necesidades corporales, relaciones entre hombres y mujeres y transformaciones en
la agresividad-, Elias observa un proceso de represión y privatización de los
sentimientos y de las pautas mediante las cuales se expresan los sentimientos,
un refinamiento elevado en las formas de comportamiento a la par que avanzamos
en el tiempo, así como una regulación de los modos de expresión de
necesidades respecto de los que en época medieval eran comúnmente aceptados.
Característica fundamental de este proceso es el autocontrol del comportamiento
social e individual: “a medida que avanza la civilización, cada vez se
diferencian de forma más clara en la vida de los hombres, una esfera íntima o
secreta y otra pública, con un comportamiento secreto y otro público”. De
igual forma, se toma conciencia de la distancia efectiva que separa al adulto
del niño como periodos vitales diferenciados (que apenas existía en la Edad
Media), puesto que esta contención de las emociones, a la que son ajenos los niños,
debe serles inculcada mediante preceptos y prohibiciones que, luego como
adultos, deberán mantener en el medio de sus relaciones sociales.
Esta evolución civilizatoria ni parte del caos y la carencia absoluta de normas
(“el ser humano sin restricciones es un fantasma”) ni se produce lineal e
inalterablemente. Se da en la medida en que la posición social
-fundamentalmente de los cortesanos- exige de éstos “una modelación del
comportamiento que la vida caballeresca no consideraba necesaria ni posible.
(...) En la convivencia ha de orientar su comportamiento según el grado y la
posición social de cada uno”.
Especialmente importante en este proceso civilizatorio apuntado por Elias es la
transformación de la agresividad y su contención, a la par que el poder
central va asumiendo para sí el monopolio de la violencia y la cada vez mayor
complejidad de las relaciones sociales va exigiendo una modelación progresiva
del comportamiento. De la
sociedad feudal a la monarquía absoluta
Al referirse a las transformaciones sociales y políticas que conducen, desde la
sociedad medieval, a la constitución y establecimiento de un orden social jerárquico
culminado por el monarca en el periodo absolutista, Elias aborda en primer lugar
el proceso de feudalización, que supone la descentralización del poder y la
disgregación en la posesión de la tierra: “la retribución obligada de los
guerreros y de los funcionarios con tierras, la necesaria reducción de las
propiedades reales en tanto no tuvieran lugar nuevas expediciones de conquista,
las tendencias a la debilitación del poder central en las épocas de paz,
constituyen procesos sociales dentro del general de la feudalización”. El
funcionamiento de una economía natural es, en opinión de Elias, fundamental
para comprender el proceso citado, ya que ésta se basa en la inexistencia de
división social del trabajo y en que la producción y el consumo tienen lugar
prácticamente de modo inmediato, sin intermediarios; lo cual posibilita un alto
grado de autarquía económica local. Es decir, que la tierra que el rey entrega
a sus súbditos como recompensa por sus servicios en los periodos de guerra
facilita la independencia de éstos en época de paz.
A partir de esta situación, Elias señala varios elementos clave que explican
el posterior proceso hacia el absolutismo, su génesis social. El primero de
ellos es el aumento demográfico que tiene lugar en Europa tras el fin de las
invasiones exteriores: la tierra se vuelve escasa; el estamento guerrero crece
en la misma proporción que la clase de los siervos, lo que les obliga a buscar
tierras en otros países (las cruzadas serían también una consecuencia de
ello). Como quiera que “la actividad militar, los afanes políticos y económicos,
son en gran medida coincidentes y el anhelo de conseguir una riqueza mayor bajo
la forma de propiedad territorial es idéntico al anhelo de aumentar la esfera
de poder señorial, de la soberanía y al intento de aumentar el poderío
militar”, la lucha por la posición de la tierra marcará el proceso posterior
que conducirá finalmente a la consolidación de un poder central fuerte basado
en la recuperación territorial por medio de las luchas y el poder militar.
