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LA CONCLUSIÓN DE LA INVESTIGACIÓN 1.
El análisis
de los datos
La información procesada según vimos en el capítulo anterior tiene un valor
inestimable: de ella dependerá, por cierto, que puedan o no resolverse las
preguntas iniciales formuladas por el investigador. Pero, no obstante, esa
información no nos “habla”, por sí misma, no es capaz por sí sola de
damos las respuestas deseadas hasta tanto no se efectúe sobre ella un trabajo
de análisis e interpretación. Desde un punto de vista lógico, analizar
significa descomponer un todo en sus partes constitutivas para su más
concienzudo examen; la actividad opuesta y complementaria a ésta es la llamada
síntesis, que consiste en explorar las relaciones entre las partes estudiadas y
proceder a reconstruir la totalidad inicial. Lo dicho tiene aplicación directa
en la metodología de investigación: si nuestro objeto es siempre una totalidad
(por más que también pueda decirse que es parte de un todo mayor) integrada
con sus propias leyes y su propia estructura interior, los datos, en ese
sentido, no son más que sus elementos integrantes, las partes aisladas que sólo
cobran sentido por la síntesis que pueda integrarlos. El procesamiento implica
ya un agrupamiento de los mismos en unidades coherentes; estas unidades,
entonces, necesitarán de un estudio minucioso de su significado y de sus
relaciones, para que puedan así luego ser sintetizadas en una globalidad mayor.
Estas tareas constituyen, por lo tanto, las necesarias últimas etapas del
trabajo y son fundamentales, por cuanto sin ellas sería imposible encontrar un
sentido a toda la labor previamente realizada. El análisis de los datos no es una tarea que se improvisa, como si recién comenzara a pensarse en él luego de terminar de procesar todos los datos. Por el contrario, el análisis surge más del marco teórico trazado que de los datos concretos obtenidos (en cuanto a su estructura y pautas generales), y todo investigador que domine se tema y trabajo con rigurosidad deberá tener una idea precisa de cuáles serán los lineamientos principales del mismo antes de comenzar a recolectar datos. Se podrá definir así, con suficiente antelación, qué datos serán capaces de rechazar o afirmar una hipótesis, qué resultados indicarán una u otra conclusión. Esta actividad, llamada por algunos autores análisis anticipado, es fundamental para evitar sorpresas lamentables, como por ejemplo la de encontrarse con que no tenemos suficientes datos al final del procesamiento, o de que los que poseemos no nos sirven en realidad de mucho. Para desarrollar la tarea analítica hay que tomar cada uno de los datos o conjuntos homogéneos de datos obtenidos, interrogándonos acerca de su significado, explorándolos y examinándolos mediante todos los métodos conocidos, en un trabajo que requiere paciencia y minuciosidad. De acuerdo al tipo de dato que se esté analizando se procederá de un modo u otro, según técnicas y procedimientos que inmediatamente veremos. 1.1.
Datos
cuantitativos Este tipo de operación se efectúa, naturalmente, con toda la información numérica resultante de la investigación. Esta, luego del procedimiento sufrido, se nos presentará como un conjunto de cuadros, tablas y medidas, a las cuales habrá que pasar en limpio, calculando sus porcentajes y otorgándoles forma definitiva. Para cada cuadro que se haya obtenido será preciso evaluar el comportamiento de cada variable que aparezca en él, precisando la forma en que actúa individualmente. Luego se observarán las relaciones que pueden percibirse entre una y otra variable, si el cuadro es de doble entrada, tratando de precisar la forma en que una afecta a la otra. Si se trata de un cuadro de tres variables será conveniente examinar primero los valores totales, pues en ellos se ve el funcionamiento de cada variable como un todo, para luego pasar a confrontar, por pares, las influencias que parecen existir entre variables. Daremos a continuación un sencillo ejemplo de un cuadro de doble entrada:
¿Qué observarnos aquí? Tomemos en primer lugar la variable dependiente como
un conjunto: vemos que la mayoría de los entrevistados está a favor de X,
aunque existe un porcentaje nada despreciable que se expresa en contra. La
proporción de respuestas favorables supera, sin embargo, la mitad del total. Si
analizamos ahora las opiniones vertidas de acuerdo a su distribución según
sexo (variable independiente) veremos que: a) para las respuestas favorables
existe un porcentaje similar tanto entre los hombres como entre las mujeres (52
y 53 por ciento, respectivamente) ; b) las respuestas contrarias a X son
sensiblemente mayores entre las mujeres; c) ello obedece a que, entre la parte
masculina de la muestra, son mucho mayores las personas que no responden, tal
vez por no tener una posición definida frente al problema. Tomando las mujeres
como conjunto diremos que la mayoría de ellas están a favor, aunque el porcentaje
en contra de X es casi tan grande como el otro: 46 frente a 53 por ciento. Entre
los hombres, en cambio, si bien se mantienen proporciones semejantes de
respuestas favorables, el porcentaje en contra es menor por aumentar aquí,
relativamente, la proporción de quienes no se definen.
Como verá el lector lo que hemos hecho no es más que una simple relación, una
descripción detallada, de todo lo que puede verse en el cuadro. Este es un
ejemplo idealmente simple, y en él nos ha interesado mostrar más el
procedimiento a emplear que hacer un verdadero análisis del cuadro, por eso
nuestro análisis no se remonta más que a lo simplemente apreciable a primera
vista. Para efectuar un auténtico trabajo de análisis sería previamente
indispensable conocer con exactitud el marco teórico de la investigación, lo
que equivale a decir el por qué de haber obtenido los datos referidos. Sólo a
la luz de esos supuestos teóricos es que los datos cobran un sentido pleno y,
por lo tanto, puede realizarse un análisis profundo y significativo de los
datos obtenidos. En la práctica, es corriente encontrar que el análisis estadístico
se hace mucho más complejo; no creemos adecuado desarrollar las técnicas matemáticas
y lógicas de análisis más allá de unas indicaciones generales, pero el
lector interesado podrá consultar con provecho las obras de especialistas en la
materia, como Paul F. Lasarsfeld, J. Galtung y otros.
Siguiendo con el proceso analítico diremos que es preciso calcular, cuando se
trata de datos obtenidos a partir de muestras, los niveles de significación de
las diferencias que aparecen entre porcentajes o entre promedios. Pueden
aparecer diferencias entre porcentajes que sólo pueden atribuirse, estadística-
mente, a errores muestrales, por lo que antes de afirmar algo es preciso conocer
los límites dentro de los cuales estas diferencias son estadísticamente
significativas.
Cuando ya se hayan hecho todas estas actividades el análisis de las cifras, en
un sentido estricto; habrá concluido. Antes de pasar a la labor de síntesis es
necesario registrar por escrito todos los hallazgos del análisis, para cada
cuadro examinado. A partir de ellos es que se podrán extraer conclusiones más
generales, por lo que no conviene dejarlos sin registrar. 1.2.
Datos cualitativos Se refiere al que procedemos a hacer con la información de tipo verbal que, de un modo general, aparece en fichas. Una vez clasificadas éstas, tal como referíamos en (LOS DATOS Y SU PROCESAMIENTO 5.), es preciso tomar cada uno de los grupos formados para analizarlos. El análisis se efectúa cotejando los datos que se refieren a un mismo aspecto y tratando de evaluar la fiabilidad de cada información. Si los datos, al ser comparados, no arrojan ninguna discrepancia seria, y si cubren todos los aspectos previamente requeridos, habrá que tratar de expresar lo que ellos nos dicen redactando una pequeña nota donde se sintericen los hallazgos. Si, en cambio, las fichas aportan ideas o datos divergentes será preciso primeramente determinar, mediante la revisión del material, si se ha cometido algún error en la recolección. Si no ha sido así será necesario ver si la discrepancia se origina en un problema de opiniones o posiciones contrapuestas o si, por el contrario, obedece a alguna manera diferente de categorizar los datos o a errores de las propias fuentes que estamos citando. En todo caso será conveniente evaluar el grado de confianza que merece cada fuente, teniendo en cuenta su seriedad, sus antecedentes y referencias, y toda otra información que pueda resultar de valor al respecto. Ya adoptada una posición frente a las discrepancias encontradas será el momento de pasar a registrar los hallazgos, nuestras opiniones personales, etc., con lo cuál estaremos en condiciones de pasar a hacer la síntesis. 2.