Otra circunstancia a considerar es la expansión interna de la sociedad,
alentada por el crecimiento demográfico y la escasez de tierras. Como
consecuencia, se producen los primeros asentamientos artesanos y de comunas
urbanas como un intento de organización social no dependiente del suelo sino
del trabajo. Pero ello exige primeramente el paso de una economía natural,
autosuficiente, a otra de intercambio, es decir, a una economía monetaria; como
afirma Elias: “el dinero es necesario cuando, dentro de una sociedad de
intercambio, se constituyen cadenas más largas, esto es, cuando se da una
cierta densidad de población, una imbricación social mayor y mayor
diferenciación”. Pero una economía de intercambio precisa también de una
red de transporte que la haga factible, lo que sucede gracias tanto a la invención
de medios de transporte más veloces como a la construcción de redes seguras y
bien comunicadas, sólo garantizadas por un poder central fuerte.
Uno de los aspectos más importantes en el proceso de constitución del Estado
absoluto es lo que Elias denomina el mecanismo del monopolio, entendiendo por
mecanismo no un desarrollo determinado e invariable, como podría entenderse de
dicho término, sino un proceso que “va construyéndose lentamente (...) en el
curso de la dinámica de relaciones, esto es, en razón de una necesidad
determinada de las estructuras de relaciones, de los intereses y acciones en un
denso entramado”. En este proceso pueden apreciarse dos fases fundamentales:
una primera, en la que tiene lugar la acumulación de la propiedad de la tierra
y del poder militar y económico (periodo de elevada competencia y rivalidad que
termina con la recuperación del poder real en una sola mano) y una segunda
fase, en la que se constituye un monopolio público en sí, que acaba convirtiéndose
en “una función del entramado de seres interdependientes”, mecanismo que sólo
puede darse en sociedades que tienen una compleja división de funciones. Pero
desde el momento en que el rey recupera su antiguo poder militar y económico
hasta la constitución de un estado absolutista de poder personal, hay una larga
transformación que comprende, primero, la constitución de un poder central
apoyado en la diversidad de intereses que existen en el conjunto social (en
busca de un equilibrio que justifique su propia existencia) y, segundo, la
instauración de un monopolio fiscal que garantice la capacidad de acción y
decisión de este poder fuertemente centralizado. Es en el análisis de este
largo desarrollo, a mi juicio, donde el trabajo de Elias se muestra más sólido,
configurando la sociología histórica como una sociología interdisciplinar que
tiene su razón de ser no sólo en los grandes hitos y nombres de la historia,
sino en una realidad social, económica y política que debe ser comprendida
como un complejo de relaciones, intereses, perspectivas y hechos absolutamente
imbricados unos con otros. La
modelación del comportamiento
Como transformación originariamente propia de la nobleza cortesana, Elias
considera importante concretar primero el proceso de regulación estricta del
comportamiento que observa el guerrero medieval conforme se va convirtiendo en
noble de la corte, una vez perdidas su antigua posición y sus propiedades,
obligado a recuperar su antiguo prestigio dentro de un intrincado haz de
relaciones y dependencias, donde la autocoacción y la previsión son
imprescindibles para conservar cierto nivel de vida y de prestigio social. Este
proceso lo resume Elias en dos momentos básicos: la psicologización y la
racionalización: “El sistema emotivo del individuo se transforma de acuerdo
con los cambios de la sociedad y la transformación de las relaciones
interhumanas. (...) En el individuo se convierte en costumbre la capacidad de
prever las consecuencias de prolongadas cadenas de acciones. (...) La imagen que
el individuo tiene del individuo se hace más matizada, más libre de emociones
momentáneas, es decir, se psicologiza”. Estos dos momentos básicos del
proceso civilizatorio se descubren con claridad en el campo afectivo del
comportamiento humano, básicamente a través de dos emociones: las sensaciones
de vergüenza y de desagrado. La teoría
del proceso de civilización
Para finalizar, Elias trata de integrar todos los elementos empíricos y teóricos
anteriormente expuestos en una amplia teoría del proceso civilizatorio. En esta
última parte, el autor se muestra especialmente interesado en los procesos psíquicos
de autocontrol automático, elemento fundamental de dicha evolución, y en las
consecuencias de tal transformación, haciendo hincapié en los aspectos
anteriormente señalados que la originan: la constitución de instituciones de
monopolio de la violencia física y de la recaudación fiscal, la estabilidad
creciente de los órganos centrales y la progresiva división de funciones y
ampliación de interdependencias que afectan a los individuos.