La síntesis Con la síntesis e interpretación final de todos los datos ya analizados previamente puede decirse que se cierra el proceso de investigación, aunque teniendo en cuenta que la misma, considerada como intento de obtención de conocimientos, es siempre una tarea inacabada, que debe continuar por fuerza en otras investigaciones concretas (ver los puntos 3.1 y 3.2). Sintetizar
es recomponer lo que el análisis ha separado, integrar todas las conclusiones y
análisis parciales en un conjunto coherente que cobra sentido pleno,
precisamente, al integrarse como
un todo único. La síntesis es, pues, la conclusión final, el resultado
aparentemente simple pero que engloba dentro de sí a todo el cúmulo de
apreciaciones que se han venido haciendo a lo largo del trabajo, y que sólo
puede ser interpretado cabalmente según los lineamientos del marco teórico, de
acuerdo a los interrogantes y los objetivos planteados al comenzar .
Para alcanzar este resultado se deben tomar en consideración todas las
informaciones analizadas, utilizando para ello las notas ya elaboradas donde se
manifiestan los hallazgos hechos.
En el caso de cuadros estadísticos se procederá a comparar los hallazgos de
cada cuadro con los de otros que tengan relación con ese. De este modo se irán
obteniendo conclusiones cada vez menos parciales, que abarcarán cada vez más
datos. Se podrán confeccionar cuadros resumen, que sinteticen la información más
importante que se halla dispersa en otros, para poder presentar un panorama más
claro a nuestros lectores. Se procederá, sólo entonces, a extraer las
conclusiones finales, que reflejen el comportamiento global de las variables de
interés. En función de ellas redactaremos nuestra síntesis, lo que conviene
hacer primero escuetamente, anotando sólo lo esencial. Esta primera síntesis
debe ser ordenada y precisa, para lo cual podrá ser conveniente numerar
nuestras conclusiones correlativamente, teniendo presente el planteamiento
inicial del trabajo.
Para el caso de los datos secundarios se ha de proceder como si se tratara de
componer o montar el trabajo general, a partir de los elementos parciales de que
disponemos. Es una labor eminentemente constructiva, que ha de hacerse
parcialmente, para cada punto o capítulo, viendo qué se puede afirmar en cada
caso, de qué elementos de apoyo disponemos y cuáles son las conclusiones del
caso.
Será aconsejable, también, para esta información bibliográfica, redactar
conclusiones esquemáticamente, primero en forma parcial y luego cada vez más
amplias, hasta llegar a elaborar la síntesis final del trabajo. Para ello es
necesario que observemos la correspondencia de cada uno de los puntos ya
analizados, observando en qué medida se complementan u oponen, y de qué modo
pueden ser organizados en un conjunto coherente. Resta,
luego de todo lo anterior, proceder a redactar el informe de la investigación.
Pasaremos ahora a ver algunos aspectos esenciales de esta última tarea. 3.
La exposición de la investigación
Es una característica importante de toda la actividad científica poner al
alcance de la comunidad científica -y por supuesto del público en general- los
avances realizados en cada rama del saber. Esto sólo se logra publicando en
forma ordenada trabajos que permitan comprender la naturaleza y objetivos de
cada investigación y las conclusiones a las que se ha arribado. Por lo tanto
podemos decir que la redacción del informe final, que es el instrumento que
cumplimenta este objetivo, no es una mera formalidad de realización casual o
aleatoria, sino una parte constitutiva de todo el trabajo científico.
No debe pensarse que la estructura de dicho informe reproduce los pasos que el
investigador ha dado en el curso de su trabajo, en su orden y progresión. No,
la lógica que conduce la investigación admite un planteamiento flexible, con
frecuentes interrupciones, vueltas atrás e inevitables errores.