Sin embargo, para Elias este proceso aún no ha culminado. Siguen existiendo
procesos de interdependencia intra e interestatales cuya dirección va
encaminada hacia una situación monopolista sin organizar que ejerce funciones
de equilibrio y control en una sociedad altamente dividida y segmentada. A modo
de resumen
Cabe observar en este trabajo de Norbert Elias varios puntos fundamentales que
definen esencialmente su posición de investigador y sociólogo, y que podrían
condensarse en los siguientes:
En primer lugar, su concepción del desarrollo histórico como proceso no
intencional, consecuencia de relaciones y acciones conscientes pero con
resultados no previstos. Los individuos, que en sus acciones se guían por
deseos y fines expresos, pero que se desenvuelven en un contexto complejo
marcado por múltiples intereses y perspectivas, establecen entre ellos un
entramado de relaciones y conexiones que, inevitablemente, al imbricarse unas
con otras, conforman otros procesos y situaciones no requeridos explícitamente
por nadie, pero que son afectados por la voluntad de todos. Además, este
proceso evolutivo tiene una dirección determinada: no es lineal, como se
encarga de recordar repetidamente Elias, pero no por ello carece de sentido. El
abandono de una historiografía simplista y de una sociología de los sistemas
es indispensable, a su juicio, para comprender esta transformación no sólo en
su constitución, sino también en su proyección sobre la realidad presente,
como parte de un proceso que todavía no ha llegado a su conclusión. Sin
embargo, a pesar de que este proceso parece situarse por encima de la voluntad
humana -la cual, aunque producto de la misma, supera-, Elias observa que el
individuo puede en el presente actuar sobre el mismo hasta determinar su dirección,
y ello, de acuerdo con las perspectivas de la sociología del conocimiento, a
través de la conciencia de sí mismo: “el hombre es consciente de cómo se
produce su consciencia, sus ideas, y actúa”.
En segundo lugar, expone la importancia de no obviar la interconexión entre
individuo y sociedad, de manera que sólo mediante un análisis comprensivo de
la dependencia que se da entre ambos pueden entenderse en su complejidad los
mecanismos que guían el desarrollo de la evolución humana.
En tercer lugar, es destacable su análisis de las formas de comportamiento y de
los hábitos de conducta en conexión con los procesos de transformación de las
estructuras sociales y de las posiciones de poder en las sociedades occidentales1.
Esta modificación, entendida como progresiva autocoacción y represión de los
impulsos y de las emociones, actúa a la vez sobre las relaciones entre los
individuos, y exige asimismo la psicologización de mecanismos rechazo y repulsa
hacia aquellas actitudes y conductas contrarias a las pautas ya establecidas; el
monopolio del estado sobre la violencia posibilita también que el miedo externo
a la conducta ajena se convierta en miedo a las consecuencias de la relación
social, a la pérdida de prestigio y poder, o a la incapacidad de mostrar un
comportamiento propio de acuerdo con lo que cada situación concreta exige. La
contracción que en la actualidad puede apreciarse respecto a la relajación de
normas y costumbres que se observa en algunos comportamientos, aparece matizado
por Elias con el argumento de que el proceso civilizatorio no es lineal, y que
por tanto se generan espacios de tiempo de cierta transición, donde de los códigos
de comportamiento se flexibilizan. Pese a ello, Elias entiende que, en lo
substancial, la contención de los impulsos sigue vigente en nuestros días, así
como los procesos de monopolio resultantes de la división y complejidad social.
NOTAS 1.
Conviene señalar que Elias se centra casi en exclusiva en el proceso francés,
lo cual desvirtúa en gran medida su pretensión de dar un sentido universal a
dicho proceso; no en vano, este trabajo ha sido en calificado por algunos como
demasiado parcial y etnocentrista. BIBLIOGRAFÍA
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webmaster: Marcelo Adrián Fuentes |
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