El informe, en cambio, debe poseer su propia lógica interior, presentando clara
y ordenadamente los resultados del trabajo, y debe tener una estructura tal que
permita su comprensión sin mayores dificultades. Es corriente al respecto que
se hable de la diferencia entre un método de investigación y un método
expositivo aunque en este último caso la palabra método no parece totalmente
adecuada, por las confusiones que puede acarrear. En todo caso lo importante es
reconocer que el camino que sigue la investigación no puede ser el mismo que la
forma o estructura de la exposición de sus resultados. La información que habrá
de presentarse debe estructurarse de tal manera que dé la sensación al lector
de estar ante una ordenada secuencia lógica, haciendo que los hechos se
encadenen entre sí y tratando de organizarlos de un modo coherente, sin
fracturas.
El contenido del informe de investigación no puede ser fijado de modo esquemático
para todos los casos, aunque hay algunos elementos que deben necesariamente
estar presentes para no afectar la seriedad del trabajo. Ellos son, básicamente,
los que permitan precisar los objetivos y el sentido de la investigación, el método
utilizado, las matrices teóricas en que se inscribe y las fuentes y los hechos
que nos permitan arribar a determinadas conclusiones.
En virtud de lo anterior puede esquematizarse la exposición de la investigación
en tres secciones diferenciadas: 1)
Una sección preliminar donde aparecen los propósitos de la obra, donde se pasa
revista a los conocimientos actuales sobre la materia y se definen las
principales líneas del tema a desarrollar. Junto con este material se agrupan
generalmente justificaciones respecto a la importancia del tema elegido y otros
planteamientos similares, y todo ello se incluye en la introducción del
trabajo. También en esta primera parte aparecen generalmente dedicatorias,
agradecimientos, exposiciones sobre hechos particulares que rodearon al trabajo
y, eventualmente, el índice general. 2)
El cuerpo central del informe donde se desarrolla propiamente el tema, se
exponen en detalle las consideraciones teóricas que guían la investigación,
se exhiben los hallazgos que se han hecho, analizándolos e interpretándolos.
Consta generalmente de varios capítulos que se van orientando de tal modo que
las transiciones entre uno y otro sean mínimas, y que se en- lazan de acuerdo
aun orden general de exposición. Este puede ir de lo más general hacia lo más
particular, 0 desde lo más abstracto a lo más concreto, o inclusive puede
adoptar formas distintas y hasta opuestas. Lo importante en todo caso es que se
alcance la mínima y necesaria coherencia que permita integrar ala obra como un
todo orgánico ya partir de la cual se pueda reconstruir la realidad en su
unidad y multiplicidad. Esta es la parte más larga de la obra y debe
corresponder al desenvolvimiento anunciado ya en la introducción. 3)
Una sección final donde se incluyen la síntesis o conclusiones generales del
trabajo, el índice o índices dé la obra y los anexos o apéndices. En estos
anexos aparecen algunos de los cuadros estadísticos, mapas, textos completos
que sería incómodo interpolar en el informe, y todo otro material que por su
extensión o sus características deba figurar en él, pero que fatigaría al
lector si se lo intercalase en su desarrollo. Algunos autores dejan para esta
parte final las citas bibliográficas, que otros prefieren colocar al pie de página.
Por supuesto que la estructura concreta de cada obra varía de acuerdo a la
extensión de la misma, al tema tratado, ya la metodología empleada en la
investigación. Las obras cortas tienen esquemas más simples, ya veces no se
dividen en capítulos sino en tres o cuatro partes, ver
gráfico: 1) Introducción; 2) Análisis de los datos; 3) Síntesis;
4) Anexos. Las obras mayores presentan siempre una estructura articulada de capítulos,
que admiten a su vez divisiones menores en puntos y subpuntos. En cuanto a los
temas podemos decir que algunos de ellos requieren de mayor desarrollo metodológico
que otros, o de una presentación más analítica, más sintética, etcétera.
Si la metodología utilizada ha sido uno de los problemas principales a resolver
(por las dificultades encontradas), o si es original, poco usada, etc., conviene
desarrollarla separadamente, como un capítulo especial. En caso contrario podrá
incluirse como un aspecto más a tratar en la introducción. También es
preciso tener en cuenta el lector medio hacia el cual pensamos dirigirnos para
delinear un lenguaje y una forma de presentación adecuados a cada
circunstancia, especialmente en cuanto a la exposición de los aspectos más técnicos
del trabajo. Por último queremos decir que no existe una sola forma correcta de presentar un trabajo; según el estilo y la preferencia de cada autor será posible organizar esquemas diferentes. Todos son válidos, creemos, si son completos, rigurosamente ordenados y facilitadores de la lectura y comprensión. 4.
Recomendaciones sobre la redacción del informe
Resulta difícil, al respecto, tratar de formular procedimientos o técnicas que
resuelvan esta tarea, pues no se trata de una actividad mecánica sino
esencialmente creadora.
Algunas observaciones prácticas al respecto corresponden a problemas puramente
gramaticales, que no es del caso explanar aquí, pues son comunes a la expresión
escrita en general. No obstante, como fruto de la experiencia concreta, creemos
pertinente hacer algunas recomendaciones que aconsejamos seguir a quienes no están
demasiado familiarizados con tal tarea. Ellas son:
a)
No tratar de redactar el trabajo de primera intención: muy pocas personas
tienen la habilidad y el suficiente dominio del idioma como para redactar
prolijamente un informe
-sobre un tema más o menos
complejo- sin apelar a borradores, múltiples correcciones y diversos ensayos.
Pretender eludir esta tarea puede resultar, en casi todos los casos, algo
frustrante. Por eso aconsejamos que, como primer paso, se intente una redacción
provisional, en la que la preocupación central no va a resultar la forma sino
el hecho de que aparezcan todos los aspectos a exponer, preferiblemente con
claridad y sencillez. Después de un cierto tiempo -que permite tomar algo de
distancia con lo escrito- conviene retomar lo ya hecho, revisarlo y emprender
una nueva redacción, que habrá de ser más cuidadosa y donde nos preocuparemos
más por la forma, el estilo y la corrección gramatical. Esta labor puede ser
ejecutada dos, tres, cuatro o más veces, según las dificultades que se
encuentren, hasta que podamos encontramos satisfechos con lo alcanzado.
b)
No tratar de seguir un orden rígido en la redacción: no existe ninguna
necesidad, ni teórica ni práctica, de que la redacción siga el mismo orden
que el informe. Probablemente haya en el trabajo algunos aspectos que, antes de
la finalización del mismo, ya puedan adoptar una forma definitiva; puede haber
otros que, aunque situados al comienzo del informe, deban esperar algo más para
ser redactados en forma completa y acabada. En este sentido la experiencia
indica que la rigidez sólo constituye una pérdida de esfuerzo y de tiempo. Por
ejemplo, la Introducción de un estudio suele ser escrita después que el resto
del informe, pues resulta más sencillo hacerlo cuando se tiene a la vista todo
el resto de lo escrito.
c)
Cuidar minuciosamente la lógica interna: redactar bien no es sólo una tarea
gramatical sino, y casi podríamos decir fundamentalmente, un trabajo de lógica
aplicada. Sólo lo que se tiene claro en el intelecto puede ser llevado a la
palabra con claridad. Podríamos decir que, sin una redacción lógicamente
consistente, un trabajo científico se desmerece seriamente, pues arroja dudas
acerca de la propia capacidad de razonamiento del autor.
d) Emplear un lenguaje adecuado al tema: un informe de investigación debe poder ser comprendido por cualquier lector que posea la mínima base teórica necesaria. Por lo tanto debe expresarse en forma clara y sencilla, directa, omitiendo pasajes confusos, demasiado extensos, oraciones que pueden interpretarse en más de un sentido, etcétera. Lo estético en la ciencia es la claridad y la precisión, no la oscuridad o la vaguedad en el lenguaje. Por último queremos recalcar que nunca se debe tratar de impresionar al lector mediante la utilización de términos grandilocuentes o expresiones rebuscadas. La idea más complicada que pueda concebirse admite siempre una exposición sencilla, pues la oscuridad en la expresión es casi siempre efecto de la confusión mental. Quien trata de sorprender o impactar a los lectores cuando escribe demuestra ser un pobre científico, y arroja sobre sí la sospecha de su poca capacidad como investigador.
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webmaster: Marcelo Adrián Fuentes |
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